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ARTISTA:
HAN SU MI
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ENTERTAINMENT
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DORAMA:
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DEBUT:
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ARTISTA:
HWAN TAE JOON
MYP ENTERTAINMENT 1445 PUNTOS CONSEGUIDOS
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por Byun Ae Ra el Mar 01 Mayo 2018, 23:03


cinco de mayo.

Le había hablado maravillas. Alabado cada detalle del hombre que le había sido incapaz de no imaginárselo en un pedestal, con una aureola rodeándole la cabeza, emanando un brillo equivalente al celestial. De las escasas ocasiones en la que su madre se había tomado la molestia de llamarla —que no fuera para algún favor u orden—, Aera se encontró infinitamente sorprendida de que el motivo era para contarle de aquel muchacho sinigual por el cual, su madre tiraba flores a diestra y siniestra. Incluyendo, pequeños comentarios que iban en la línea de la joven con quien se comprometa será la más afortunada del mundo y cosas por el estilo que la hacían pensar más de lo normal acerca de los propósitos de esa cena. Preguntar no sirvió de nada, pues la astuta señora Byun se había encargado de rechazar directamente esa propuesta con un simple «solo queremos invitarlo a cenar por el duro esfuerzo que ha colocado en la nueva campaña de la compañía», lo que hizo que Aera inmediatamente pensara que debía ser algún productor, periodista o fotógrafo encargado del nuevo proyecto en que sus padres se encontraban involucrados. De todas formas, debido a los pedidos de su progenitora y dado que tenía cierta deuda a favor de la matriarca, se había colocado su mejor vestido de noche. Ribetes, escotes, seda traslucida, un toque exuberante en los labios y un exquisito perfume que costaba más de mil wons —cortesía de su progenitora—, se había enjutado en un delicado vestido dispuesta a fungir como la mayor de las hermanas Byun y futura heredera de lo que no le interesaba pero fingía interesarle (motivo por el cuál su padre creía pertinente casarla con un buen hombre de negocios, idea que repudiaba más que cualquier otra cosa en su vida).

Haciendo gala de la puntualidad que la caracterizaba, a las ocho en punto de la noche se presentó en la mansión de los Byun. El saludo maravillado del viejo mayordomo (él mismo que la había malcriado desde que era una criatura), recibió de su parte una sonrisa y un rápido abrazo, antes de que le indicara que sus padres todavía no habían hecho su aparición —típico—, pero que pronto llegarían—. ¿Y el invitado? —inquirió curiosa, queriendo echarle el ojo de una vez para ver si era tan fabuloso como su madre lo describió. Sin embargo, para su completa decepción, el hombre le comentó que era la primera en llegar. Desanimada por no poder satisfacer su curiosidad, asintió, indicándole al mayordomo que esperaría en el comedor por la aparición de los tres restantes. Suspirando para sus adentros ante la espera, se dirigió a la estancia. Los cubiertos y demás utensilios de pulcra losa estaban acomodados en una mesa en la cual existían catorce asientos, las dos cabeceras dispuestas para el señor y la señora de la casa. Tomó el asiento de la mitad, desinteresada por sentarse cerca de sus padres y pidió una copa de vino tinto a una de las jóvenes que trabajaban ahí.

No supo cuántos minutos pasaron hasta que el mayordomo avisó un invitado y Aera se levantó de la silla, se colgó una sonrisa amable y completamente brillante, cruzando los dedos de los pies —enjutados en unos tacones de doce centímetros—, para que fuera el famoso caballero.


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por Ha Dong Jae el Jue 03 Mayo 2018, 03:39


Cinco de mayo.

Dongjae había marcado aquel día en el calendario como el día en el que por fin obtendría su venganza en contra de la persona que se encargaba de arruinarle la vida todos los días. Porque no había una mejor manera de describirlo; Byun Ae Ra era una arruinavidas y de todas las vidas existentes en ese planeta tenía que precisamente joder la suya. Dongjae se había sentido como la persona más malvada e inteligente del mundo al no haberle dicho que trabajaría con sus padres, y que era él de quién sus padres hablaban tan cariñosamente.

Cuando lo invitaron a cenar antes de que se diera la noticia de que era la nueva cara de Samsung, vio su oportunidad. Aera no sabía nada, a pesar de que tenía que estar detrás de él, nunca había mencionado nada referente a su contrato con Samsung, simplemente hablaba de su nuevo proyecto. También había sido cuidadoso de no delatarse frente a sus padres, cuando estos le contaban de sus hijas con una sonrisa de oreja a oreja. La visión que los padres tenían sobre la hermana mayor era sin ninguna duda, errónea. Nunca le habían dicho que estaban orgullosos de ella, pero si le hablaban de sus buenas características, como ser bonita, graduada de la universidad, inteligente y talentosa. De la menor, no hablaban demasiado más que se esforzaba. El muchacho tampoco preguntó.

Se puso su mejor traje, pues sabía lo mucho que la señora Byun adoraba a un hombre bien vestido, se peinó el cabello por detrás y utilizó el perfume preferido del señor Byun. Dongjae era un actor, pero también tenía un talento innato para los negocios y agradarle a todo el mundo, incluso las personas más difíciles. Llegó a la mansión de sus contratantes y fue recibido por una empleada, a la cuál saludó con una sonrisa antes de que lo guiara por el hall y un una amplia sala hasta llegar al comedor.

Lo primero que notó fue el enorme candelabro iluminando al estancia, donde una mesa para catorce personas era impotente. Y después sus ojos se clavaron en los de Aera y no pudo evitar esbozar una sonrisa. —Buenas noches, señorita Byun. —la saludó con educación antes de acercarse a la silla que el mayordomo le señalaba como suya. Sin embargo, no sentó, se dedicó a mirar a la muchacha porque quería ver cómo la muchacha reaccionaba. Y de repente, se sintió un monstruo cruel, pero ella se lo tenía merecido.
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por Byun Ae Ra el Lun 07 Mayo 2018, 14:25


Estaba esperándolo, ansiosa, casi con los nervios a flor de piel por todas las cosas que su madre había dicho y las altas expectativas que se generaron automáticamente en su mente. Por eso tenía los dedos entrelazados, acariciándose nerviosamente los nudillos mientras escuchaba los pasos acercarse, miró desoslayo la mesa pulcramente decorada y cuando escuchó la voz, aquel saludo, Aera no volvió los ojos a él inmediatamente. Porque la había escuchado antes, hubo un tirón en su estómago, un sabor amargo depositándosele en la boca mientras —en cámara lenta—, su mirada se alzaba para encontrar la del otro ser humano. Poco a poco, sintió que se le aflojaban las piernas, un escalofrío recorriéndole la nuca hasta la espalda y se dio cuenta, con horror, que la persona que su madre había estado hablando durante todo ese tiempo era él.

No —murmuró en un hilillo de voz, la sonrisa que había estado en su rostro se descompuso, transformándose en un ceño fruncido, en labios abuchados, en beligerencia escondida entre las pestañas bañadas en rímel—. No puedes estar aquí —dijo con más fuerza, no observó al mayordomo deslizarse lejos de ellos, dejándolos solos en el comedor, porque ya estaba muy ocupada borrando las distancias entre Dongjae y su persona. Sin ningún temor, extendió la mano cuando estuvo lo suficientemente cerca, sus dedos aferrándose a la carísima corbata mientras lo obligaba a bajar a su altura—. Lárgate —siseó cual víbora, apretando el agarre en búsqueda de herirlo. Es que no podía estarle pasando esto, ¿cuán jodido podía estar el mundo para ponerle justo a la última persona que quería ver en la vida ahí en frente? Peor aún, en la total gracia de sus padres. Y no había peor cosa para ella que su enemigo tuviera todo el apoyo y aprobación de sus progenitores—. Lárgate, les dices que te sientes mal y nos ahorramos esta porquería —ningún vocablo de señorita, adiós todas las máscaras, solo quedaba la fúrica Aera, la desnuda y malcriada joven.

Iba a ser lo imposible para que él se marchara, no dejaría que esa cena tuviese lugar. Ni hoy, ni mañana, ni en un millón de años. Ha Dong Jae no estaría ni cerca de sus padres, de su familia, de ella.
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por Ha Dong Jae el Sáb 12 Mayo 2018, 04:32


La satisfacción se mezcló con la culpabilidad en cuando logró ver la reacción de la muchacha. El cambio en la cara de Aera, la descomposición de su sonrisa y la agudeza de su voz. Eso era lo que había estado esperando tanto tiempo, ver aquella reacción y sentirse poderoso. Porque Byun Ae Ra se lo merecía. Merecía ser quién se quedara sin palabras, arrinconada y con una velada arruinada con su sola presencia. Pensar de ese modo le generaba culpabilidad, porque Dongjae no era del tipo de personas que deseaban el mal a otras personas y tampoco había sido intención inicial. Pero recordaba el odio con el que ella lo miraba, en cómo actuaba sin tener bases sólidas y la culpabilidad quedaba completamente sepultada.

La observó acercarse desde arriba, porque ella era pequeña y en esos momentos se sentía como si estuviera en la cima del mundo. No se sorprendió de que lo agarrara por la corbata, y tampoco reaccionó mal, porque la única que tenía todas las de perder era Byun Ae Ra. —Pero no me siento mal, y  tampoco quiero irme—le dijo alzando las cejas. La estaba matando con su calma, con su mirada repleta de burla y superioridad que no eran comunes en él. Namjoon debía estar sumamente orgulloso de él, pensó. —No quiero decepcionar a tus padres. Insistieron mucho en que era una cena importante—atacó justo en la yugular. Byun Ae Ra no merecía su simpatía, pensó.

Apartó las manos de la chica de su corbata e irguió la espalda tranquilamente, volviendo a acomodarse la corbata tranquilamente. —Deberíamos sentarnos, estoy seguro de que tus padres no tardarán en llegar. No creo que les agrade verte con las manos en la masa—y con eso se refería a que tuviera las manos encima de él, de una manera tan agresiva y poco educada que seguro a la señora Byun le daba un infarto de ver a la "más educada" de sus dos hijas de aquella manera. Dongjae movió su silla y se sentó con los aires más tranquilos del mundo, dándole a entender que no cumpliría sus caprichos y no movería ni un músculo de ahí.
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por Byun Ae Ra el Lun 14 Mayo 2018, 21:40


Las palabras del actor solo contribuyeron a aumentar su molestia, Aera entrecerró los ojos, los labios temblándole incontrolablemente de tal manera que tuvo que morderse el inferior para no comenzar a chillar. Estaba tan cerca de perder la compostura, y él, con su mirada, con sus palabras suaves y calmadas, no ayudaban en absoluto a mantener la tranquilidad. Algo que no era tan fácil de lograr cuando ella perdía los estribos—. No te atrevas —dijo entre dientes, inclinando el rostro hacia arriba, apretando con fuerza los dientes contra la carne tierna de su boca en un pobre intento de tranquilizarse. No sirvió de nada, mucho menos cuando él se soltó de su agarre con facilidad mientras emitía aquel comentario que significó otro golpe más a su orgullo. El hecho de que sus padres estuviesen encantados con él era una clara desventaja, peor aún, que Ha Dong Jae supiera exactamente la influencia que tenía sobre ellos. Era casi como atraparla contra la pared y apuntarle un espada directo al corazón. No había escapatorias, sin embargo, Aera se negaba a dar el brazo a torcer. No podía rendirse con tanta facilidad, no podía dejarlo ganar en aquél estúpido juego de supremacía cuando ella siempre había sido la vencedora.

No pienso sentarme contigo —espetó con rudeza, mirándolo tomar asiento frente a ella como si no le importara nada más en la vida. Lo odiaba, Dios, lo odiaba más que a cualquier otra cosa en el mundo y el sentimiento creaba un nudo en la garganta que estaba segura de que iba a estallar en cualquier momento. Éste era su territorio, su mundo, él ya no podía alterarlo más de lo que su existencia lo hacía. Se negaba a ello—. Y no me interesa que me vean con las manos en la masa, no te quiero aquí —sentenció, le temblaron los dedos mientras se acercaba a él por la espalda, la boca firmemente apretada en una rabieta y con los ojos llenos de rabia, extendiendo las manos para agarrar el borde del espaldar de la silla—. Si no te vas a ir por tus propios pies, entonces te arrastraré a la salida —le dijo antes de comenzar a jalar el asiento, las uñas incrustadas en la tela suave del cojín superior—, ¡Vamos, levántate! —gritó, los tacones firmemente apostados contra el suelo, la boca torcida en un gesto molesto mientras intentaba derrumbarlo de la silla. Si tenía que jalarlo de una pierna hasta la puerta, lo haría.
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por Ha Dong Jae el Sáb 26 Mayo 2018, 23:04


No podía estar más satisfecho de las reacciones por parte de la muchacha, de ver sus labios temblar, la ira en sus ojos y saber que no podía hacer nada para evitarlo lo llenó de un sentimiento de superioridad que podía compararse con el tamaño del monte Everest. Se notaba en su sonrisa ladina, arrogante y que no estaba acostumbrado a poseer. Parecía increíble que aquella mujer fuera capaz de sacar lo peor de alguien tan sereno y pacífico como Ha Dong Jae. —Siempre puedes irte—le dijo cuando espetó que no quería sentarse con él.

Todos los maltratos que se había aguantado durante el tiempo que llevaban trabajando juntos, se lo había guardado únicamente por ese momento, por la idea de ver su rostro caerse al piso cuando se diera cuenta de lo mucho que sus padres lo favorecían —después de toda la charla que ella le había dado de por qué era superior y estaba arruinado gracias a su apellido—. Que se fuera, lo dejaría decepcionado, pero confiaba en que Byun Ae Ra no fuera una cobarde y saliera huyendo de la humillación. Él la veía como una mujer que se recibía la humillación hasta el final, y aunque eso no era ningún halago, se lo rescató.

El muchacho estaba sentado tranquilamente, con los brazos cruzados cuando se acercó al respaldar de la silla y comenzó a jalar con todas sus fuerzas. Al principio, se tambaleó un poco, pero terminó plantándose con ambos pies sobre el suelo y agarrándose de la mesa con las manos para así asegurar que no se iba a mover ni un centímetro. —Pareces un hamster tratando de mover una montaña—le dijo mirando hacia atrás la postura que había agarrado. No le agradó para nada su postura necia y determinante, a pesar de que hubiera sido una escena cómica para cualquier otro mortal, Dongjae no lo tomó tan bien como esperó—Solo superalo y siéntate—le dijo con brusquedad, algo harto de su actitud infantil de querer sacarlo de ahí. —Levanta esa barbilla y toma el golpe con dignidad—se lo decía en parte por salvarla de que sus padres la hicieran pasar una vergüenza más grande de la de él si la veían, porque los veía capaces.
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por Byun Ae Ra el Jue 31 Mayo 2018, 01:02


«Tomar el golpe con dignidad», no podía. Se negaba a hacerlo, porque eso significaría: rendirse, y era una sola cosa que Aera no podía aceptar. ¿Perder frente a Ha Dong Jae? Nunca, sobre su cadáver. Intentó una vez más jalar con fuerza la silla, sintiendo los músculos extenuarse ante la fuerza aplicada y apretó firmemente la mandíbula, tirando tanto como podía. Estuvo varios minutos así, entre descansar, bufar, lloriquear porque no podía moverlo ni quitarlo de allí. Estaba furiosa y francamente poco le importaba que sus padres la encontraran en esa posición —Aera defendería lo que era suyo y eso incluía ese lugar, su privacidad, tener a Dongjae tan lejos como fuese posible—. ¡Vete! —gritó, deteniéndose y comenzando a darle golpes con la palma abierta al espaldar de la silla. Tenía rabia y estaba frustrada. ¿Cómo es que eso le pasaba solo a ella? ¿Qué tan mala suerte tenía en su vida que era incapaz de librarse de aquel hombre del demonio? Irguiéndose, se volvió hacia él con el ceño fruncido y los labios enrojecidos de tanto morderlos—. Eres lo peor que me ha pasado en la vida —le dijo con rabia, los brazos a cada lado de su cuerpo y los puños apretados hasta que los nudillos palidecieron. Aera observó al muchacho, un tic nervioso en el ojo izquierdo—. ¿Sentarme? Bien —masculló, alzó las manos y se tronó los dedos.

Tenía la mirada de quien estaba a punto de ir a la guerra y salir victorioso.

Discúlpame —utilizó la voz más falsa que tenía y a punta de acrobacias, contener la respiración y hacer malabares con sus propias extremidades, Aera logró posicionarse sobre él, las rodillas pegándose con el borde de la mesa mientras extendía las piernas por debajo, apoyando los pies sobre la silla frente a ellos. Ni siquiera pensó ni por un segundo en lo incómodo de estar sentado sobre él, lo único que tenía en mente era usar sus piernas para empujar la silla hacia atrás, los dedos aferrados firmemente sobre la mesa mientras la delicada copa de cristal con vino tinto se tambaleaba peligrosamente al ella empujar.

Hasta que en uno de los empujones de ella, la copa cayó sobre el plato, el vino salpicándole parte del vestido y el pantalón del muchacho.

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por Ha Dong Jae el Jue 07 Jun 2018, 04:44


Aera era una niña caprichosa, no había manera en la que pudiera verle de otra manera. Si antes había visto algo más en ella que no fuera una niña malcriada había quedado como una pintura. Dongjae entendía que pudiera no agradarle, entendía que no quisiera verle ahí ni en pintura a pesar de no encontrar ninguna razón para tal odio de su parte. Pero que intentara con tanta fuerza hasta el punto de querer arrastrarlo de la silla le pareció el colmo de los colmos. ¿Qué tanta payasada seguiría haciendo? Ha Dongjae era una persona paciente, que compadecía a los demás, pero en esos momentos su paciencia había tocado un límite que no sabía que existía y Byun Aera comenzó a molestarle, a sentirse como una verdadera piedra en el zapato.

Ya ni siquiera me importa saber por qué me odias tanto, pero estás cayendo bajo—musitó, sintiendo como daba golpes al respaldar de la silla y gritaba que se fuera. A esos momentos, Dongjae se preguntó si los padres de la muchacha estarían escuchando y preferían no entrar, como el mayordomo que había salido corriendo a primera oportunidad. —Lo mismo puedo decir. Eres la persona más infantil, engreída y cabeza hueca que he conocido en mi vida—espetó.

No se esperó que la muchacha se sentara en sus piernas y le miró con cara de incomodidad y asco, pensando en que lo mejor sería empujarla lejos, pero tampoco quería hacerle daño. No había olvidado ni por un segundo donde se encontraba. —¿Qué carajos piensas que estás haciendo?—logró discutir justo antes de que la copa de vino se tambaleara y terminara por ensuciar el vestido de la chica y su pantalón. —¿Es en serio? —se quejó mientras la empujaba suavemente por la espalda y de un empujón, se levantó mirando su ropa sucia. —Ya me des DOS pantalones—la señaló acusadoramente.
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por Byun Ae Ra el Dom 10 Jun 2018, 00:25

Infantil.
Engreída.
Cabeza hueca.

La única persona que se había atrevido a usar esa clase de apelativos refiriéndose a su persona era su loca hermana. Nadie más y, así mismo, era la única que podía salirse con la suya al decirlo —y eso era bastante falso porque Aera siempre se vengaba—, pero no él. Nunca él. El empujón la hizo desbalancearse, el rostro cayéndole de lleno contra el borde de la mesa y sintió el ardor en su labio inferior, el corte y la sangre brotando del mismo. La boca se le llenó del férrico gusto de la sangre y llevó su mano a sus labios, acariciando el trazo carmesí al girarse hacia él, oírlo bramar injusticia al ella arruinarle dos de sus prendas. En otra ocasión, Aera se habría percatado del mayordomo deslizándose adentro al oír la disputa, dos empleadas siguiéndole mientras se tapaban la boca con las manos en asombro al ver a la tan disciplinada Aera perder la compostura. Pero a ella, por supuesto, no le importó en lo absoluto. El sabor de la sangre recordándole que él se había atrevido a empujarla—. Estás muerto —dijo en voz bajita, su mirada afilándose con cada segundo que pasaba. Sus dedos temblaban a cada paso, Aera hundiendo su mirada en aquél hombre tan desagradable—. Estás muerto, Ha Dong Jae —sentenció y, una vez más, se lanzó cuál animal salvaje hacia él.

Uñas alzándose en simulación de garras y herida, le clavó las puntas en las mejillas y arrastró hacia abajo, dando pataletas al mismo tiempo como si intentara lastimarlo de una manera u otra. Si fallaba un intento, lo lograría en el otro. No importaba como: venganza volvía a ser su finalidad. En algún momento de su enmarañada furia, escuchó el gritito desaforado de una de las muchachas del servicio, el «dios mío» del mayordomo, cuando lo empujó en un intento de tumbarlo al suelo. Está vez no se contentaría con jalarle los pelos, no, iba a dejarlo marcado de por vida. Así que incluso trató de darle un rodillazo en la entrepierna, gritar con fuerza otro estás muerto y volcarse de lleno a la tarea de apalearlo con todas sus energías que Aera no se dio ni una pizca de cuenta cuando todos los empleados se hicieron a la esquina más alejada de la instancia, haciendo una profunda reverencia.

No se percató absolutamente de nada hasta que—: Aera —la voz áspera de su progenitor funcionó casi igual que el botón de pause. Muy lentamente, su perfil viró en torno a la voz que la había llamado, el corazón haciéndole un vuelco frío y salvaje cuando notó que era la voz de su padre—. ¿Qué crees que estás haciendo? —y con las manos en la masa —los dedos aferrándose a la camisa de Dongjae en un intento de rasgarla, el labio partido llorándole sangre, la mancha de vino en ambos—, Aera tragó en seco—. Papi… —alcanzó a decir en una vocecita dimunta.

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por Ha Dong Jae el Jue 21 Jun 2018, 06:07


Dongjae se consideraba una buena persona. Había sido criado para serlo, si tenía que ser honesto. Desde pequeño, su familia le había inculcado valores como el respeto, la caballerosidad, amabilidad y había desarrollado aquellas actitudes automáticamente. Se sentía bien ayudando a la personas, y cuando llegó su hermana a la familia, esa amabilidad se multiplicó por mil, especialmente con las chicas. Era una persona comprensiva y piadosa, se lo decían a menudo. No le disgustaba realmente nada (excepto el maní, esos eran mortales para él) y solía ser increíblemente pacífico.

Pero Byun Ae Ra era diferente. Quizás era la manera en la que miraba con una rabia incontable, la manera en la que se tiraba encima como una fiera, porque era incomprensible, obstinada, terca, vanidosa y lo odiaba con tantas ganas que un sentimiento amargo y frío crecía en su pecho cada vez que la miraba. Cada vez que le decía cosas como aquella, hacían que un muchacho tan repleto de bondad sintiera algo parecido al odio. Aunque no le gustaba usar esa palabra, era lo más acertado a sus sentimientos hacia Byun Ae Ra.

Se quejó del dolor de sentir su uñas en su carne, arrastrando hacia abajo. Sus manos automáticamente buscaron las muñecas ajenas e intentaron apartarla de su ya herida y roja cara. Hasta que la voz profunda y masculina resonó en la habitación e incluso Dongjae sintió frío. Miró con los ojos vidriosos del repentino ataque anterior al dueño de la casa y automáticamente hizo una reverencia, quitándose las manos de Aera de encima.

Y a pesar de todo, la manera en la que llamó a su padre le hizo sentir un nudo en la garganta, pero tampoco movió un dedo para salvarla, el dolor que sentía ahí donde sus uñas se habían hundido en su carne estaba muy reciente como para si quiera pensar en lanzarse en su dirección a salvarle el pellejo.
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por Byun Ae Ra el Lun 09 Jul 2018, 03:05


¿Papi? ¿Acaso tengo a un animal por hija? —las ásperas palabras de su progenitor hicieron que, inmediatamente, las lágrimas se le amontonaran en los ojos, el ardor de aquella humedad instándola a parpadear pero se negaba a hacerlo. No iba a llorar delante de sus padres, mucho menos delante de aquél estúpido actor que le acababa de arruinar la vida—. Esperaba muchas cosas de ti menos esto, ¿cómo osas tratar a nuestro invitado de esta manera? ¿Perdí mi dinero en todos esos tutores y escuelas privadas para que terminaras siendo una bandida de la calle que ataca a la gente? —Aera hizo una brusca exhalación ante la crueldad de su tono y la desdeña con la que la miraba, quería rebatirle todo lo que decía, pero a sus labios nada más venía la absurda respuesta de es su culpa.

Y su padre no aceptaría aquella respuesta, la condenaría aún más por eso. Sintiendo una lágrima derramándose, Aera hizo lo único que sabía hacer: alzar la barbilla, cuadrar los hombros, creerse altiva aún cuando estaba siendo aplastada por su propio progenitor—. Lo entiendo, me he equivocado terriblemente —hizo una reverencia de noventa grados, perfecta e impecable, y tras ella, había dado un par de pasos dispuesta a marcharse con la cabeza en alto cuando la voz de su madre interrumpió su huida.

¿A dónde crees qué vas? —el tono era viperino, áspero y regodeado en ese característico desprecio que solía usar su madre cuando señalaba todos los errores de Jiwon. Nunca, desde que había nacido, había escuchado ese tono ser dirigido a su persona. Le escoció aún más—. Discúlpate con nuestro estimado invitado —Aera apretó la mandíbula al escuchar esas palabras, dudando entre huir y mandar todo al demonio, pero sabía que tendría más problemas de no hacerlo. Con las extremidades temblorosas y los dientes castañeando de rabia, Aera se devolvió, a una distancia prudencial, hizo una reverencia a regañadientes y murmuró un lo siento, e iba a marcharse una vez más, pero su padre la sujetó de la muñeca—, Tienes que decir: mis más sinceras disculpas por mi barbárico comportamiento, al parecer mis padres no me educaron lo suficiente y me arrepiento de todas las molestias ocasionadas de todo corazón, de rodillas —sentenció.

No era la burda palabrería lo que la hizo temblar, no, era el de rodillas—. Papi —miró a su padre, sus ojos suplicando que no la obligara a hacer eso, todo menos de rodillas, pero el rostro de su padre era tan duro como granito, denotando que no retrocedería ni un centímetro y Aera miró al actor, luego a sus padres que aguardaban y sintió las lágrimas fluir con libertad cuando se dio por vencida, su progenitor presintiéndolo la soltó.

Se movió con tanta lentitud, las manos y las piernas temblándole de manera incontrolable mientras bajaba una rodilla, la alfombra persa acariciándole la sensible piel de la articulación derecha, luego la izquierda, mientras bajaba lentamente, su pecho subiendo y bajando de manera desaforada por el llanto que intentaba retener—. Mis más sinceras disculpas por mi barbárico comportamiento —la voz se le quebró, y tragó con fuerza las lágrimas y el nudo en su garganta—, al parecer mis padres no me educaron lo suficiente y me arrepiento de todas las molestias ocasionadas de todo corazón —las últimas palabras le salieron en un sollozo avergonzado, el rostro hecho un poema rojizo y podía escuchar las exclamaciones y murmullos del personal.

Esta era la humillación más grande que había sentido en su vida.

Bien —dijo su progenitor, su voz cargada de satisfacción—, acompáñalo a la enfermería para que atiendan con prontitud esos rasguños, espero de ti un comportamiento impecable —volvió a sentenciar, duro e inamovible, antes de hacer una reverencia corta pero formal a Dongjae—, me apena mucho esta situación, pero debo corregir las actitudes de una niña malcriada y desagradecida, espero y aceptes sus disculpas, para mí y mi esposa eres una persona extremadamente grata que merece el mejor de los tratos —comentó con una calidez que Aera había conocido dirigida a su persona, pero que ahora era toda para Ha Dong Jae. Aún cuando ella hubiese intentado levantarse del suelo, era incapaz de hacerlo. No con el maquillaje destruido, con las lágrimas y los mocos corriendo libremente por su rostro.

No alcanzó a escuchar las palabras de su madre, pero sí el momento en que ambos se alejaron del lugar, su padre dándole órdenes al mayordomo de vigilarla.

Nunca en su vida se había sentido tan diminuta, tan inservible, tan poca cosa.


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Byun Ae Ra

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por Ha Dong Jae el Mar 10 Jul 2018, 20:56


Era cierto que había sido Dongjae el que quería humillar a la muchacha, el que quería que sus padres vieran la fiera que era, el que quería verla perdiendo por primera vez en su vida. Byun Ae Ra había sacado lo peor de sí mismo, al hacerle desear todas esas cosas, porque en el fondo de todo su ser, aún creía firmemente que se lo merecía, que se merecía todo lo que le estaba sucediendo. Pero al mismo tiempo, después de escuchar la firma y potente voz del señor Byun, hasta Dongjae se sintió miserable.

Bajó la mirada, enfocándose en los zapatos del mayor mientras se sumía en un silencio sepulcral. Era como contemplar una masacre, una que él mismo había comenzado a buscar desde el momento que aceptó asistir a aquella cena, conel único propósito de mortificar a Byun Ae Ra. Pero jamás imaginó que iba a a terminar de esa manera, sintiéndose tan miserable y culpable al mismo tiempo. Tenía un nudo en la garganta y el estómago se le encogió con tan solo tener que respirar el mismo aire que los padres de la muchacha. Sabía que eran estrictos, siempre le habían parecido personas duras y respetables, pero aquella era una faceta completamente nueva para él, pues siempre se habían comportado amablemente con él. Quizás por eso, fue incapaz de medir lo realmente mal que podía salir su malévolo plan de venganza.

Quería desaparecer, quería volverse transparente o derretirse, cualquier cosa para no encontrarse en medio de aquel salón con la muchacha llorosa y los padres dispuestos a dejarla morir. Cuando la madre le exigió una disculpa, Dongjae enderezó la espalda y se obligó a mirar a Aera. ¿Cómo se supone que podía verla siendo el causante de aquel desastre? —De verdad, no es necesario que... —pero se calló, sintiéndose completamente cohibido por las miradas de los mayores y tragó saliva, haciendo que el estómago se le encogiera. Incluso sus ojos comenzaron a ponerse rojos al verla arrodillarse y repetir aquellas crueles palabras que no sentía, pero de igual manera las dijo. Los rasguños en su cara aún ardían, pero no eran demasiado importantes.

Hizo otra reverencia pulcra, de noventa grados a los progenitores. —El honor siempre es mío, de saber que soy una persona grata de su amabilidad—se las arregló para decir. —Entiendo la situación, no hay nada por lo que disculparse—volvió a hacer una reverencia antes de que los mayores volvieran por donde llegaron, suponiendo que al final no habría realmente ninguna cena.

Se llevó las manos temblorosas al cabello, revolviéndolo nerviosamente. ¿Ahora que se suponía que debía hacer? Con los padres de la muchacha fuera, sintió que podía volver a respirar, pero ahora la culpabilidad y miseria era tanta que simplemente no podía dejarla ahí. Dudosa y lentamente se agachó y le tendió un pañuelo que sacó del sacó de su traje. —Vamos, de pie—le ofreció ayuda. La veía frágil en esos momentos, pero eso no quería decir que fuera indefensa.
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