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HWAN TAE JOON
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por Nam Ji Taek el Miér 02 Mayo 2018, 00:09

02 de Mayo, 23pm.

El día había prometido estar lleno de emociones, de ser una descarga. Llevaba siéndolo así durante todo el mes de Abril, siempre que necesitaba algo, él estaba ahí, dispuesto a quitarle a base de sexo todos los males. Había vuelto a su vida, Taek lo había permitido, porque él tenía ese poder, controlaba a Taek como si de un niño de tres años se tratase, jugaba con él y le hacía de sufrir. Por eso había asistido en cuanto el otro le hizo el llamado, casi había volado. Se encontraron en un hotel, hablaron, follaron, y pelearon. Fue una pelea horrible, una pelea que dejó a Taek fuera de juego, las cosas que le había dicho no eran agradables, le habían hecho daño y no salían de su cabeza.

Por eso estaba allí, tirado en el suelo, contemplando el cielo con los ojos llenos de lágrimas, tratando de ordenar sus pensamientos. ¿Por qué le había dado ese poder? ¿Por qué no le había mandado a la mierda cuando volvió? Debía haberlo hecho, pero algo dentro de él se seguía sintiendo sumiso con él, como si le deviese algo. Y ahí estaba, con el corazón aplastado, hecho trizas, siendo débil. Desde las seis de la tarde había estado, desesperadamente, llamando a Eunyong, sin recibir respuesta alguna. Solo había pensado en él cuando quiso buscar consuelo en alguien, y que no le contestase, hacía que todo se viese peor. Los mensajes inundaban el Kakao del contrario, pidiéndole por favor reunirse, que le necesitaba y esperaba que fuese, aunque sabía que no se lo merecía.

Juntó todas sus fuerzas para levantarse y caminar hasta aquella caseta, sentándose en el banco, mandándole, como último recurso, su ubación a Eunyong. Apoyó la cabeza contra la pared, quitándose las lágrimas de los ojos, necesitaba gritar, pero no le salía, no tenía voz. Mandó varios mensajes más, repitiéndose: te necesito, Eunyong. Por favor, ven. Las palabras que el otro le había dedicado aquella tarde aún rondaban por su cabeza, haciendo que sus ojos no dejasen de expulsar lágrimas y que su corazón se sintiese muerto. No quería sentirse así, por eso era de esa manera, por eso nunca dejaba que los sentimientos aflorasen, porque siempre salía dañado.

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por Kim Eun Yong el Miér 02 Mayo 2018, 11:32

Las cosas no iban del todo bien por la cabeza del menor. El comeback había servido para despejarle un poco, para mantenerle ocupado, para que se centrara en una única cosa, así como las presentaciones y actuaciones, el estar pendiente de los fans, el tener que hacer promoción. Pero eso no duraba para siempre, y el encuentro que había tenido con Bonghee la noche del apagón todavía seguía rondando por su cabeza, sin saber siquiera cómo tomarlo. Y por supuesto estaba Taek, no se le había olvidado la discusión que tuvieron, y todo lo que Jungwoo le tuvo que aguantar llorando y mal durante dos noches como poco. Él, que siempre se había mostrado alegre y risueño con todos, sin que pudieran ver cómo se sentía realmente, había sido utilizado y roto, no había podido soportar la forma en la que el mayor le hizo sentir, y aquel tema aún le traía de cabeza. Había pasado un mes, pero sabía que tenía que verse las caras con el contrario de nuevo pronto, las grabaciones para el drama estaban a la vuelta de la esquina, y eran compañeros de reparto. No se lo podía quitar de la cabeza, y eso era lo peor.

Aquella tarde estaba en una reunión con uno de sus CEOs, repasando el guión, su nuevo papel, el del líder del bando opuesto. Notaba su móvil vibrar, había tenido que ponerlo en silencio, y no se pudo permitir cogerlo mientras estaba con su superior— Hasta que no lo leas entero no nos moveremos de aquí, las grabaciones son en dos semanas y tengo que darle mi palabra al guionista y al director hoy —le dijo el otro con seriedad, haciendo que Eun tragase saliva y se pusiera a leer todo lo rápido que podía.

Le estaba poniendo nervioso el sentir el teléfono vibrar en su pierna una y otra vez durante el tiempo que estaba en aquella sala, suponía que era algo importante, porque de lo contrario no insistirían tanto, y como lo cogiera y fuese alguno de los chicos del grupo con alguna chorrada, acabaría por matarlo. No cenó, no bebió ni agua, los ojos los sentía irritados y se había cortado ya un par de veces en el dedo al pasar de página, pero por fin, casi a las once, había terminado de leerlo— Me gusta, no cambiaría nada —dijo, y eso fue suficiente, haciendo que casi quisiera matar al mayor porque se limitase a asentir y marcharse de allí, ¿era lo único que aportaría después de tantas horas? Lo odiaba.

Se levantó para salir de la sala, recorrer el pasillo y bajar hasta abandonar la empresa, y mientras tanto por el camino, revisó su teléfono. Vio las llamadas perdidas de Jitaek, así como sus mensajes, y no tardó en abrir el kakao para leerlos con detenimiento. Se quedó blanco, tuvo que detenerse para analizar bien lo que le había puesto, le necesitaba, se lo había pedido, y supo entonces que algo no iba bien. El contrario no era de los que pedía ayuda, y menos a alguien con quien había peleado, era demasiado orgulloso como para eso, así que el que hubiera acudido a él significaba algo importante. Echó a correr por la empresa, llegando hasta el garaje, y para cuando se le acercó uno con su chófer para llevarlo hasta los apartamentos, le pidió que bajara y lo tomó él. No se lo pensó dos veces, tenía que acudir en su búsqueda.

Sacó del bolsillo de su chaqueta una mascarilla, y se la colocó mientras conducía todo lo rápido que podía sin llegar a ganarse una multa, aunque sí que se había saltado algún que otro semáforo. Había una gorra en la guantera, y se la colocó mientras seguía el rastro de la ubicación por el GPS del coche. Apenas diez minutos después llegó al lugar, aparcando y bajándose del vehículo. Siguió mirando su teléfono y a su alrededor para tratar de localizar al contrario, parándose frente a una casetilla y teniendo que agudizar su vista para dar con él. Una figura sentada apareció en el interior, y tomando aire se acercó hasta ella— ¿Taek? Soy yo... —murmuró de forma idiota, porque no sabía qué decir siquiera. Se había presentado allí a ciegas, sin sopesarlo, sin saber si era lo correcto o si lo merecía, simplemente lo había hecho. Se bajó la mascarilla para que pudiera verle el rostro con la poca luz que había, y esperó a que se moviera o algo para poder observarle bien y asegurarse de que no se había confundido de persona.


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por Nam Ji Taek el Miér 02 Mayo 2018, 13:29

Pensaba de verdad que no iba a ir a su encuentro, que le iba a dejar allí tirado, pero se lo merecía por como le había tratado la última vez; viéndolo de ese modo, Taek había tratado a Eunyong del mismo modo que Jaebong le había tratado a él, y ahora el karma se lo estaba devolviendo. No quería volver al apartamento, tampoco iría a la empresa, pensó si merecía la pena quedarse allí, dónde nadie le molestara, al menos hasta que el sol saliese. Pero como si el destino se apiadase de él, la voz de Eunyong resonó en aquel lugar, haciendo que su llanto parase de golpe y alzase el rostro, viendo la figura del contrario.

Había ido, estaba ahí.

Notó como algo dentro de él se revolvía, alegre, feliz por verle allí. Se levantó sin decir nada y se lanzó a él, abrazándose a su cintura y ocultando su rostro en su hombro, rompiendo de nuevo en llanto. Era la primera vez desde que Jaebong le rompió la vida siendo un adolescente, dejaba que alguien le viese llorar (la primera, irónicamente, había sido Bonghee). Se sentía débil, se sentía un inútil en esos momentos, solo necesita estar así, abrazado a alguien que le importaba más de lo que quería aceptar.

No supo cuánto tiempo estuvo así, sin decir palabra, solo llorando y abrazado a él, pero a medida que los minutos pasaban, sentía que todo lo malo del día desaparecía solo de sentir a Eunyong a su lado. Nunca se había parado a pensar cuánto le necesitaba de verdad. Se separó, quitándose las lágrimas de los ojos con el puño, dejándose los ojos más rojos con ese gesto; miró a Eunyong, con cara de niño pequeño que acababa de perderse. — Gra-gracias por venir... — susurró, bajando la vista. No se atrevía a mirarle, aún recordaba las palabras del contrario aquella noche, y se sentía peor por haberle hecho sentir así. — Yo... Eunyong... Lo... Lo si-siento... — aún seguía con el rostro agachado. Tras aquella disculpa, que no arreglaría nada, notaba su corazón palpitar con fuerza. — Fui.. Fui un gilipollas y... No debí... — tragó saliva sin saber muy bien como seguir.

¿Te importa si... Si vamos a un sitio cerrado? — con ello quería decir a un sitio dónde estuviesen solo ellos, pero temía que rechazase la idea por si pensaba que quería pasar a algo más, pero no se encontraba en condiciones mentales para ello. Estaba agotado de llorar, solo quería tumbarse, abrazado a Eunyong, como aquel día que ensayaron por última vez My I, necesitaba volver a sentirse así de relajado y feliz. — Solo para hablar... Necesito... Quiero contarte algo. — su mente le traicionó, había pensado en contarle lo sucedido a Eunyong cuando pensó en él, en llamarle y contarle todo, y ahora lo había dicho, y no se sentía preparado para compartir eso con él, porque no quería que le juzgase, que le diese la espalda o le viese como un monstruo.

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por Kim Eun Yong el Miér 02 Mayo 2018, 13:48

Sabía por qué había acudido allí corriendo, sin pensarlo dos veces, de manera desesperada, y era que estaba preocupado por él. No se le había olvidado la conversación que tuvieron, ni la forma en la que le hizo sentir, pero jamás podría negarle su ayuda, y menos cuando era consciente de lo que todavía le importaba el contrario y que aún no había sido capaz de borrarlo de su cabeza.

Si todavía tenía algún atisbo de que había sido una mala decisión, el momento en el que el contrario se levantó y se abrazó a él, todas sus dudas se despejaron, estaba donde debía estar. Rodeó al otro con sus brazos, pando uno por su espalda y otro por su cuello, sintiendo cómo se echaba a llorar contra su hombro. Nunca le había visto así, nunca le había visto derramar ni una sola lágrima, y la situación no hacía más que preocuparle e imaginarse lo peor. Le rompía el corazón aquella versión de Jitaek, y únicamente quería hacer algo para que se sintiera mejor. No supo cuánto tiempo estuvieron así, tampoco le importaba, que le hubiera llamado a él entre todas las personas quería decir algo, y se volvía a sentir bien y cálido reconfortándolo entre sus brazos. Para cuando se separó, sus manos habían quedado puestas sobre los hombros del mayor, haciendo que tragara saliva ante sus palabras y obligándose a sí mismo a negar despacio. No quería escuchar eso ahora, no quería escucharlo en ese lugar, y no quería saber nada sin una explicación. Podía aceptar que lo sintiera, que admitiera que no se había comportado como debía, pero no estaba seguro de si debía creerle o no— Aquí no —le dijo, soltando un suspiro y poniendo todo de sí por no apartarle el rostro, le rompía el alma mirar a aquellos ojos que parecían tan tristes y dolidos.

Cuando le dijo que si podían ir a un sitio cerrado frunció el ceño, procesando si era una buena idea o no, tratando de barajar todo cuanto podía salir de algo así, pero cuando prosiguió hablando, la respuesta fue clara— Iremos, no te preocupes. Te sacaré de aquí —contestó, quitándose la mascarilla para colcársela al otro con cuidado, pasando los elásticos por sus orejas, y después ajustándola en su barbilla y su nariz. Él llevaba su gorra, pero no sabía qué le había llevado al otro a salir sin ninguna protección— Vamos —le pidió que le siguiera, tentado por coger su mano para llevarle él mismo hasta el coche, pero conformándose con colocarla sobre su hombro y echarse a andar con él. Por su cabeza pasaban infinidad de cosas, y notaba el corazón la tirle a mil por hora. No comprendía absolutamente nada, y esperaba hacerlo al final de la noche.

No tardaron en llegar al coche, y le abrió la puerta a su acompañante antes de dirigirse él hasta la suya y tomar asiento donde el piloto.


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por Nam Ji Taek el Jue 03 Mayo 2018, 18:51

Lo notó, notó la duda en el rostro del contrario cuando le pidió ir a un sitio tranquilo, y se lo merecía. Se quedó bien quieto ante el gesto de ponerle la máscara, haciéndole parpadar y que varias lágrimas cayesen de sus ojos. Caminó a su lado, agradeciendo sentir aquel contacto, le parecía extraño que alguien le estuviese tocando después de todo lo escuchado y vivido ese día. Pasó al coche y se colocó el cinturón, quitándose las lágrimas de nueva cuenta con la manga de la chaqueta, sorbiendo por la nariz y tratando de tomar aire, algo agitado de tanto llanto.

Apoyó la cabeza en el asiento, mirando por la ventana sin decir nada, tratando de callar su llanto lo mejor que podía. Ni siquiera se atrevía a mirar a Eunyong, porque sabía que no se lo merecía, que no merecía que él estuviese ahí, que le hubiese rescatado de esa manera, no cuando le había tratado como si fuese basura. El tiempo en el coche se le hizo eterno, pero finalmente llegaron a un pequeño motel, de esos de carretera, y en cuanto estacionaron, bajó. Fue esta vez Eunyong quién pidió la habitación, él no se sentía capaz de articular palabra sin echarse a llorar. Solo se limitó a esperar fuera, apoyado en el coche, evitando alzar la cabeza, ya no por ser reconocido, sino porque le viesen llorar.

Una vez tuvieron la habitación, se metió en esta y se quedó quieto, sin saber muy bien que hacer. Recordó aquel día de la práctica y fue directo al sofá, quitándose la máscara y la chaqueta, sentándose casi desganado. Sentía que aquel día todas sus energías se habían agotado para los próximos cien años. — Yo... No sé... No sé por dónde empezar... — se llevó las manos al rostro, cubriéndolo. Odiaba que le viesen así, le estaba dando cierto poder a Eunyong sobre él por dejarle estar ahí, por haberle llamado, por aceptar, aunque fuese para sí mismo, que le necesitaba.

Removió sus manos por su rostro, como si aquello fuese a disolver todos los problemas, a borrarlos de su vida, pero cuando bajó las manos, tuvo que enfrentarse a ellos. Quería contarle todo, pero no sabía cómo; temía que fuese a reírse de él.

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por Kim Eun Yong el Vie 04 Mayo 2018, 09:32

El camino en el coche fue silencioso, algo apropiado ya que tenía mucho en lo que pensar. Sí, ver a Jitaek así le rompía el corazón, pero también había sido el causante de que durante el último mes no levantara la cabeza. Le había hecho daño, mucho daño, y no sabía si sería justo hacer borrón y cuenta nueva, debía de esperar a saber qué es lo que le decía. No obstante, el acudir a su llamada sin ni siquiera dudarlo tenía la explicación más sencilla de todas: a él no podía negarse.

Condujo más tiempo de lo esperado, estaban a cinco minutos de cualquier hotel de la ciudad, pero él no irá allí, no cuando apenas iban cubiertos del todo y el contrario presentaba aquel aspecto. Acabó por casi llegar a uno de los cruces que conducían a uno de los pueblos cercanos, y estacionó el coche en un motel de carretera. Le pidió al mayor que esperase ahí por él, y se dirigió hasta la recepción para pedir una habitación. Sentía que necesitaba una copa, se le iba a salir el corazón del pecho, pero debía de tener paciencia únicamente. La recepcionista era una mujer mayor, pareció no reconocerle, pero aun así, mantuvo su rostro hacia abajo todo el tiempo.

No tardó en ir junto al contrario, haciéndole un gesto con la cabeza para que le siguiera, y adelantándose él para ser quien abriera la puerta. Era una habitación modesta, con su cama, una mesa redonda con dos sillas, un sofá y un baño, tampoco es que él supusiera que necesitaban más, ni siquiera había pensado en ello. Pasó después de Jitaek, cerrando y quitándose la gorra así como su chaqueta, para dejarlo todo sobre la mesa. Observó a su acompañante sentarse sobre el sofá, haciendo que recordase el momento que compartieron en su sala de descanso, y por ello, y con una punzada de dolor y nostalgia en el pecho, decidió sentarse en la cama, frente a él. No le gustaba verle así, le era difíicl hacerse a la idea de que la imagen de un Jitaek tan destrozado podía existir, pero era real, porque él era humano, y debía de intuir que muchas cosas de su apariencia eran solo una careta— Por lo primero que se te pase por la cabeza —respondió, apoyando sus codos sobre sus rodillas e inclinándose hacia delante con aquel gesto.

Quería pedirle que se sentara con él en la cama, o ir junto a su figura en el sofá, pero no sabía si estaba preparado para sentirlo tan cerca todavía, tenía que ser fuerte, no ceder como siempre hacía.


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por Nam Ji Taek el Vie 04 Mayo 2018, 22:26

Que no se sentase a su lado hizo que su estómago se revolviese, ¿tanto le odiaba? Miró al suelo, a sus pies, le parecían muy interesantes en esos momentos, más que mirar al contrario y encontrarse una mirada que hiciese que todo fuese peor, porque sí, eso era lo que pensaba que se merecía. Tomó aire y cerró durante unos segundos los ojos, ¿de verdad se lo iba a contar? ¿Todo? ¿Confiaba tanto en él como para hacerlo? Notaba que sí, pero el miedo a perderle, del todo, estaba ahí. — Solo... Solo no me interrumpas, aunque creas que tienes que hacerlo, no lo hagas, por favor... Deja que... Deja que lo suelte todo de golpe, lo necesito... Si me paras, no seguiré, no podré hacerlo. — pidió como si de un ruego se tratase, como si le fuese la vida en ello, porque en parte, era así. Le iba a contar algo que no sabían ni sus propios padres, algo que incluso le había ocultado a Bonghee, la cuál le había ayudado en esos momentos. Por eso necesitaba que se quedase callado hasta el final, que le escuchase atentamente.

Cuando era trainee en MYP, conocí a un trainee, él era mayor, me sacaba casi cuatro años. — tragó saliva. — Al principio me acogió como su pupilo, él me enseñó a mejorar el baile, a vivirlo de verdad, pero con el paso del tiempo, empezamos a... vernos de otra forma. — dolía recordar todo aquello. — Se aprovechó de mí, jugó conmigo durante cuatro años. — seguía sin mirarle, no había despegado su vista del suelo. — Unos meses antes de conocerte, me llamó, me hizo ir a verle, solo para encontrarle con otra persona, diciéndome que no merecía la pena, que era un error, que nadie jamás me amaría, que no sería feliz. — las lágrimas volvieron a sus ojos y apretó los puños. Recordaba la rabia que había sentido en esos momentos. — Yo... Yo de verdad llegué a amarle, llegué a plantearme salirme de MYP, dejar mi sueño de bailar y cantar, estaba... Estaba dispuesto a hacerlo si él me lo pedía... — aceptar aquello dolía más, pero daba gracias a que eso hubiese sucedido, que le hubiese roto el corazón de esa manera.

Se tomó unos segundos, quitándose las lágrimas de los ojos de un golpe con la manga de la camiseta, haciéndose daño en los ojos y dejando la piel de alrededor roja y dolorida. — Me dije a mí mismo que jamás volvería a dejar que nadie entrase en mi vida, alcé barreras, muchas. Eché a aquellos que empezaban a ser importantes, me negué a ello. — él mismo se había prohibido el amor, pero en verdad, ¿quién amaría a alguien como él? Taek se había vuelto frío por culpa de Jaebong, porque no había dejado nada en su corazón. — Pero no lo hice... Volvió, hace unas semanas, me volví a ver con él, a pesar de todo, se disculpó, yo le perdoné, y volvió a hacer lo mismo... Me dijo que tenía razón, que en todos estos años... — la voz le falló; tuvo que pararse para tomar aire, sentía ganas de vomitar por llorar tanto, además de estar contándole todo aquello a Eunyong. — Que en todos estos años no he encontrado a nadie que me quiera, que me ame y que... Que soy como él. — eso había sido lo peor, porque sí, era como él; le había roto el corazón a Eunyong y no había hecho nada para remediarlo.

Lo había resumido todo lo mejor que podía, no quería seguir pensando en lo ocurrido, solo quería sentirse bien, estar tranquilo y poder volver a ser él mismo, pero las palabras de Jaebong aún seguían golpeándole como si acabase de escucharlas. — Y tiene razón... Soy como él. — espetó, ocultando su rostro entre sus manos. Se había convertido en Jaebong, jugaba con los sentimientos de la gente, les hacía daño, les rompía el corazón. Y delante tenía a la última persona a la que se lo había hecho, y eso hacía que todo fuese peor. — Lo siento, lo siento... Eunyong, lo siento. — gimoteó entre sus manos. — Siento haberte hecho lo mismo... Yo... No pretendía... De verdad... — y fue ahí cuando le miró, se atrevió a levantar su rostro y clavar sus ojos rojos en el rostro del contrario. Se sinceraría con él, era lo mínimo. Ya se había abierto, tenía que hacerlo del todo.

Te eché de mi vida por esa razón, porque empezabas a gustarme, no por ese maldito win... Fue una excusa, una que llegó justo a tiempo... — se sentía idiota por aceptar eso. Era más que creíble, porque era muy competitivo. — Y luego... Luego apareciste y todo... Todo mi esfuerzo se fue a la mierda. — su voz temblaba pero su mirada estaba fija en el contrario. — Y volviste a mi vida, y me gustabas cada día más... Y luego estuvo ese día, el de la práctica... Cuando nos quedamos dormidos... Yo... Yo no quise irme, quería estar así, me sentía... Me sentía a gusto, y... — sentía como las palabras se agolpaban en su garganta, como quería soltarlas todas. — Joder... Me sentí querido... Y yo te quise de vuelta. — lo acababa de soltar. Su cuerpo temblaba, y casi agradecía que el otro se hubiese mantenido en silencio.

Tomó una gran bocanada de aire, apartando de nuevo la vista. — Lo de la Gala... Yo hice ese comentario... Porque... Porque no te quería hacer daño, no quería que te enamorases de alguien como yo, porque solo te haría daño, porque no... No sé amar, no puedo hacerlo. — y esos eran sus miedos, por eso le había apartado de él de nuevo, de una forma cruel, pero estaba seguro que con el tiempo, Eunyong se lo agradecería. — Es-estoy seguro de que ahí fuera, — tomó aire, aquello le estaba terminando de romper el corazón. — hay alguien para ti que te hará feliz y te amará todo lo que te mereces... Pero yo no soy ese alguien, ¿lo entiendes? Conmigo solo tendrás dolor de cabeza y... Y solo se hacer daño a la gente. No te merezco. — ya no lloraba, se había quedado sin lágrimas por el momento. Sentía que acababa de despojarse de su último pedazo de alma, acababa de tirarla, romperla y pisotearla al decir aquellas palabras.

Él no merecía a nadie, porque él no estaba a la altura de nadie; era un ser insignificante.

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por Kim Eun Yong el Sáb 05 Mayo 2018, 09:28

Se le quedó observando desde aquella posición, sin saber qué hacer, o más bien reteniendo todos y cada uno de sus impulsos, porque debía de darse tiempo a sí mismo para pensar, y al contrario para explicarse. Asintió cuando le pidió que no dijera nada hasta que terminase, eso podía aguantarlo, no sabía si estaba listo para lo que escucharía, pero esperaría lo que hiciera falta, necesitaba saber qué era lo que tenía a Jitaek de aquella forma, y algo le decía que la respuesta no le iba a gustar.

El mayor comenzó a hablar, y él guardó silencio. Su mandíbula se tensó al escuchar el inicio de la historia, en el momento en el que mencionó a aquel trainee, y cuando admitió que se había aprovechado de él, lo único que se le pasó por la cabeza era que quería partirle la cara a aquel otro. Se aguantó por bufar o emitir ningún sonido ante la confesión de que por aquello, el contrario podría haberlo dejado todo solo con una palabra de aquel abusador.

Estaba llorando de nuevo, y eso solo hacía que la presión en su pecho siguiera. En cuanto le contó la medida que tomó tras lo ocurrido, ahora fueron sus ojos los que se pusieron vidriosos conteniendo algunas lágrimas que amenazaban con escaparse. No podía imaginarse a un joven Jitaek con el corazón roto, prometiéndose a sí mismo que no dejaría que nadie más entrase en su vida, negándose al amor… era injusto. Sin embargo, en cuanto dijo que había vuelto a verse con aquel hombre hacía unas semanas, sí que no pudo evitar bufar, pasándose una mano por la boca con rabia, eso explicaba por qué estaba de aquel modo, seguro que acababan de tener uno de esos encuentros. Pero para cuando le dijo que el otro le soltó que era como él, no pudo evitar sentirse culpable, recordando las palabras que le había dedicado el día de la gala, la forma en la que le dijo que le daba asco, que le había usado… Él había acusado de aquella forma al contrario, sin saber la repercusión que podría tener, y ahora sabía que aquello le había hecho daño.

Las tornas parecían haber cambiado de un momento a otro, después de cada confesión por lo ocurrido con el trainee, llegaban las disculpas hacia él, el relato de cómo se había sentido cuando habían estado juntos, y no pudo hacer otra cosa que agarrar la tela de sus pantalones entre sus dedos, formando puños sobre sus rodillas. Sí, las lágrimas se resbalaron por sus mejillas y tuvo que apartar la vista porque le dolía escuchar cómo le pedía perdón, a la par que admitía que sentía cosas por él, y después alegaba que merecía algo mejor. Aquello no le sentaba bien, no le gustaba oírlo, y aunque entendía su punto, era injusto que le pidiera una cosa así, porque básicamente quería que se olvidara de él, que no sintiera, que buscara a otra persona— Eres imbécil... —masculló girando el rostro hacia él de nuevo, tomando aire por la nariz y sorbiendo el agüilla de esta, pasándose el dorso de la mano por el rostro para limpiar las lágrimas, aunque sus ojos habían quedado rojos.

Se quedó mirándole durante una fracción de segundos, aunque para él el tiempo parecía haberse detenido y se le hizo casi eterno; y sin pensarlo más, con las manos temblorosas y sin saber si el cuerpo le iba a reaccionar, básicamente porque toda aquella historia le había dado rabia y le había hecho perder el apetito por completo a la vez, se levantó. Dio el paso que les separaba a ambos, porque tampoco era mucho más grande la distancia que había, y colocó su rodilla entre las piernas del mayor. Con ambas manos tomó su cuello, e hizo que alzase el rostro con sus pulgares bajo su barbilla. Se inclinó y juntó sus labios en un beso, porque era lo primero que quería hacer después de todo, besarle, estaba desesperado por ello. Notó una angustia en el pecho, unas ganas de volver a llorar, sollozar, expulsar todo cuanto sentía de alguna forma, pero no, debía mantener el tipo porque todavía tenían de lo que hablar, pero por el momento solo iba a centrarse en una cosa, y era besar a aquel chico que sin duda, necesitaba en su vida bajo cualquier circunstancia.

No sabía cuánto tiempo había estado así, si menos de un minuto, más, dos quizás… Solo sabía que tenía que coger aire, y que había unas palabras que debía de dedicarle. Siguió con sus ojos cerrados cuando juntó sus frentes, y trató de ordenar las ideas en su cabeza— Ni se te ocurra volver a decirme cómo debo sentirme con respecto a ti, jamás, eso es mi decisión —le soltó, tragando saliva con un nudo en la garganta, y entonces le miró, relajando su cuerpo y quedando todavía apoyado en el sofá con su rodilla, solo que adoptando una mejor postura donde pudiera mirarle a la cara y estar a su altura— No eres como ese monstruo, no lo eres ni por asomo. Sí, has imitado su comportamiento, me has hecho sentir de la misma forma en la que él te lo hizo a ti pero... —y se tuvo que callar, porque solo recordar algunos de sus encuentros le dolían, y no quería llorar— Si hubieses sido igual a él, calcado a él, ¿crees que me habría permitido sentir algo por ti? —añadió, mordiéndose el labio y acariciando su cuello con una de sus manos antes de suspirar— Ese… Ese ser, jamás habría reconocido cómo se ha comportado, ni habría pedido perdón, ni habría admitido sentir algo por alguien. Y tú lo has hecho... —le susurró, mirando a los ojos a aquel hombre que ahora parecía completamente perdido— Tengo ganas de ir y partirle la cara por lo que te ha hecho —admitió con rabia, pero también era cierto que iba a necesitar mucho más que esa rabia para separarse en esos momentos del otro.

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por Nam Ji Taek el Sáb 05 Mayo 2018, 10:08

¿Debía de sentirse mejor ahora que había dicho todo? ¿Debía? Porque si era así, no se sentía mejor. Había terminado de alejar a Eunyong de su vida diciéndole que no se merecía a alguien como él, porque era lo que pensaba. Eunyong era alguien bueno, alguien que merecía una persona que le pudiese amar de vuelta, y Taek no sabía como hacerlo, solo sabía como complacer, y estaba claro que de eso, una relación no vivía. Estuvo a punto de levantarse e irse, de agarrar sus cosas y volver andando hasta su empresa y de allí ir a los dormitorios, pero Eunyong fue más rápido, y en cuanto le sintió encima de él, agachó la vista. No. No se merecía aquella cercanía, acababa de decírselo.

Fue a reprochar, pero lo único que encontró fueron los labios de Eunyong, no supo durante cuanto tiempo, pero segundos después, e inconscientemente, le devolvió aquel beso, ¿y si era el último que podía darle? Estaba dispuesto a desaparecer de su vida, así tuvies que hacer público que le odiaba, cosa que era mentira, o cualquier cosa del estilo. Miles de sentimientos se agolpaban a la altura de su corazón, queriendo destrozarlo o reconstruirlo, ambas cosas a la vez, pero no era capaz de elegir uno, pero sí lo fueron los labios de Eunyong. Aquel beso era diferente a los demás, le hizo sentir una ola de calor por todo su frío cuerpo, haciendo que el vello de su cuerpo se erizase. Estaba a gusto, eso era lo que siempre se preguntaba si iba a tener, alguien que le besase de esa manera, pero él no estaba preparado para sentir eso, por más que lo desease, y tampoco estaba listo para devolver ese tipo de afecto y sentimientos.

Cuando terminó de hablar tomó aire, y se removió, separándose de Eunyong. — No has tomado en serio mis palabras, Eunyong... — tragó saliva y se levantó del sofá, observando al contrario. — No te estoy diciendo como te tienes que sentir al respecto, solo te estoy diciendo que no seré capaz de amarte como te mereces, nunca, — le estaba mintiendo, descaradamente, en toda su cara: porque lo estaba amando en esos momentos, porque por eso había pensado en él primero, porque no quería hacerle daño. — y no quiero que por ello sufras. — bajó su vista al suelo, qué tan interesante se le hacía esa noche. No quería continuar con aquello, o más bien, se lo estaba prohibiendo. Sí quería, quería poder sentirse así siempre, sentirse querido, pero su mente lo rechazaba por completo.

Se qué... Que es demasiado pero... — notaba sus manos temblar. — Te importa si... Si te quedas esta noche conmigo, la última noche. — necesitaba eso, una última noche con él, una tranquila, para despedir aquello como debía. Solo quería volver a dormirse entre sus brazos, como aquel día, notar como le acariciaba el pelo, como le relajaba, notar como le amaban, aunque fuese solo por unas horas y después volviese a ser esa persona fría y distante a la que solo le importaba meterla por cualquier lado, esa persona que Jaebong se había encargado de crear con sus formas.

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por Kim Eun Yong el Sáb 05 Mayo 2018, 10:40

De verdad creía que sus palabras habían servido de algo, que le habría hecho ver las cosas de otra forma, además de con aquel beso. Pero no, las inseguridades, el miedo y el abuso psicológico que había sufrido por culpa de aquel imbécil que se atrevió a usarle, parecía mucho más fuerte que todo lo que le pudiera decir.

Sintió cómo quería levantarse del sofá, y antes de acabar en el suelo, se apartó de él para hacer lo mismo, ponerse en pie, observándole, manteniendo un poco las distancias, sobre todo porque cuando volvió a hablar solo tuvo ganas de golpearle para hacerle callar. No, había sido él quien no había entendido sus palabras, quien se había quedado con la parte que le interesaba y no en aquella donde la dejaba claro que sin duda, no era como aquel otro monstruo. Se llevó ambas manos al pelo, y tiró un poco de este antes de bajarlas con un bufido— No te estoy pidiendo que me ames, no te estoy presionando a que lo hagas. Eres tú quien se ha metido esa idea en la cabeza, quien tiene sentimientos y se niega a dejarlos salir —le reprochó, no mirándole con odio, sino más bien con algo de pena— Me da igual que no quieras ponerle nombre a lo que sientas. Me da igual que te vayas a mentalizar toda tu vida, o todo el tiempo que quieras, de que no podrás amarme, ¿pero crees que eso hará que me aleje de ti? ¿crees que por mucho que me digas conseguirás que no acuda cada vez que me llames? —tuvo que preguntar, mirándole como si no viera la manera en la que le tenía ya, pero por si acaso, se lo haría bien— Estoy aquí, ¿no me ves? No he dudado ni un segundo en ir a por ti cuando me has llamado, ¿y crees que es solo por los sentimientos que pueda tener hacia ti? No, me importas Taek, y me da igual que me hagas daño las veces que haga falta, nunca voy a dejar de estar para ti —terminó de decir, sintiendo que podría sollozar en cualquier momento, pero se contuvo.

No obstante, en cuanto le pidió que pasar la noche con él, la “última noche” como la había llamado, su mandíbula se tensó, y su cabeza asintió de manera automática. Aquello le acababa de romper por dentro, debería de haber dicho que no, porque la simple idea de saber que sería la primera vez que pasara una noche entera con él, y que aquello no volvería a repetirse porque el mayor buscaría la forma de que no volvieran a encontrarse, le iba a destrozar.

No articulo palabra, debía de haber captado más que de sobra la respuesta, y se dirigió a la cama para descalzarse, destapar las mantas y sentarse en el lado que iba a tomar. Palmeó el sitio que estaba libre, e hizo un movimiento de cabeza para que le siguiera. Se lo iba a dar, pero sabía que no estaba siendo para nada egoísta consigo mismo.

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por Nam Ji Taek el Sáb 05 Mayo 2018, 11:36

Las palabras de Eunyong le hicieron bajar más aún su mirada; sabía que no le obligaba a sentir nada, aunque realmente lo sintiese. Tragó saliva y carraspeó, pero le dejó hablar. Y se arrepintió, porque no quería que fuese así, no quería que acudiese siempre que le llamase, no quería que estuviese tan dispuesto a hacer cosas por él cuando Taek solo intentaría apartarlo. — Yo no... No es justo, Eunyong... No es justo para ti. — a eso quería llegar, Taek estaba pensando en no hacerle daño, aunque él se lo hiciese a sí mismo, eso ya le daba igual, pero no le daba igual llevar a otros por ese camino. Se negaba. Si había sentido calidez ante ese beso, en ese preciso momento, tras pedirle que pasasen esa noche juntos, y tras las acciones del contrario, sintió como si le echasen un jarrón de agua helada.

Estuvo a punto de girarse e irse, pero algo le empujó a ir hacia la cama, a quitarse el jersey y las botas, dejándolo todo a un lado, colocado, algo raro en él. Primero abrió el lado de su cama, luego se sentó y se tomó varios minutos para pensar sus propios movimientos. Cuando los tuvo más o menos pensados, se metió en la cama, primero dejando espacio entre ambos, luego, acercándose a Eunyong y acomodándose junto a él, quedándose de lado y abrazado a su cadera. Apoyó su rostro en el torso del contrario, se sentía a gusto, se sentía bien. Pero sabía que eso no era para él, que no estaba destinado a tener algo así, que la vida no le dejaría tenerlo a pesar de, tenerlo en esos momentos.

Cerró los ojos, frotando su mejilla contra el contrario, disfrutando de aquello como lo había hecho en la sala de 7Days la última vez. Eunyong era cálido, olía bien y era una fuente de relajación máxima, o al menos así lo sentía Taek en esos momentos, para él, era como un templo. Cansado de llorar, de aquel horrible día, y por tantas emociones juntas, empezó a quedarse dormido. — Eunyongie... — murmuró, abrazándose más a él; volvía a ser aquel pequeño cachorro adormilado. — Yo... Yo te quiero... — siguió hablando del mismo modo pausado, relajado, dejándose abrazar por Morfeo. — Solo que... — y no terminó la frase, se quedó dormido, con los ojos hinchados de tanto llorar pero con la respiración tranquila y la mente en paz por dormir abrazado al contrario.

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por Kim Eun Yong el Sáb 05 Mayo 2018, 12:13

No contestó a sus palabras, le daba igual lo que fuera justo y lo que no, iba a hacer siempre lo que quisiera, y no se iba a dejar llevar por lo que otras personas le dijeran. Siempre había sido así, siempre había sido una persona que se movía por impulsos, por lo que quería, sí, que pensaba en los demás, por encima de sí mismo dependiendo de qué ocasión, y aunque sabía que Jitaek amenazaba con romperle el corazón -todavía más-, él no iba a fallarle como amigo al menos, si es que se le iba a permitir seguir de esa forma.

Se quedó sentado en la cama esperando una reacción por parte del mayor, casi arrepintiéndose de haber accedido a aquello. No lo merecía, merecía irse de allí, dejarlo sin darle el placer de compartir aquella última noche que solo conseguiría destrozarle, pero no podía, era superior a su fuerzas, así que se atendería a las consecuencias. Se tumbó en lo que veía cómo se ponía cómodo, mientras que él se aguantó por no quitarse ninguna prenda más, no quería que pensara que aquella noche tendría algo con él, no tenía ganas, y tampoco era el momento. Siguió con la vista sus gestos, apagando la luz cuando se tumbó al fin, y para cuando fue a colocarse bien, sintió cómo rodeaba su cuerpo con su brazo, apoyando la cabeza contra su torso. Contuvo el aliento al notarlo otra vez en aquella posición, tragando saliva por la de sensaciones que el gesto le recordaba, y terminó por relajarse, porque eso era lo que podía llegar a infundirle Taek, tranquilidad y sentirse cómodo.

Pasó un brazo alrededor de la espalda del contrario, llevando su mano hasta su pelo para comenzar a acariciarlo, tal y como había hecho en la sala de descanso, y soltó un suspiro por lo bajo. Sus dedos se enterraban una y otra vez en la cabeza del mayor, de manera lenta, trazando esos dibujos que sabía que le gustaban, y fue notando cómo se iba quedando dormido. Sus palabras le tomaron por sorpresa, haciendo que prestara más atención que nunca. Le dolió que le llamase de aquella forma, con aquel tono tan calmado y de ensoñación, pero para cuando le dijo que le quería, sus ojos se anegaron en lágrimas, las cuales no tardaron en caer por sus mejillas y comenzar así un llanto silencioso— Yo también te quiero... —murmuró cuando supo que se había dormido, y se cubrió el rostro con el brazo libre, dejando que sus sentimientos aflorasen de aquella forma, soltando todo cuanto tenía que soltar llorando.

No se separó de él en ningún momento, ni supo cuándo se quedó completamente dormido. Suponía que habría acabado agotado por la cantidad de lágrimas que soltó, y sabía que la sensación de vacío que sentiría si Taek se decidía por alejarse de él por completo, no conseguiría llenarse jamás.


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por Nam Ji Taek el Sáb 05 Mayo 2018, 12:41

Nunca sabría por qué las caricias de Eunyong le calmaban tanto, nadie nunca había sido capaz de llenarle de esa paz, ni siquiera su madre, y eso que ella era la encargada de calmarle de pequeño cuando tenía pesadillas. Quizás por eso había caído dormido tan rápido, sin escuchar lo que el contrario le decía momentos después, algo que le habría ayudado bastante.

Durmió toda la noche del tirón, removiéndose lo justo para acercarse más a él, con la respiración y la mente tranquila, algo que agradecería sin duda alguna a la mañana siguiente. Y así fue como, tras los primeros rayos de sol impactando en su rostro, Taek se despertó, siendo consciente de que estaba entre los brazos de Eunyong. En otras circunstancias le hubiese apartado, pero en esos momentos no, se quedó así un par de minutos más, acariciando el torso del contrario por encima de la prenda que llevaba. Quería parar el tiempo, quedarse así un par de años, los suficientes para curar su corazón, pero se repitió a sí mismo, o más bien su mente se lo repitió a su corazón, que no era bueno hacerle eso a Eunyong, que pensasen en la otra persona antes de hacer nada, porque el que saldría peor de aquello sería el chico que le tenía entre sus brazos.

Se removió con cuidado, rompiendo el agarre y sentándose en la cama, removiéndose el pelo y suspirando. Tenía una lucha interna en esos momentos, quería estar con Eunyong pero no quería hacerle daño, y se conocía, terminaría haciéndoselo. Aún así, giró levemente su cabeza para ver al otro dormir tranquilo, algo que le hizo esbozar media sonrisa. ¿Eso es lo que vería todos los días la persona afortunada de estar en la vida de Eunyong? Sentía celos, celos por esa persona inexistente, porque él quería eso. Giró todo su cuerpo hacia el menor, acercándose despacio, aún sabiendo que se llevaría un buen hostión por hacer lo que iba a hacer.

Eunyong... — le llamó, dando unos golpecitos en su torso. Estaba a una distancia prudencial, pero cuando el contrario abrió los ojos, junto sus labios con los de él, sin pedir siquiera permiso. Se había tomado de nuevo las confianzas para hacer algo así, pero el beso no era como los de siempre: cargados de deseo. No, ese beso era diferente, era lento, quería dejarle ver sus sentimientos, dejándole claro que no llevaba razón en algo que había dicho la noche anterior: él aceptaba sus sentimientos por Eunyong, lo que no aceptaba era hacerle daño. Apoyó ambas manos en la almohada, para no caer sobre el chico y al separarse, tragó saliva, temiendo recibir algún golpe, pero antes de que eso pasase, habló.

Enséñame a amar. — susurró, con los ojos brillantes. ¿Eso era posible? ¿Enseñar a alguien con el corazón roto a amar de nuevo, a confiar en que podría ser lo suficientemente bueno para alguien? — Por favor... — tomó aire, esperando una respuesta del contrario.

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por Kim Eun Yong el Sáb 05 Mayo 2018, 14:55

Había pasado la noche tranquilo, más de lo que esperaba, mejor que nunca. Llevaba díás tan malos, noches tan largas, incluso en las que no pegaba ojo alguno solo pensando y rememorando cosas, que no podía creerse que la simple presencia de una persona pudiera calmarle tanto.

Se había acostado con el miedo y a sabiendas de que podía ser la última noche con el mayor, así que para cuando dejó de sentir su calor alrededor de su cuerpo, inmediatamente despertó, pero no quiso abrir los ojos. Notaba una presión en su pecho, imaginando lo que iba a ocurrir: Jitaek se levantaría, se pondría de nuevo la ropa que se había quitado y los zapatos, y saldría por aquella puerta para no volver a llamarle jamás. El recuerdo de aquel “te quiero” que le había soltado hacía unas horas todavía retumbaba en sus oídos y permanecía en su mente, y sabía que jamás podía quitárselo de ahí. Tenía miedo, no quería atenerse a la realidad, pero fueron unos golpecitos en su pecho, así como la forma en la que el contrario pronunció su nombre, los que hicieron que al fin despertase del todo, observando el rostro del otro por encima del propio. Ya está, le diría que se marchaba, al menos había tenido la decencia de despedirse.

Pero no, lo que obtuvo fue totalmente opuesto a lo que pasaba por su cabeza, y aquel beso le cogió por completo desprevenido. No supo cuánto duró, nunca se paraba a medir el tiempo que pasaba besando al contrario, pero sin duda lo siguió, despacio, notando raro el ritmo que marcaba en comparación a otros besos que se habían dado, y supo que aquello no era una despedida, o sí… no lo sabía, estaba totalmente confuso. Al separarse le miró a los ojos, sus manos habían permanecido aferradas a las mantas casi de manera inconsciente, y tenía ganas de apartarlo de él por creer que jugaba con sus sentimientos. No obstante, antes de que pudiera actuar siquiera, habló, y lo que dijo hizo que su pecho ardiera y tuviera que poner todo de sí por no sonreír como un idiota. Asintió, claro que asintió, y llevó una de sus manos hasta la mejilla del mayor para reposarla en esta y acariciarla con suavidad— Lo haré —respondió, en un susurro, totalmente convencido de sus palabras. Sabía que no sería algo difícil, que Taek tenía muchos miedos e inseguridades, más de las que podía llegar a imaginar seguramente, pero lo conseguiría, sobre todo porque se lo había pedido, porque había confiado en él— Con tiempo, sin prisas, sin exigencias —añadió, y se alzó para poder besarle otra vez, apoyando el peso de su cuerpo sobre el codo del brazo que tenía libre.

Nuevamente fue un beso lento, sabía que cualquier paso en falso podía conseguir que perdiera al contrario de nuevo, y se negaba que una cosa así pasara. Otra vez estuvieron tanto tiempo como para no saber medir el tiempo, o al menos así fue para él, y al separarse, soltó un suspiro calmado, al fin se lo podía permitir— Te llevaré a casa —le dijo, habiendo mantenido la mano en su mejilla y bajándola ahora hasta acariciar su cuello. Podía acostumbrase a esa versión de él, a la versión que le necesitaba, la que le susurraba que le quería justo antes de dormir, la que esperaba su ayuda y se permitía quererle aunque fuera con miedo— No sé qué hora es, pero seguro que tus compañeros preguntan por ti, y los míos... —admitió, la cosa estaba tensa en casa, aunque ya se encargaría de eso. Tras dejar otro suave beso sobre sus labios, se separó, sentándose para ponerse los zapatos, y acto seguido para ir a por su chaqueta— ¿Quieres algo de desayunar antes? —le preguntó, colocándose la prenda en lo que se giraba para mirarle, comprobando que las llaves del coche seguían en su pantalón y no se habían caído en la cama.


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por Nam Ji Taek el Dom 06 Mayo 2018, 18:04

Había tenido miedo, mucho miedo, de que le apartara, de que no le siguiese ese beso, de que le dijese que no quería nada, que le dejase en paz. Pero que le siguiese el beso, que dijese que lo haría, sin prisas, sin exigencias y con tiempo, solo hizo que sintiese una calidez agradable en su pecho, allá por la altura de su corazón.

Siguió el nuevo beso, acercándose un poco más a él para que no tuviese que hacer tanto esfuerzo de levantarse. Cuando dijo que le llevaría a casa hizo un mohín, no sabía si estaba listo para enfrentar a sus compañeros, no con la cara que tendría que tener. — Están acostumbrados a estar sin mí, no… No les pasará nada… — se quitó de encima y se sentó en la cama, observando como se vestía. Le miró ante su pregunta y negó. — No tengo hambre. — y aunque sí la tenía, sentía su estómago completamente cerrado. — Eun… ¿Nos podemos quedar un poco más? — preguntó con miedo a una negativa.

Si… Si tienes que irte, ve… Seguro que te necesitan. — pensó por un momento que el otro tendría cosas que hacer. — No te preocupes, ves. Yo llamaré al chofer para que venga a buscarme. — no se sentía listo para salir de aquella cama, y lo dejaba bastante claro, pues estaba sentado en el centro de la misma, con mala cara, los ojos hinchados y abrazándose las piernas.

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por Kim Eun Yong el Dom 06 Mayo 2018, 21:25

Tenía muchos sentimientos hacia Jitaek, era consciente de ello, pero no sabía hasta cuánto alcanzaban aquellos sentimientos hasta aquella mañana. En lo que se vestía y comprobaba sus pertenencias había escuchado sus palabras, componiendo una mueca al oír que estaban acostumbrados a estar sin él, ¿cuánto tiempo podía llegar a estar el mayor fuera de casa? ¿y con quién? Bueno, no quería saberlo realmente, así que sacudió su cabeza muy levemente.

No le presionó cuando le dijo que no tenía hambre, podía llegar a entenderlo, pero cuando le llamó y le hizo esa pregunta, toda su atención fue a él. Se quedó callado unos segundos, observando su postura, la posición que había adoptado. El tono de su voz sonaba triste y cansado, con un poco de miedo, notaba cómo de verdad quería que se quedaran allí un poco más, y se le encogía el corazón ante aquella idea. No necesitó oír más, tenía su decisión tomada incluso antes de que siguiera hablando, y ya daba igual si sus compañeros le necesitaban o no, las cosas en el apartamento era un caos y sinceramente no se enteraba de nada, así que prefería estar encargándose de sus propios asuntos— No, me quedaré contigo —le aseguró, volviendo a quitarse la chaqueta y dejar sus cosas sobre el sofá.

Se acercó hasta la cama, descalzándose y subiéndose a esta de rodillas, quedando junto al contrario y colocando una mano en su pelo para acariciarlo— ¿Quieres que nos volvamos a tumbar? —preguntó, nunca le había visto así, y a pesar de que hubiesen llegado a un punto en lo que fuera que tenían, seguía yendo con cuidado ante cada gesto y palabra— Pareces cansado, agotado —añadió, sin querer decirle que tenía mala cara, que quizás necesitaba una ducha, lo mismo pensaba que le estaba ofreciendo hacerlo con él, y no quería estropear el momento.

Se acercó y dejó un beso en su mejilla, algo que nunca antes había hecho ahora que recordaba, y se recostó en la cama, abriendo uno de sus brazos— Puedes venir aquí, vamos —le sugirió, quería que estuviera cómodo, que se relajara con él.


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por Nam Ji Taek el Lun 07 Mayo 2018, 15:40

Sentirse débil nunca era plato de buen gusto para Taek, solo le había pasado un par de veces, y siempre se prometía que nunca volvería a pasar, pero estaba claro que no podía controlar todo lo que pasaba en su vida, quiénes entraban y quiénes le hacían daño, por más que lo intentase. Que se quedase le hizo respirar tranquilo, soltando incluso un suspiro de alivio, pero no se movió, solo se limitó a seguir los movimientos de Eunyong, permitiéndose cerrar los ojos cuando le acarició el pelo. ¿Cómo era que un movimiento tan simple como ese era de calmar la tempestad que había dentro de su corazón? No lo entendía, pero creía que sería capaz, llegados el momento, de descubrirlo con su ayuda.

Estaba cansado, estaba agotado, estaba roto. Y le costaría volver a ser el mismo de siempre, pero confiaba en que todo iba a salir bien, sobretodo si sentía aquellas cosas por un simple beso en la mejilla, haciendo que notase cierta presión en su estómago, además de una calidez a la que podía llegar a acostumbrarse sin problemas.

Se giró para mirarle, y sin dudarlo, se dejó caer a su lado, moviéndose un poco para apoyar su rostro en la almohada, quedando el brazo del otro en su cuello. Le rodeó por el torso con su brazo derecho, así como por la cadera con la pierna derecha, aprisionándole y ocultando su rostro en su cuello.

No quiero que me veas así. — murmuró, cerrando los ojos. Odiaba que la gente le viese así de frágil, porque no era lo que quería mostrar, no podía mostrarse así. Eso solo daba poder a otros por encima de él, y eso le daba pánico. — Solo quiero estar bien… — sollozó, apretando el agarre de su brazo contra Eunyong. Trataba de agarrarse a algo para salir a flote, y parecía que él iba a ser su salvavidas en aquellos momentos.

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por Kim Eun Yong el Lun 07 Mayo 2018, 23:22

Las normas en el amor para Eunyong eran sencillas: cuando el sentimiento surja, y si la otra persona te va a hacer daño o no estás seguro, corta de raíz ¿Debería de haber hecho eso con Jitaek? Seguramente, pero ahora sabía, estaba convencido, y pondría la mano en el fuego por ello, de que esa regla se podía ir a la santísima mierda con él. El mayor le necesitaba, se lo había pedido, y sí que tenía sentimientos por él. Sabía que no sería sencillo, que tendría que ir con cuidado, poco a poco, pero algo en su interior le gritaba que debía de intentarlo.

Se quedó tumbado esperando por él, observándole, casi temiendo que no acudiera a su lado, pero en cuanto el otro se giró y fue directo a sus brazos, tuvo que contener el aliento sorprendido por ello. Dejó que se colocara a su antojo, sin querer decir ni hacer nada. Notó su rostro pegado a su cuello, el brazo rodeando su torso y la pierna alrededor de su cintura. Él aprovechó para abrazarle por los hombros, y pasar el otro alrededor suya hasta acariciar su mejilla con suavidad, antes de quedarse simplemente envolviéndolo con sus brazos.

Negó ante su murmuro, hundiendo la nariz en su pelo y suspirando por ello. Se sentía demasiado bien estando allí y de esa forma, pero no se olvidaba del estado en el que se encontraba su acompañante, y eso le rompía el corazón— No me importa verte así, voy a cuidar de ti, Taek, no voy a dejarte solo —respondió en tono bajo, dejando un beso en su cabeza, acariciando su espalda allí donde llegaba en aquella posición. Entendía su punto, a él tampoco le gustaría que vieran así, pero no pensaba separarse de él— Estarás bien, lo prometo —contestó, dejando que se aferrase tanto como quisiera— Puedo asegurarte, que no hay nada malo en ti, solo necesitas… ordenar tus ideas, tomarte las cosas con calma, y me vas a tener contigo —repitió, porque no quería que se le olvidara aquello bajo ninguna circunstancia.

No sabía si era buena idea sacar el tema de aquel chico, hombre, o monstruo que le utilizó, quizás debía de dejar el tema guardado bajo llave y tirar esta al mar, pero tenía que encontrar la forma de hacerle ver al otro que no era nada de lo que le habían metido en la cabeza— Conmigo puedes llorar —susurró, y lo estrechó más con él, casi se podían fusionar en uno solo, como si quisiera que se protegiera total y completamente contra su cuerpo.


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por Nam Ji Taek el Miér 09 Mayo 2018, 20:04

Las palabras que Eunyong pronunciaba eran como música para sus oídos, no sabía por qué tenían ese efecto sobre él, pero le conseguían calmar. Quería creer en ellas, creer que iba a estar bien, que él le ayudaría, que no había nada malo con él, y que podía ser feliz en algún momento.

Se quedó así, abrazado a él y tratando de ordenar su mente. Que dijese que con él podía llorar le hizo fruncir levemente el ceño, pero sabía que podía confiar en él, hasta ese extremo incluso. — Ahora… Ahora estoy bien… No necesito… Solo necesito esto. — dijo refiriéndose a estar así. Se permitió volver a cerrar los ojos, respirando tranquilo en su cuello. ¿Cómo era posible que hubiese terminado así? ¿Cómo podía haber sucumbido? No lo sabía, pero tampoco parecía importarle.

Y sí, cayó dormido, respirando tranquilo y recuperándose del cansancio que permanecía en su cuerpo. Pero si su cuerpo trataba de recuperarse, su estómago no le daría tanta tregua, y rugió despertándole de aquel sueño reparador. Se removió, suspirando y separándose un poco, adormilado aún, frotándose los ojos. — Eunyong… ¿Podemos comer aquí? — preguntó apoyándose en su codo. No quería salir de ese cuarto, sentía qué era como su guarida en esos momentos, el lugar que le protegía de la verdad que esperaba fuera para golpearle.

Había pasado mucho tiempo fuera de los dormitorios, e imaginaba que sus compañeros estarían preocupados, y además tenía su móvil apagado. Pero a pesar del mal rato que podían estar pasando, él solo pensaba en ellos dos, ahí, abrazados de esa manera, y no quería moverse de ninguna manera.

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por Kim Eun Yong el Vie 11 Mayo 2018, 18:51

No sabía hasta qué punto iba a estar Taek tan receptivo y abierto con él, hasta dónde hablará o le dirá lo que pasaba por su cabeza, pero quiso asegurarse de que iba a poder contar con él con lo que fuera, y que si se tenía que desahogar, ahí estaría apoyándolo y dando consuelo. Pero no fue necesario, y en cambio sus palabras le arrancaron una sonrisa suave en lo que asentía— Nos quedaremos así entonces —sentenció, porque haría aquello que le proporcionase estabilidad y sentirse a gusto.

Sus caricias no cesaron en su espalda, disfrutó de cómo se sentía el calor del mayor contra su cuerpo, de su respiración pausada, del aroma de su pelo y de la calma que le transmitía. Sintió cómo se quedaba dormido, y él decidió mantenerse despierto para velar por su sueño. Estaba preocupado, mucho, temía que no volviera a reír o sonreír como antes, que hubiera perdido el ánimo y que ahora mostrase siempre una faceta distinta de sí mismo. No le presionaría para que fuera el de siempre, pero quería saber cómo debía de tratarlo, o aprender a hacerlo.

Escuchó sus tripas, no sabía cuánto tiempo había pasado, estuvo entretenido observándole, pero en cuanto sintió cómo se separaba lo justo para poder alzarse un poco y mirarle, le sonrió con cariño, un cariño que sentía por éñ y que ya le había confesado la noche anterior mientras dormían— Claro, no hay servicio de habitaciones, pero el motel tiene una tiendecita abajo, puedo ir a por algo de ramen si quieres —respondió, atreviéndose a llevar una de sus manos hasta su mejilla para acariciarla despacio, mirando con detenimiento sus facciones. Tenía el rostro hinchado por haber estado llorando, pero seguía igual de guapo que siempre— Ahora vengo, prometo no tardar —le aseguró, y se acercó para dejar un cálido beso en sus labios. Fue algo corto, pero estaba lleno de tantas cosas que ni siquiera sabía si podría describirlas, simplemente podía resumirse en un “estoy aquí y todo lo que sentimos es real.

Se separó del todo del cuerpo del mayor a regañadientes, con un suspiro incluso, y se sentó para ponerse los zapatos de nuevo. Acto seguido, se colocó la chaqueta, la gorra y la mascarilla, saliendo de la habitación para bajar en busca de aquel ramen. La tienda que había allí era reducida, tampoco es que hubiera cosas para que la gente se quedara a vivir allí, así que compró dos boles de ramen grandes, así como dos bebidas y un par de barritas de chocolate y agua, quizás a Taek le apetecieran. La compra no duró más de ocho minutos, y cuando ya hubo pagado todo, se subió de nuevo.

Abrió la puerta despacio, asomando primero la cabeza y después entrando él— Ya estoy aquí, no te tienes que mover de la cama, yo me encargo de calentar esto —porque sí, había un microondas camuflado en uno de los muebles, y no quería que el otro hiciera absolutamente nada.


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por Nam Ji Taek el Sáb 12 Mayo 2018, 12:46

Estaba pidiendo mucho, lo sabía, pero necesitaba quedarse allí unas horas, hasta estar seguro de que podría enfrentar al mundo el solo, mirar a sus compañeros y no preocuparles por su horrible aspecto. Esperaba que unas horas de “reparación” fuesen suficientes para volver a ser el Taek de siempre, o tratar de hacer ver que seguía todo igual que siempre. Dejó que se fuese, notando un vacío importante cuando se fue, casi siendo presa del pánico cuando comenzó a recordar todo lo vivido. Pero se contuvo, pensó en lo que Eunyong le había dicho, en que todo iba a salir bien, y con ese pensamiento, se quedó quieto, en la cama, sentado, y con la mirada fija en un punto perdido de la habitación.

Cuando regresó, le miró algo perdido hasta que fue capaz de volver a la tierra, asintiendo y quedándose de nuevo en la cama, callado y con la mirada perdida. Trataba de poner orden en su cabeza, de colocar todo lo que había pasado y de obviar lo malo, tal como siempre hacía, pero tratándolo antes para que el problema no terminase siendo peor. Suspiró y fijó su mirada en Eunyong, observando como se movía, sus gestos y sus acciones. Nunca se había parado a mirar esas cosas, pero en esos momentos le apetecía. Así como tuvo el impulso de moverse fuera de la cama, despacio y sin hacer ruido, andar hasta donde estaba Eunyong y abrazarle por la espalda.

Gracias. — susurró ocultando su rostro en su nuca, cerrando los ojos. Sentía que en esos momentos le debía la vida. — Eunyong… La… La última vez que nos vimos… Lo que dije… Yo… No lo sentía de verdad… — quiso dejarle todo eso claro, aunque se repitiese. — Me gustó cómo… Cómo lo hiciste al principio. — quería dejarle claro que había disfrutado de cuando le hizo el amor, había sido totalmente diferente a todo lo que habían hecho y aún recordaba la sensación. Suspiró, sintiendo otra vez sus ojos llenarse de lágrimas, pero las retuvo. Quería creer que, algún día, sería capaz de amar a Eunyong tanto como éste se merecía y como él quería, porque sí, quería al chico que tenía entre sus brazos, agarrándole de la cintura, y deseaba, con todas sus fuerzas, amarle.

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por Kim Eun Yong el Dom 13 Mayo 2018, 09:28

Claro que se había fijado en el aspecto que presentaba Jitaek cuando entró en la habitación, y el primer impulso era acercarse a él, dejarlo todo y abrazarle hasta que sintiera que su ánimo había mejorado, pero no, tenían que comer, eso quizás también ayudase un poco. Por su cabeza pasaban las palabras que se dijeron la última noche que estuvieron juntos, así como las dichas en ese mismo día cuando fue a buscarle al parque. Había sido duro para él cortar el contacto con el mayor, tanto que dolía, se había estado sintiendo triste y malhumorado desde entonces, y ahora que estaba de nuevo con él, todo parecía cambiar de repente. Sin duda le necesitaba en su vida, y había merecido la pena esperar por él.

Dejó las cosas en la mesa, sacando los dos boles de ramen y el agua, los abrió y vertió esta en el interior de cada uno, para después ir a meterlos ambos en el microondas; y ahí fue cuando sintió al otro rodeando su cintura con sus brazos. Contuvo el aliento, y acto seguido lo soltó despacio con un suspiro, se sentía demasiado bien tenerle así, y le relajaba su voz así como las palabras que le dedicaba. Negó despacio, no necesitaba seguir disculpándose, ahora entendía muchos de sus comportamientos— Sé que no lo sentías de verdad, ahora lo comprendo mejor —contestó, y decidió girar entre sus brazos para quedar de cara a él. Pasó un brazo alrededor de su cuerpo, y llevó la mano libre hasta su mejilla para poder así mantener su rostro y mirarle a los ojos— Algún día, cuando estés listo, volveré a hacerte el amor —le dijo en un tono suave, recalcando que sucedería algún día, pero que no le presionaría a ello, era algo para lo que sabía que tenía que estar listo— Anoche, antes de dormirte, me dijiste que me querías... —comentó, esperando que recordase aquello porque para él había sido importante. Su pulgar se paseaba por su pómulo, y se tomó un par de segundos para continuar hablando— Te respondí, pero creo que ya estabas dormido… Y quiero que sepas que yo también te quiero, Taek —soltó, sintiendo miedo en esos momentos por haber repetido aquello pero esa ver con el otro consciente, lo mismo no quería oírlo y acababa de destrozarlo todo— No sé cómo irán las cosas, ni cómo nos irá a nosotros, pero ya veremos qué sucede. No tienes que volver a darme las gracias por nada, ya ves que es cierto que te dije que siempre estaría para ti, incluso por mucho que peleemos o discutamos —le aseguró, porque por muchos piques que hubiesen tenido a lo largo de los años, a la vista estaba que ahí seguía acudiendo para él, y si bien parecía que era solo por algo meramente sexual, al final habían surgido los sentimientos.

Se inclinó para besar sus labios una vez más, necesitaba encontrar la manera de que viera la diferencia entre gestos para usarle y aprovecharse de él, y aquellos que se hacían con buenas intenciones— Puedes ir a sentarte, el ramen estará listo ya —terminó de decir


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por Nam Ji Taek el Lun 14 Mayo 2018, 21:30

Cuando notó que se movía tuvo miedo a que se separase, hizo un ligero movimiento para impedir que se moviese, pero al ver que giraba para quedar de frente, le dejó hacer. Sus ojos estaban vidriosos, no sabía cuánto iba a durarle ese estado, podía convivir perfectamente estando cabizbajo, pero no podía vivir con las lágrimas en los ojos todo el rato.

Notó un leve cosquilleo en su mejilla, clavando su mirada en Eunyong. Sus palabras le hicieron sentir mejor, hasta que sacó el tema de lo que le había dicho la noche anterior. Recordaba algo, pero no recordaba que lo hubiese dicho en alto, creía que lo había pensado, más le dio igual cuando el contrario le dijo que él también le quería, haciéndole sonreír de lado y bajar su mirada, tímido. Era la primera vez en años que alguien le decía aquello siendo él consciente, y no siendo una fan.

Cuando terminó de hablar, y tras ese beso, le agarró de la cadera cuando le mandó a sentarse, negando despacio. Volvió a acercarse a sus labios, agarrándole sin fuerza por el cuello, besándole con tranquilidad, dejándole ver qué tan agradecido estaba con él por seguir ahí, por apoyarle, por asegurarle que todo iba a ir bien, por ayudarle. No sabía como hacérselo saber con palabras, Taek siempre había sido malo con estas, se sentía un negado completo cuando trataba de querer hacerle saber a alguien algo pero no podía, pero con Eunyong podía hacérselo saber de esa manera, porque sabía que lo entendería.

Se separó varios, muchos, segundos después, sonriendo levemente y algo más animado. Tras eso, se separó y se fue a sentar al sillón, colocando la mesa para que pudiesen comer sin problemas. Debía de encender su móvil, avisar a Eunjae, pero sinceramente, aún no tenía ganas de ello. Cuando llegó a su lado, le tomó su bol y lo dejó en sus manos, agradeciendo que estuviese ardiendo, pues tenía aún su cuerpo algo destemplado. — Después de comer… — removió el ramen con los palillos, sin mirarle. — Después puedes irte… No quiero que te metas en problemas por mi culpa. — había escuchado cosas feas de Sunhye, la manager de 7DAYS, incluso a él le daba algo de respeto aquella mujer. Lo último que quería era que Eunyong saliese mal por él.

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por Kim Eun Yong el Miér 16 Mayo 2018, 21:19

Había pasado verdadero miedo cuando le dijo que le quería, no recordaba la última vez que se lo había dicho a alguien con aquel contexto, con un sentimiento romántico de por medio… quizás Bonghee, pero fue algo hacía tanto tiempo, que casi no sabía cómo se sentía soltar aquellas palabras, y el sentimiento era simple, temor. Se había quedado observándole cuando le dijo que podía ir a sentarse, después de besarle, pero el mayor no parecía hacerle caso, sino que tenía algo que decirle, y aquello lo haría de la mejor forma en la que sabía expresarse, volviendo a besarle.

No sabía cuánto tiempo estuvieron de aquel modo, si fueron minutos o segundos, pero le dio igual, porque comprendió todo cuanto debía de comprender. Su mano había pasado de la mejilla del contrario a su pelo, y sus labios se movían despacio y de forma tierna sobre los ajenos. Se sentía bien, realmente bien, y notaba que las cosas ya estaban poco a poco mejor. En cuanto se separó, le dedicó una sonrisa que intentó qe no fuera demasiado tonta, y el pitido del microondas le salvó un poco. Tomo ambos boles con cuidado, así como los palillos, y fue detrás del otro hasta sentarse en el sofá.

Le pasó su bol, y él se hizo con el suyo para acabar de retirar la tapa del todo y remover sus fideos también. Alzó su ceja cuando comenzó a hablar, y al escuchar aquel plan negó sin dudarlo— No voy a irme y dejarte aquí —dijo decidido, no había ni una sola posibilidad de que cambiase de opinión— Créeme, soy el último que se mete en problemas en el grupo en estos días, y eso ya es raro. Me hace más bien estar alejado de ese ambiente hostil, que cualquier otra cosa —añadió, acercándose a soplar un poco la sopa antes de tomar un poco de ramen y comerlo. Cortó lo sobrante y se colocó bien para poder mirarle mientras tragaba— Cuando me marche, será para dejarte en tu apartamento con tu grupo, o si alguno viene a por ti —terminó de decir. No quería dejarle en el estado en el que se encontraba, no se quedaría tranquilo, y por mucho que Sunhye diera más miedo que el mismísimo Satanás, la iba a esquivar hasta que se asegurarse de que el mayor estaba medianamente bien como para volver con los suyos.


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por Nam Ji Taek el Vie 18 Mayo 2018, 14:21

Le miró cuando dijo que no se iba a ir, añadiendo lo que ocurría en su grupo, haciéndole fruncir el ceño. ¿Qué ocurría en 7DAYS? Estaba bastante perdido, la verdad, y dudaba que fuese algo público. — Mm, ¿qué ha pasado? — preguntó, no porque sentía que debía hacerlo, o porque debiese escuchar también los problemas de Eunyong, sino porque de verdad quería saberlo, quería que él también viese que podía confiar en él, que podía contarle sus problemas, que él también estaría para él cuando hiciese falta.

No me digas eso, o me quedo aquí todo el día… — dijo sonriendo un poco más animado. No quería irse de allí, se sentía bien. — Pero tenemos que volver, aunque no sea ya mismo… — eso era un hecho. No podía seguir huyendo como si nada, tenía que enfrentarse al mundo, y ahora que tenía a Eunyong y había compartido esa carga, se sentía mejor.

Comió el ramen con tranquilidad, le sabía bastante bien, picaba lo justo. — ¿Cómo es que estás comiendo un ramen que pica? Dijiste que no te gustaba el picante. — las tapas y el bol en sí eran el mismo, ¿acaso se estaba aguantando por comer lo mismo? Podía haberse cogido otro ramen, aunque tampoco sabía cuáles había en la tienda.

Hay un restaurante de ramen, en las calles de Gangnam-gu, que es muy bueno. ¿Te gustaría ir conmigo algún día? — preguntó mientras terminaba su ramen, bebiendo el líquido después. No sabía si llamarlo cita o no, pero se la estaba proponiendo.

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