Brothers of battles ― ssyo
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DREAM
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HYUNWOO Y SOOAH
MYP Y RCKSTR ENTERTAINMENT 1812 PUNTOS CONSEGUIDOS
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HI-MART PC
ANUNCIO TELEVISIVO ACTRIZ:
CHA DA HYE
WKA
ENTERTAINMENT
1092 PUNTOS CONSEGUIDOS
CANCIÓN:
TRAP
DEBUT
SUBUNIDAD
GRUPO
D-DAY
WKA
ENTERTAINMENT
1092 PUNTOS CONSEGUIDOS
CANCIÓN:
SPARKLES
COMEBACK
ALBUM
GRUPO:
SPARKLES
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ENTERTAINMENT
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CANCIÓN:
LOVE BUG
COMEBACK
SINGLE
CANTANTE:
WANG YOO MI
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ENTERTAINMENT
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CANCIÓN:
THE TRUTH UNTOLD
COMEBACK
SINGLE
CANTANTE:
HWAN YOUNG DO
VYR
ENTERTAINMENT
1896 PUNTOS CONSEGUIDOS
CANCIÓN:
HOT PINK
COMEBACK
MINI-ALBUM
CANTANTE:
SEO KYUN SOO
PLM
ENTERTAINMENT
2215 PUNTOS CONSEGUIDOS
CANCIÓN:
DON’T MOVE
COMEBACK
ALBUM
CANTANTE:
LIM GI BEOM
METEOR
ENTERTAINMENT
2064 PUNTOS CONSEGUIDOS
CANCIÓN:
ROLL DEEP
DEBUT
SINGLE
GRUPO:
LEGACY (RAP SUB)
METEOR
ENTERTAINMENT
540 PUNTOS CONSEGUIDOS
CANCIÓN:
BEAUTIFUL
DEBUT JAPAN
MINI-ALBUM
ARTISTA:
BAE HYUN SOO
RCKSTR
ENTERTAINMENT
1737 PUNTOS CONSEGUIDOS
CANCIÓN:
STAR BLOSSOM
DEBUT
SINGLE
GRUPO:
LEGACY (VOCAL SUB)
METEOR
ENTERTAINMENT
312 PUNTOS CONSEGUIDOS
REPORTAJE:
ANDARERROR
COMEBACK:
MODELAJE
MODELO:
KOUSAKA HITOJA
WKA
ENTERTAINMENT
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Brothers of battles ― ssyo

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por Kim Min Hoon el Lun 21 Mayo 2018, 07:39
16 de Mayo ― Casa de Syo.

Aquellos días habían sido completamente pesados. Por fin se habían enterado de cuál era el dichoso problema que tenía a todos de aquel modo y la conversación con el grupo siendo separado le había caído como una patada en el estómago. JungWoo quería abandonarlos y aunque, para el público estaba enfermo y era una especie de hiatus, todos sabían la verdad cosa que hacía que el futuro del grupo se viera bastante incierto. Se había refugiado entonces en el trabajo que tenía encima con la subunidad, enfocándose en ello para no pensar en nada más, pero sabía que todo el lio que había tenido antes con Syo también le estaba pasando factura y por las noches no podía dormir nada bien y no era solo por el cansancio o los problemas en casa.

Sin embargo, antes de que sucediera algo más había algo que debía hacer. Había fallado antes y ahora no podía hacerlo, tenía que rectificar lo que había hecho cuando joven y ser un verdadero amigo, no solo decir que lo fue alguna vez y así el menor le intentara partir la cara por ir hasta allá, lo haría, así tuviera que obligarlo como cuando eran niños. Acababan de llegar luego de practicar las coreografías de la canción principal al apartamento y aunque estaba muy cansado sabía que no podría luego. Salió de allí en poco tiempo, con un gran abrigo, capucha arriba y lentes de sol, estuvo a punto de ponerse también la mascarilla, pero supuso que a Syo aquello le iba a sentar peor, por lo que así mismo se dirigió a un lugar que nunca pensó volver a pisar: La zona pobre de Seúl.

No tardó en llegar, el camino nunca se le olvidaría. Caminó entre los callejones pendiente de las personas, de las miradas, de los caminos. Recordaba cada rincón y cada cruce, cada cosa que hizo en ese lugar acompañado de la risa de sus amigos, de Syo. Aquel lugar que solo apoyaba al crecer con algo de dinero y que no volvió a ver con sus propios ojos. Quizás su amigo si tenía razón y todo se le había subido a la cabeza, no se había creído mejor que los demás, pero si había preferido olvidarlos y en ese momento se sentía bastante mal por ello. Cuando pasó por la calle donde quedaba su hogar de la infancia no quiso ni verlo, ni volteó dos segundos a considerarlo, por lo que siguió su camino llegando en unos minutos a la casa destartalada donde había pasado mucho tiempo de su infancia. Había llamado temprano a la pizzeria y le habían dicho que era el día libre del rubio, esperaba encontrarlo allí. Tocó fuertemente la puerta, con miedo de llamar con su voz porque si lo reconocía no abriría y era lo menos que necesitaba, tenía que arreglar todo con su hermano.
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por Seung Syo el Miér 23 Mayo 2018, 04:42

En Corea la primavera no era sinónimo de calor en el ambiente, en ese lugar hasta los veranos traían el frío como una de sus características intrínsecas, él, Syo, quien por lo general era muy friolento, solía pasar los inviernos y el inicio de la primavera temblando gracias a las temperaturas, su casa vieja y destartalada no tenía forma alguna de ayudarlo a protegerse del inclemente clima que algunas veces se hacía presente, por lo que se enfermaba muy a menudo. Algunas veces bastaba solo con ir a casa de Moon Hee para poder recibir algunas pastillas de dudosa procedencia con las que el malestar no tardaba en desaparecer, pero en ese día se sentía tan mal que no se creía capaz de poder ponerse de pie por sí mismo para llegar hasta allá, tenía exactamente 26 horas sin comer nada, su aliento era lo único que podía calentar sus manos y aquella cobija de fina fibra que poseía no lo ayudaba en lo absoluto, había pasado antes por esa situación... Le dolía, pero lo superaría. Cerró los ojos con algo de fuerza y se aferró a la tela para cubrirse con la misma el rostro, debía levantarse de alguna manera pero no quería hacerlo, no quería tambalearse hacia aquella casucha porque sería vergonzoso, como ya lo era el hecho de no poder cuidar de sí mismo de manera adecuada.

Sintió un retorcijón, sus intestinos suplicando clemencia. Apartó rápidamente la cobija y enjugó su rostro con una mano en lo que algunas lágrimas se escaparon, no lloraría, estaba cansado de llorar por sí mismo, guardaría eso. Tomó impulso de su colchón para poder levantarse, le pesaban los pies casi tanto como la vida misma, se mareaba... No sabía si era por toda la sintomatología que tenía o por el simple hecho de tener hambre; así, aun así... caminó con lentitud apoyándose de la irregular pared plagada de dibujos infantiles que se habían borrado con el transcurso de los años y la humedad presente. Cuando iba por la sala escuchó la puerta siendo tocada.

A él nadie lo visitaba, no era más que alguien olvidado que algunas veces salía a ver el sol esperando que algo cambiase, corriendo bajo el mismo para algún día poder escapar de su mundo. Exhaló pesadamente, el dolor en el abdomen... ―Un momento... ―Gritó no tan alto, y se apresuró, cada vez que daba un paso era mucho mayor la molestia. Se detuvo al fin, frente a la mallugada puerta presa del pasado en el cual algunas personas la habían prácticamente destruido, la abrió... Y no pudo creer lo que estaban viendo sus ojos, allí estaba Min Hoon. Sacudió la cabeza pensando que estaba divariando por la fiebre que tenía pero no, seguía estando allí, fuerte, alto y bien cuidado... Suspiró, más frustrado que otra cosa, no estaba seguro de querer confrontarlo en ese estado. El pelinegro no había llamado a la pizzería, agradecía eso, pero todavía estaba enojado con él, nunca lo iba a perdonar.

¿Puedes irte? ―Preguntó casi en un susurro, se movió un poco hacia atrás, dio dos pasos y cuando iba a cerrar la puerta se tambaleó casi cayendo sin haber soltado el pomo de la misma ―Ah, maldita sea... ―Dejó caer la cabeza hacia atrás haciendo girar los ojos, estaba hastiado de aquello, iría después de que él se largase a casa de la vieja para tratar de conseguir los fármacos ―¿Qué quieres, Hoon?... ―Terminó por preguntar, no iba a seguir discutiendo, no en tal deplorable estado, por ende se apartó de la puerta solo dándole pase libre, él vería qué haría, si se quedaba allí estando fuera de lugar en ese ambiente en el que ya no era congruente o entrar a esa casa de humedad, tristeza y recuerdos de ambos, recuerdos de lo que fue y que nunca más sería igual, de lo que Syo alguna vez adoró pero que en esos momentos le causaba aversión.

Caminó hasta el sofá de flores desgastadas que su madre adoró en su momento, aquel que al adquirirlo fue una alegría para la pequeña familia. Se dejó caer allí y cerró los ojos respirando de forma irregular, no quería escucharlo pues los sonidos parecían incrementar los decibeles en sus oídos, podía escuchar hasta los niños jugando al otro lado de la calle, el grito gutural de los mismos al perder su balón, el sonido del mismo al tocar sus desnudos pies o desgastados zapatos de deporte; francamente era un estado terrible para el rubio ―No quiero más de tus lamentos ni tus excusas, Hoon... Así que si has venido a eso puedes irte de una vez. ―Tragó con dificultad, sentía sus entrañas retorcerse, un ruido invadió la sala y él no logró hacer más que frotarse el abdomen como si de esa forma pudiese aplacar el hambre, un gesto que desde niño hacía ansiando que funcionase, que fuese mejor que el “ve a dormir, Syo, cuando duermes no sientes el hambre.” que su hermano le dedicaba, mismas palabras que alguna vez seguramente le dedicó a Tae Min, que alguna vez incluso, profesó al mismísimo Min Hoon. ―Ve a casa, date una ducha tibia y vuelve a tu mundo, ya no perteneces a este lugar... Mira alrededor, aquí no hay más que fantasmas. ―Fantasmas de sus vidas, memorias compartidas de felicidad en la adversidad, arte infantil, ecos de risas que ya no se hallaban... La vida de ambos estaba plasmada en ese lugar, abrazos, sonrisas, caricias y juegos que ya no tenían mucho valor, pero que inevitablemente habían ayudado a formar el carácter de Seung Syo quien no quería más que arrancar todo aquello de su piel, de su mente y de su alma, que no deseaba más que borrar de su existencia a Kim Min Hoon.
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por Kim Min Hoon el Sáb 26 Mayo 2018, 03:48
Lo primero que lo hizo fruncir el ceño fue la debilidad que se filtró en la voz que le pidió un momento para abrir. Cuando le abrió la puerta se le quedó mirando, buscando nuevamente el parecido con ese niño que tanto había significado para él cuando era joven, y al ver las semejanzas tan claras ahora, tan visibles, se preguntó porque no había podido darse cuenta antes.  Su cerebro no tardó en responderle, que había preferido ignorar los leves parecidos que había notado las veces que llegó a verlo, porque cada vez que lo hacía, sentía una punzada en el estómago, el dolor en el pecho por recordar a su mejor amigo que creía muerto. Ahora sabía que debió verificar, debió sucumbir al impulso de preguntar, porque de haberlo hecho la historia que estaban viviendo hubiera transcurrido de manera muy diferente. Quizás no lo hubiera dejado de ver con esa cara que rayaba al desprecio, al fastidio por verlo allí, pero habría disminuido un poco por lo menos.

Lo vio tambalearse y el ceño se le profundizó. Si estaba enfermo o muy débil y estaba completamente seguro que no había comido nada, porque Syo era así de problemático y prefería no fastidiar a nadie y si algo había entendido de toda la rabieta de la última vez, no había mejorado nada al crecer, por lo que estuvo a punto de irse —para buscar medicinas, para buscar comida— pero decidió seguir a su mente prudente, esa que le recordó el orgullo del rubio, orgullo que no le permitiría en esa situación aceptar nada del mayor.

La puerta quedó abierta y ya que no fue atacado nada más ser visto, bueno no físicamente, supuso que podía pasar. Lo hizo y suspiró, mirando alrededor, sintiendo todos los recuerdos, esos que habían estado llegándole desde que decidió ir para aquel lugar, adueñarse de su mente. Cuando prefería esconderse allí, dormir en la habitación de Syo, que ir a su casa para evitar los gritos y demás problemas que podía recibir de sus padres borrachos o incluso en peor estado. Sacudió la cabeza para quitar esa parte de su memoria de sí, memorias que había logrado suprimir y ocultar, las mismas que sólo volvían en sus peores noches, sumadas a las agrias de una infancia que tenía un toque de color solo con las risas que compartía con Syo, e incluso con Taemin —¿Estaría incluso vivo?.

No he venido a eso — no ha lamentarse ni a excusarse, a explicarse, a suplicar perdón sí. O por lo menos a lograr algo con el otro porque no se iría de allí hasta que hubiera llegado a un acuerdo con el otro o a algún lugar. Si Syo era terco, él lo era más. Era lo que había logrado que llegara hasta donde estaba. —Yo no veo solo fantasmas, veo a una persona bastante viva que me interesa que siga así. No quiero verte convertirte en un fantasma. Una vez ya pensé que te habías vuelto uno y no pienso volver a vivirlo. — no iba a permitir que aquella situación lo alejara nuevamente de él. No dejaría que su orgullo y su cabezonería hicieran que se muriera y que terminaran de matar una de las cosas más importantes de su vida. No podría soportarlo. —¿Desde cuando te encuentras mal? — preguntó con delicadeza, mirando a la cocina preguntándose si había si quiera algo más que agua en la nevera y tierra en las despensas. ¿Lo mataría si intentaba traer algo?… Puff claro que sí lo haría.
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por Seung Syo el Sáb 26 Mayo 2018, 05:58

¿Por qué decía esas cosas? El niño al que Syo conocía, admiraba y seguía, no se expresaba así, aquel era tosco y corriente, era igual a él, de todas formas, él aprendió de ese niño, cada cosa que sabía realizar era por sus enseñanzas. Syo pensaba que había cambiado mucho, no solo había crecido y adquirido ese aspecto tan cuidado sino que también era notoria que su actitud y pensamientos eran diferentes, suspiró intentando ignorarlo, pero parecía que el eco de sus palabras había quedado grabado en su mente y no sabía si quería sacarlo de allí o no, había entendido que lo quería vivo ¿pero para él era importante lo que el castaño deseaba? Él ya había manifestado que no quería verlo, que no quería estar con él, pero el mayor seguía insistiendo, tensando la cuerda hasta que ya sentía la repercusión en la misma de tanta fuerza, él no quería romperla, no cuando se sentía tan mal y cuando él le estaba diciendo eso que en otro momento y bajo otras circunstancias hubiese estado bien, le hubiese hecho sentir pleno. ―No estoy mal... ―” Me duele mucho, cuídame como lo hacías cuando era un niño.” ―Solo cansado... es solo eso. ―” Sálvame, Min...” ―No quería decir nada de aquello, pero qué más podía hacer si no era una persona capaz de ser franca, no consigo mismo, y era algo que desde pequeño le había costado, que había pagado con creses en tantos momentos terribles que se grabaron en su memoria y que se derivaban de las mentiras que se forzaba a creer como si fuesen verdades absolutas.

Tragó con dificultad pensando, pensando en lo que en verdad debía decir, en lo que en verdad debía sentir, porque a pesar de estar deseando con la fuerza y la rabia que se hallaba en su corazón, él quería que estuviese allí, acompañándolo, llenándolo de historias, canciones y rememorando pequeñeces que no tenían la menor importancia, como cuando solo era un niño y él su modelo a seguir, se sentía tan vulnerable, preso de la desdicha, del anhelo y de su propia debilidad, una que siempre había estado allí y que solo él, Min Hoon, sabía manipular a la perfección para volverla una fortaleza ―Desde ... no lo recuerdo... Ya no estoy seguro de nada, he perdido la noción del tiempo. ―Finalizó por responder, cedió un poco y se preguntó si podía seguir haciéndolo, si no estaba mal forzar un poco su mente a dejar salir lo que le acongojaba y a tener lo que anhelaba, tal vez no lo estaría, podía ser un poco caprichoso por primera vez en su vida.

Se abrazó a sí mismo mientras cerraba los ojos, quería quedarse solo, sollozar un rato y después volver a intentar sobrevivir como siempre, lo había hecho mucho, todo el tiempo se levantaba y como la rata que era buscaba la forma de subsistir de la mejor manera posible, una no apta pero la única que conocía, no era algo nuevo para él, toda su vida había sido de esa manera, solo en su casa, encerrado, cuando su madre salía a vender su cuerpo para poner el pan en la mesa; cargando materiales en obras o en supermercados para poder obtener algo de comida que compartiría con sus pocos amigos, él estaba acostumbrado a jugar a la vida, a poder colocar el juego en jaque luego de haber caído en un mate del pastor, a contra toda probabilidad volver a estar en el ruedo. ―Ven acá. Estoy bien. Deja de decir esas cosas. ―Susurró sin abrir los ojos, no esperaba oír más de aquello porque francamente no le interesaba volver a llorar por el mayor, porque cada vez que recordaba su rostro desorientado al no saber quien era le dolía, porque para él, Min Hoon había sido su todo, su universo y su vida, quien le sacaba una sonrisa en los momentos más difíciles, porque él jamás lograría olvidarlo aunque se intentase obligar a ello, él nunca... Nunca, dejaría de recordar lo que significó en su vida.

Canta para mí como lo hacías antes, solo necesito eso, después sí puedes irte. No puedes ayudarme con nada más, y francamente considero que no necesito tu ayuda. ―Una petición demasiado egoísta, él podía ser así algunas veces, quitar pequeños fragmentos de las personas que le rodeaban para su bien, una tontería, una nimiedad vista desde cualquier otro individuo, pero obtener algo de cada quien era para Syo algo bueno, algo que podía animarlo, así fuesen solo unas palabras de ánimo, era muy básico, común... Una persona fácil de complacer, alguien que pensaría en perdonar al otro si hacía lo que le pedía... Oh vaya, para qué mentirse con eso, ya había decidido hacerlo de todos modos. ―Entiendo, que no me reconocieses; tenía muchas metas y no, sigo siendo la basura de antes, nada funcionó. Antes se rían de mí por eso “el maestro” me llamaban, pero luego se dieron cuenta de que estábamos iguales y lo dejaron. Puede que pensases que sí lo logré, pero bueno, uno de nosotros se salvó de esto... Eso es bueno, lo es. ― Le faltaba el aliento, se sentía tan agotado, tan cansado de vivir que lo reflejaba también con aquel malestar, quería comprenderlo y quería excusarlo, claro que ansiaba eso, no sentirse utilizado como un entretenimiento, un niño vulgar con quien pasar el tiempo, deseaba con todas sus fuerzas también alegrarse por la vida que él llevó, pero también se le hacía difícil porque esa vida no lo involucraba, porque él era feliz sin su compañía, porque el Syo acostumbrado a tenerlo cerca lo deseaba allí, con él, apretados en aquella casa, abrazados ante las adversidades, susurrando cosas sin sentido para mantenerse cuerdos... Después de su hermano y su madre, Min Hoon había sido su tercera pérdida, una a la que jamás pensó en perder, porque inevitablemente, era una a la que más se aferraba por ser lo único, lo único que más quería y lo único que más amaba.
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por Kim Min Hoon el Lun 28 Mayo 2018, 04:48
Suspiró mirándolo mientras este juraba que estaba bien, que solo estaba cansado y que nada pasaba. Puras mentiras. Hoon lo conocía mejor que nadie pasaran los años que hubiesen pasado. Podía notar los temblores, el mareo y el hambre en su figura. Quería cuidarlo y protegerlo, pero era la persona más orgullosa y terca que conocía y mientras eso le gustaba de su persona, también lo odiaba, porque significaba que duraba el triple de tiempo para ayudarlo. Sin embargo, haría lo que hacía cuando niño, casi sin pensarlo: Hacer las cosas sin preguntarle, de esta manera terminaba obligándolo a todo. Lo vio acurrucarse en sí mismo y cerrar los ojos. Su petición le trajo miles de recuerdos más. Cuando estaban niños y él había comenzado a aprender música de aquel viejo profesor, había empezado a cantarle a Syo. Cuando tenían miedo. Cuando quería calmarlo. En las noches donde compartían la pequeña cama de aquella casa y los ruidos, el hambre y la situación les impedía dormir, lo abrazaba y le cantaba. Había una canción en inglés que Hoon había aprendido, una de las primeras y que le había cantado por completo en un cumpleaños a su Syosi, porque era el único regalo que podía darle. La recordaba perfectamente y llevaba casi ocho años sin cantarla, pero lo haría de nuevo, por Syo, para demostrarle que había vuelto.

Se acercó más a su lado e importándole poco que se molestara, que no lo quisiese allí, que le hubiera hecho aquella petición diciéndole que luego se fuera, lo abrazo. Lo abrazó con fuerza casi sentándolo en su regazo y allí mirando a la nada comenzó a cantar. Esperaba sinceramente que su voz no se quebrara, que las lágrimas no salieran, porque no era el momento, no podía mostrarse débil frente al rubio, nunca lo había hecho. —You've got me surrounded, It feels like I'm drowning and I don't want to come up for air. I lost everything, I threw myself in and you took me when no one was there. — comenzó. Estuvo cantando aproximadamente tres minutos. Lo que duraba la canción y consideraba todo un logro que solo se le hubiesen aguado los ojos y que no hubiese afectado su voz. No sonaba como el mismo niño que había cantado aquello en las noches oscuras, pero tenía el mismo sentimiento que en aquellas veces, el mismo significado y esperaba que el menor así lo sintiera. —Nos salvaremos juntos, no creas que te voy a dejar morir aquí solo. — no lo haría, no lo iba a permitir.

Lo abrazó unos minutos más, queriendo quedarse así para siempre, pero el calor que sentía de aquel cuerpo no era por el abrazo o la cercanía de sus personas. Era por la fiebre que le había subido porque sí estaba enfermo. Suspiró y frunció levemente el ceño sopesando si hacer lo que estaba pasando por su mente o dejarlo estar porque había logrado mantener ese encuentro con relativa calma y aquello lo iba a arruinar… un poco… demasiado. ¡Bueno era por el bien de Syo!.

“No me mates” quiso decirle, pero si le daba una advertencia no podría hacer nada. Aprovechó su altura y su fuerza —con Syo no había sido difícil nunca hacer aquello, aunque él fuese un niño delgado y débil también de pequeño— y se levantó del mueble, para luego cargar al menor como un saco de patatas. Se había preparado para los golpes y el movimiento, aunque esperaba que la fiebre y el malestar ayudaran a que no se le cayera y lo llevó al baño. Pequeño, viejo, pero limpio. Allí lo metió en la pequeña bañera y abrió la regadera, sabiendo que el agua saldría fría, pero solo necesitaba enfriarlo un poco para luego ir a meterlo en la cama. Luego vería como conseguir medicamentos o comida sin que se le escapara el chico frente a él que tiritaba por el agua que estaba cayéndole encima.
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por Seung Syo el Lun 28 Mayo 2018, 06:10

Aunque no quería, Syo lo recibió a su lado sin chistar; Min Hoon sabía como se encontraba, sabía que el hambre inclemente siempre surcaba la vida del rubio, sabía que era enfermizo, así como también sabía que era dependiente de él... Pero cuando se fue, cuando se alejó de su lado, Syo había aprendido a arreglárselas, trabajando fuertemente, intentando darse aliento, buscando dárselo también a su madre cuando esta fue diagnosticada, la esperanza se había convertido en su mejor amiga, una que como el mayor no lo abandonaría a su suerte, porque él no renunciaría a ella, él, aunque había dejado sus sueños... Sabía que algún día todo estaría “bien” que podría tener a su madre al lado y que no sería tan pesada la carga que tendría, aquella que lo lograba hacer desesperar, que había tomado lo que era su vida y todas sus ilusiones.

Se aferró al cuerpo del mayor manteniendo el rostro contra su pecho, inhalando el aroma de su perfume... Le era increíble como había cambiado, pero lo que más le resultaba increíble era el hecho de sentirse protegido con su presencia, presencia que tantas veces ansió sin ningún resultado, aquella que esperó que tocase a su puerta durante mucho, porque hasta para eso Syo había tenido fe, para aguardar por Min Hoon, él creyó durante una temporada que Min Hoon llegaría de nuevo y lo abrazaría, le diría que todo estaba bien y que no se iría, renunció a eso la primera vez que lo vio al irle a llevar una pizza, su rostro tan indiferente para con él... Su amabilidad. Syo pensó que ya no lo quería, que tantos pasos dados de forma sincronizada, que tantos abrazos y palabras eran mentira, muchas falsedades profesada para poder tener a alguien y no sentirse tan solo, lo odió... Lo odió con todas sus fuerzas por hacerlo sentir tan mínimo, como lo que era prácticamente, una basura más de esos barrios.

Y también lo hizo por algo más, por llorar... Porque aunque quisiese ser fuerte, él lloraba demasiado, por sí mismo, por su familia, por lo que pudo ser de no haber tenido la mala fortuna de haber nacido en un hogar como ese bajo aquellas condiciones; pero también lloraba por su amigo, porque él pensaba demasiado en él; también, en ese momento donde se acurrucaba contra su cuerpo, donde recibía aquel abrazo, Syo quería llorar; su voz no era la misma de antes, también había cambiado... Pero aquellas palabras que él no entendía del todo no lo habían hecho, había tenido que aguardar mucho hasta poder darles un sentido, la canción era una ironía, porque Min Hoon sí lo había abandonado, él ya no tomaba su mano, él ya no le pertenecía como alguna vez el rubio creyó que lo hacía. Alzó la mirada cuando lo escuchó terminar y con los ojos humedecidos por las lágrimas que ansiaban salir, lo observó, miró su fuerte mentón, sus labios, sus ojos... Y no lo reconoció.

Gracias. ―Fue lo único que dijo, tocó la piel de su cuello en una precaria caricia, era todo lo que podía hacer con la gran tristeza que lo embargaba, no tenía ganas de seguir discutiendo y había dejado caer todas sus barreras, ya no había paso atrás, ya no podía defenderse de sí mismo, porque sabía que su mente, su cuerpo y su corazón estaban ansiando estar con el moreno, quería eso con todas sus fuerzas, tanto como deseaba un plato tibio de comida, que su madre mejorase, poder volver el tiempo atrás y tomar otras decisiones. Quiso decir algo más, lo meditó incluso con el poco raciocinio que le quedaba pues estaba pensando en cosas que no eran más que incoherencias, sin embargo, no fue ni siquiera capaz de terminar de meditar en las posibles palabras que pudiesen salir de sus labios pues fue repentinamente cargado por el mayor, como le dolía ser tan vulnerable, manipulable y frágil...Él también quería poder, no simplemente seguir como un niño, porque Min Hoon lo trataba de esa manera, como si fuese un niño.

Movió sus piernas intentando soltarse de él pero aquello no sirvió de nada, cada vez que realizaba un movimiento brusco su cabeza parecía dar vueltas, cuando se resignó agarró la camisa del mayor y solo se quedó allí, intentando ver atrás pero no lográndolo por su cabello cubriéndole los ojos. Sin embargo, no soltó más que un quejido que emitió cuando luego de estar en la bañera sintió el agua fría caer sobre su cuerpo, cerró los ojos durante un instante y luego los abrió, alzó la mirada hacia él y sin poderlo evitar empezó a llorar, un llanto demasiado alto que no podía detener, que superaba el sonido que la oxidada regadera emitía mientras dejaba caer el agua ―... No puedo, no puedo... Ya no puedo más, ella está muriendo y yo estoy aquí siendo inservible como siempre, porque no puedo ayudarla... Ella... Hoon... mamá está muriendo. ―Le dijo entre alaridos antes de taparse la cara; estaba avergonzado, no quería ser más un ser lamentable, esperaba en verdad lograr cambiar eso de sí mismo algún día. Se aferró después al borde de la bañera, su ropa mojada se pegaba de su cuerpo incomodándolo, sus cabellos igualmente estaban sobre su rostro, necesitaba salir de allí, no quería más de eso.

Se alzó lo mejor que pudo y colocó las manos sobre la baldosa de la pared hasta que lo logró, pero aquella no fue en lo absoluto una buena idea, todo lo contrario. Agarró una bocanada de oxígeno que rápidamente exhaló, se encontraba peor, mucho más mareado, su visión nublosa y su piel siendo recorrida por un escalofrío que para su desdicha conocía demasiado bien; quiso decirle que lo sostuviese pero no tuvo tiempo de ello, cuando se percató se hallaba cayendo, sus ojos cerrados y su cuerpo inerte, había sido demasiado para él, pero por segunda vez en el día -siendo la primera aquella donde escuchó el inicio de la melodía que el contrario le había dedicado- Syo sintió paz, una que en cierta forma agradeció.
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por Kim Min Hoon el Lun 28 Mayo 2018, 23:33
Le mataba ver a Syo así. No era solo lo delgado que se vio con la ropa mojada, los ojos rojos o los lamentos. No era sólo la pobreza que se sentía en el ambiente, eran los sentimientos, el dolor en su voz, en su rostro. Sus brazos se acercaron cuando comenzó a llorar para abrazarlo, mojándose todo en el proceso. No podía dejarlo así y entendió muchas cosas, porque estaba más triste y depresivo de lo normal para su situación, aunque la madre del rubio no había sido la mejor ni el mejor modelo a seguir, todo lo que había hecho había sido para que pudieran comer algo, por lo que en lo personal Hoon nunca la había criticado o juzgado. Por lo menos ella buscaba una manera de alimentar —mal pero hacerlo— a su único hijo. Los padres de Min Hoon aparte de haber tenido más hijos de los que podían alimentar, habían preferido gastarse el dinero que conseguían en bebida y drogas e ignorar a los muchos hijos que dependían de ellos. No podían dejarla morir, pero ya hablaría del tema luego… Porque el chico que estaba tratando de cuidar y de bajarle la fiebre si estaba mal, no era un simple cansancio y terminó desmayándose allí mismo.

Logró agarrarlo antes de que se matara en el proceso por la caída y suspiró. Ahora debía cuidarlo y aprovecharía de comprar lo que necesitaban porque no iba a dejarlo así esa noche. Lo iría a matar su líder, pero no podía dejar a Syo solo más nunca. Lo llevó a su habitación y luego de cambiarlo y secarse el mismo fue por comida y medicamentos. Al volver seguía dormido y aprovechó para preparar todo en la cocina, no podía pelear con él ni decirle nada si simplemente le ponía todo al frente. Tenía que aprovechar su enfermedad. Se sentó en el banco de la cocina mientras la sopa se hacía suspirando. Mirando alrededor de aquella vieja cocina, esa donde habían aprendido a hacer todo lo que conocían de comida porque si no, jamás hubieran podido comer nada de lo que conseguían. Iba a pasarla mal con sus pensamientos en aquel lugar, pero lo soportaría por Syo, porque se lo debía y el chico lo merecía. Era una de las mejores personas que conocían y la vida le había dado una patada, él estaría allí para amortiguar el golpe y tratar de sacarlo de ese hueco, porque no lo dejaría hundirse más.

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