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CANCIÓN:
SOMETHING NEW
DEBUT SOLISTA
MINI-ALBUM
ARTISTA:
HAN SU MI
KSJ
ENTERTAINMENT
240 PUNTOS CONSEGUIDOS
DORAMA:
FUGITIVE LOVERS
DEBUT:
ACTRIZ
ARTISTA:
HWAN TAE JOON
MYP ENTERTAINMENT 1445 PUNTOS CONSEGUIDOS
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por Min Dae Jeong el Sáb 26 Mayo 2018, 19:35

Veinte de Mayo
12:00 horas

Despertó enredado en las sábanas, con un bombeo agudo en la cabeza que le obligó a volver a cerrar los ojos. El sol entraba por la ventana, reflejándose en el suelo de la suite, alargando las sombras de los objetos y muebles que encontraba a su paso y reclamando el espacio perdido en la noche. El rubio se sentía cansado, más bien resacoso tras la fiesta. Bastó que se moviera en la cama para sentir el peso de un brazo cruzado sobre su espalda, apartándolo con cuidado para incorporarse.

Tenía recuerdos vagos de lo que había pasado. Se separó de Yongguk alrededor de las once del día anterior. Esto no había sido premeditado, de verdad lo perdió entre el gentío del club. Fue en un instante en el que despareció a por dos copas y tras el cual ya no supo nada más. Quizá debiera haberlo llamado, era un pésimo amigo por ello, pero esperaba que le perdonara cuando le explicara porqué...

Su vista se desvió automáticamente a la chica morena que descansaba ahora boca abajo en la cama. Oh venga, Yongguk ni siquiera podía enfadarse con él por eso, el chico se lo había hecho también en otras ocasiones. Tampoco tenía nada de qué preocuparse, ni loco iba a dejarlo de lado a él y al grupo por alguien a quien conociese una noche. Ya lo decía el dicho, lema por el cual Dae se regía de manera estricta: Bros before hoes.

Garabateó una nota rápida en el bloc de notas del hotel que descansaba sobre la mesilla para cuando despertara la chica, y tras eso fue directo al baño, decidido a darse una ducha y salir de allí antes de jugársela demasiado. Buscó sus pantalones, encontrando la cartera, pero no la clásica mascarilla negra que le había salvado de mil problemas similares. ¿Dónde demonios estaba? Buscó alrededor de la suite, dando la batalla por perdida... y lo habría dejado estar de no ser por la hora que encontró saludándole en el móvil —12:00— y el espectáculo que tuvo que enfrentar al alzar la vista al espejo del baño. —...Puta madre —blasfemó, llevándose las manos a los distintos moretones que empezaban a formársele en el cuello y las clavículas. No podía presentarse así en RCKSTR. Lo iban a castrar. Rest in peace... pieces, más bien. Hombre muerto. —Cómo cargarse tu debut de idol en una noche, by Dae —Masculló, buscando rápidamente en la lista de contactos, hasta dar con Yongguk —su salvador, dios griego, rey indiscutible... le diría lo que fuese para que le sacara de esa situación—, y esperó a que contestara, tamborileando con los dedos sobre el móvil, mordiéndose el labio inferior— Guk, tío, ¿estás ahí? —preguntó, sin dejarle ni responder— Tengo un código rojo ahora mismo, necesito que me saques de esta, como se enteren en la empresa DJV se vuelve un déjà vu de verdad.— Más bien solo él, todos sabían de sobra la opinión acerca de "idols irremplazables" que tenía la empresa... pero bueno, dramatizar un poco tampoco estaba de más, necesitaba su cooperación.

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por Jun Yong Guk el Lun 28 Mayo 2018, 20:07

Tirado en la parte de atrás del coche de su padre, Yongguk veía el último episodio de la serie de espías a la que era adicto, yendo de camino a almorzar con su progenitor por petición de éste y no había tenido corazón para negarse cuando su padre se ponía «amoroso» —en el único sentido en que el tipo solía llamar tras meses de no dar señales y pedir una comida—, así que había aceptado finalmente. Estaba distraído con el teléfono en la mano cuando éste, repentinamente, comenzó a sonar. En la pantalla se leía en hangul «Dae Puto» y consideró por varios segundos bloquear la llamada para seguir viendo su serie, pero, finalmente, dando un largo suspiro, atendió—. ¿Qué quieres? —fue su forma de responder, siendo interpelado inmediatamente por una barahúnda de palabras que lo dejaron momentáneamente confuso. Se quitó el teléfono del oído, observando la pantalla con un ligero ceño fruncido—. ¿Qué tienes que? —repitió, aunque de por sí había escuchado bien «código rojo». ¿Estaba atrapado en algún lugar con una tía? ¿Se pasó de noche? Vaya, vaya, vaya. Una sonrisa divertida se coló en los labios de Yongguk, sí Daejeong no la intuía ya—. ¿Un qué? —comenzó a tomarle el pelo, riéndose entre dientes ante la estúpida situación en la que su mejor amiga se había metido. Venga, ya, ¿cuántas veces le había dado la misma charla de tener cuidado en donde termina, con quién y cuándo? Había sufrido tantas veces de ese mal que ya había cogido escarmiento—. Oh, Daejeong-ah, ahora sí que estás en un gran problema —se burló, ahora sí que soltó una carcajada con total libertad, riéndose por un par de minutos mientras se sentaba en el asiento trasero del móvil y veía como su padre y su asistente lo miraban por el retrovisor.

¿Dónde se supone que estás? —inquirió cuando dejó de reírse, mirando el reloj en su izquierda y viendo que eran las doce y un par de minutos más. En serio, sí que se había pasado. Y él se iba a burlar por semanas de eso—. Ahora mismo iba a almorzar con mi papá, le diré que me deje cerca de dónde estás, ¿debo llevar algo? —preguntó, encogiéndose de hombros cuando su progenitor lo miró con reproche. Podía leerle el pensamiento hasta allá: íbamos a comer juntos. Moduló un «lo siento» a su padre, atendiendo a la urgencia de su mejor amigo—. Tienes suerte si no te cuelgan de… —tuvo que morderse la lengua porque los dos hombres de adelante estaban viéndole y tenía una imagen que mantener. Eso sí, a penas viera a Daejeong, le iba a soltar toda la risa que tenía dentro—. Habla o te dejo tirado —chistó, incapaz de ocultar su diversión.

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por Min Dae Jeong el Dom 03 Jun 2018, 14:38

Por supuesto que Yongguk no iba a darle el placer de sacarle de allí sin hacer preguntas. Era su mejor amigo, pero también era un cabrón para ese tipo de cosas. Dae sabía tan bien como él que, en la situación inversa, hubiera torturado al chico con lo mismo, así que tampoco protestó en demasía mientras lo oía reír al otro lado de la línea. —Fuiste tú el traidor que desapareció anoche, te dije: "Voy a por una ronda" y cuando volví eras Guk fugado. —le reprochó, casi como un crío al que han dejado sin galletas. Todo era bastante surrealista de por si. Acababa de pasar un cuarto de hora buscando la mascarilla negra que usaba para esconderse, desnudo, hasta dar con ella en la muñeca de la chica que seguía dormida en la cama. Su mano atada al cabecero. Apenas se acordaba de eso.

Me dejaste, —dramatizó — así que tuve que buscarme otras compañías. —La chica no se movía nada de nada en la cama, y de no ser por el pecho, moviéndose de manera ascendente y descendente por la respiración, la pregunta le habría asaltado la mente: «¿Está muerta?». Joder, sentía que podía ponerse a gritar en la habitación y esta seguiría durmiendo. —Va, dime que vendrás, no serás tan malo de dejarme tirado dos veces el mismo día ¿verdad? —de haber estado frente a él le habría echado una de esas miradas de niño huérfano y solo en el mundo despiadado, frío y cruel... pero Yongguk no estaba delante, así que la técnica persuasiva no funcionaba. —Estoy en el hotel Shilla. Hay una entrada trasera con poca gente, la habitación está a nombre de ella... —trató de recordarlo sin resultado— ...así que... ¿por favor? —fue derecho al baño, mirando entre las botellas de champú una que le gustara—¿Te he dicho ya cuanto te quiero? Está dios, y encima estás tu. El único inigualable y sensual Jun Yong Guk... —casi se rió al decirlo, sabiendo que al otro le iba a dar todo el cringe escucharle— Tío, no seas cruel conmigo. Sácame de aquí.

Esperó confirmación, encendiendo la ducha y buscando el agua caliente mientras le hablaba. —Sabes que DJV no sería tan divertido sin mí molestándote a todas horas. Además, ¿a quien le contarás tus conquistas? ¿A Do-hyun? Lo traumarás. Pago yo la próxima vez que nos pasemos por Kaisin —adoraba ese restaurante— ¿Vendrás...? —suspiró, rindiéndose, era su último recurso— responderé cada pregunta vergonzosa que quieras hacerme si lo haces.

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por Jun Yong Guk el Mar 05 Jun 2018, 00:21

Riéndose estruendosamente por lo quejica de su amigo, Yongguk tenía una expresión divertida en su rostro mientras hablaba por el teléfono—. Tenía cosas qué hacer, chicas con quien estar, asuntos que dialogar, ya sabes, soy un tipo ocupado —dijo, burlándose un poco. No mentía del todo, en realidad había intentado localizar a la esquiva de Hyorin cuando desapareció de la vista de su mejor amigo, confiando plenamente en que el tailandés no iba a perderse o hacer algún tipo de alboroto—, has sido tú quien se ha enrollado y se ha pasado de copas, ¿qué quieres que haga? —chistó, quitándose el teléfono del oído y tapando el micrófono incorporado mientras le decía a su padre «Hotel Shilla, gracias» y éste, sabiendo que eso significaba abandono de su parte, le ponía mala cara, pero aún así activó el GPs en la dirección que Yongguk le indicó—. Ew, qué asco, cállate de una vez antes de que cambie de opinión —su padre murmuró un sorpresivo «estamos más cerca de lo que pensé» y Yongguk se atrevió a mirar por la ventana de la camioneta, el letrero del hotel con letras boyantes refulgiendo a lo lejos—. Ya, ya, deja de llorar, ¿cómo se supone que voy a saber dónde estás? Mándame siquiera el número de la habitación, imbécil —regañó, colgándole de una vez y bajándose cuando su padre lo dejó en una de las entradas traseras. Despidiéndose, saltó del automóvil, acomodándose la máscara negra y la gorra. Un par de repuesto en el bolso que traía guindado en el hombro, menos mal que siempre tenía uno ahí y era justamente ese el que le iba a dar al estúpido de Daejeong.

Cuando entró al hotel, se quedó momentáneamente perdido, durando casi cinco minutos esperando en el hall a que su amigo le enviara el número de la habitación. Cuando al fin lo hizo, resoplando algo en la línea de: estúpido Daejeong, ojalá te lo arranquen, se aventuró al ascensor, presionando el octavo piso. Esperó ahí dentro, rogando por no encontrarse con nadie allí y por varios minutos, estuvo distraído con la canción del elevador hasta que éste le indicó que habían llegado a su piso. Bajándose, fue al final del pasillo de las suites privadas —no sabía quién había pagado, esperaba que no fuese el idiota de Daejeong porque luego aparecería registrado en su tarjeta de crédito y la compañía lo sabría—, y cuando llegó, había una mujer del aseo allí. Con una sonrisa encantadora, Yongguk se dirigió a ella—. Buenas tardes, que pena molestarla, ¿podría hacerme el favor de abrir mi suite? Es que mi novia está esperándome allá abajo y se me olvidó pedirle la llave, tengo que llevarle un pantalón porque tuvo un… pequeño accidente femenino —le dijo, asegurándose de lucir medianamente contrariado y poner esa cara de niño bueno que no rompía un plato. Vio la duda en los ojos de la señora, duda que se transformó posteriormente en aceptación y fue a abrirle la puerta. Agradeciéndole con otra gran sonrisa, Yongguk se metió en la habitación.

Nada más entrar al cuarto, su mirada se posó en la chica morena acostada boca abajo en la cama—. ¿La mataste de una follada? —dijo, frunciendo el ceño porque parecía muerta, incluso se acercó a ella para ver si estaba respirando, oyendo el ruido estruendoso de la ducha. Sin embargo, decidió dejarla ahí, dirigiéndose al baño y sin ningún pudor, abrió la puerta, el cristal empañado de la ducha y su amigo desnudo bañándose. Se acercó, dándole varios golpes al cristal—. Creo que mataste a tu chica —le dijo, alzando las cejas en una pregunta silenciosa.

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por Min Dae Jeong el Sáb 09 Jun 2018, 16:36

Aquello era el karma por todas las veces que Dae se había reído a carcajada limpia de Guk y había tenido, también, que salvarle el cuello. Era como un partido de tenis, pasándose la pelota de uno a otro (de un campo a otro), hoy por ti y mañana por mi. Le hizo gracia que el motivo de la desaparición del chico hubiese sido el mismo que el suyo: chicas, y ante eso ni le cuestionó, diciéndose que le preguntaría más tarde, por supuesto. —En el fondo me amas. —contestó, con una sonrisa ante rechazo de su amigo. Se relajó cuando intuyó que iba a venir, y le mandó la habitación por mensaje, colgando y pasándose una mano por el cabello. Bien. Casi podía sentir el nudo que se había formado en su estómago comenzando a desaparecer.

Revisó la habitación una última vez, comprobando que todo seguía igual, y se metió en la ducha, quedándose bajo el agua al menos 5 minutos sin hacer nada. Le dolía la cabeza, y la resaca ahora le reprendía por los excesos de la noche. Eran las ventajas de acabar de debutar. Eran relativamente desconocidos. Podían permitirse la licencia de caminar por la ciudad más libremente sin que los reconocieran al momento, con la excepción de los dreamers. No quería ni pensar como sería la experiencia para grupos más consagrados. Era bueno y malo a la vez.

Alargó la mano al champú, enjabonándose el pelo e hizo lo mismo con el gel de baño, terminando de asearse. Perdió un poco la noción del tiempo dentro de la ducha, sobresaltándose al oír los golpecitos sobre la puerta.

Casi se cayó.

Al principio dudó de si la chica se habría despertado, pues tenía el cristal empañado, pero la voz ajena era inconfundible. — ...Yongguk, joder, casi me da un ataque —protestó, cerrando el mango del agua y buscando una toalla. No le molestó la aparición repentina, o la invasión de privacidad, porque honestamente poco había que no hubiese visto. Compartían habitación, mismo grupo, vestuarios conjuntos antes de las actuaciones... En circunstancias normales lo habría empujado dentro de la ducha y cerrado la puerta mientras terminaba de secarse el pelo fuera, pero ya habían suficientes problemas como para añadir ropa mojada al montón. También se alegraba de verlo, pero no era plan de abrazarle tampoco, eso habría sido muy gay tal cual estaba. —¿Que maté a quien? —preguntó conforme se terminaba de secar el pelo con la toalla, y la descartaba a un lado, mirando a Guk. Comprendió a lo que se refería y negó, divertido— ¿La chica? Qué va. La ultima vez que miré respiraba así que... deberíamos irnos antes de que se despierte. Le miré el móvil, no hay fotos.   —Trató de darse prisa. El escenario en el que estaban era el sueño húmedo de toda revista de cotilleos. Dos idols y una chica en un hotel. Les faltaba tiempo para salir corriendo. —Has llegado súper rápido, ¿huías de alguien? —comentó, buscando su ropa y vistiéndose mientras andaba por la habitación, recogiendo las llaves, la cartera y el teléfono.

¿Trajiste base de maquillaje? —ladeó el cuello para hacer más evidente el porqué lo decía. Varias marcas moradas reclamaban su piel, como nebulosas. El dolor de cabeza seguía matándole —Recuérdame que no vuelva a beber alcohol al salir... —Protestó, pero era mentira. Bebería igualmente. Ambos. Lo sabía tanto Dae como Yongguk. Arrepentimiento pasajero que desaparecería el próximo día libre. Buscó las gafas de sol y la mascarilla que trajo el otro, dándole las gracias con un gesto de cabeza. — Te debo una.


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por Jun Yong Guk el Dom 10 Jun 2018, 03:12


¿Soy acaso una mujer? —replicó a su pregunta, mirándolo fijamente con el ceño fruncido. ¿Él pretendía que viniera preparado con un kit de maquillaje o como? Al ver el gesto de su mejor amigo, se acercó a él para observar cuál era el problema y notar los moretones lo hizo silbar por lo bajo—. She likes it rough —dijo en inglés, alargando el silbido mientras se acababa a su amigo y le daba varias palmadas en la espalda—. La compañía te va a matar, por fin tendré un cuarto para mí solo, fue un placer conocerte —esbozó la sonrisa más cínica que podía, alzando los brazos en señal de que no había nada que hacer y pretendió salir del baño para largarse de ahí. Por supuesto que, esa no era su intención.

Al regresar a la habitación, volvió a darle una mirada a Bella durmiente, percatándose de que seguía tan muerta como cuando llegó y buscó a tientas entre el desorden de ropa por el bolso de la chica. Efectivamente, tirado debajo de la silla del tocador estaba una bolsa oscura y Yongguk se hizo con ella—. Ven, idiota, vamos a ver que tenemos aquí que pueda servir —le dijo a su amigo, volcando todo sobre le tocador y comenzando a expurgar los cosméticos. Efectivamente, típica mujer, tenía todo un kit de más cosas de las que él podía descifrar. Buscando entre los productos y leyendo cuidadosamente las etiquetas, encontró algo de color caqui líquido, una cosa con un montón de colores y un polvo blanco que... no tenía idea de para que servía—. ¿Por qué tantos productos? ¿Qué se hacen? ¿Cirugía?  —él usaba maquillaje porque las estilistas se lo aplicaban durante promos y conciertos y cosas así, pero la mayor parte del tiempo —por no decir siempre—, se quedaba dormido durante todo el proceso.

Viendo el desastre de objetos y que no tenía ni puta idea de cómo aplicarlos, se volvió hacia Daejong—. Esto será una locura —le dijo a su amigo, quedándose completamente perdido con las cosas y volviéndose hacia él. Agarró la cosa que tenía un montón de colores, hundió su dedo en el verde porque... el verde contrarrestaba el rojo, ¿no era esa la teoría del color? No tenía idea. Comenzó a aplicarlo sobre el moretón de su amigo, luego hundió el dedo en algo del tono de piel del chico y volvió a untarle, viendo el resultado, decidió entonces escoger esa cosa líquido (sin limpiarse los dedos), se echó un montón en la mano y comenzó a esparcirlo por todo el cuello del muchacho, haciendo un masaje prácticamente. Vio que quedó como muy pálido y ligeramente verdoso, así que volvió a coger un color, pero terminó echando los dedos en un marrón oscuro y sin percatarse, empezó a esparcirlo por el cuello de su amigo: el resultado fue una enorme y asquerosa mancha entre café y verde.

¿Qué mierda era eso?

Esto... no ha salido nada bien —le dijo a Daejeong, viéndole la mancha más asquerosa por momentos y miró hacia la muchacha sobre la cama—, ¿será una completa mierda si levantamos a Bella Durmiente a que te maquille? —preguntó, haciendo una mueca al volver a ver la cosa que tenía Daejeong. Vaya mierda, menos mal que no había sido maquillador o estaría muriéndose de hambre—. Creo que necesitamos ayuda... de verdad, eso parece una enfermedad asquerosa —comentó, dándole la espalda y sacó el teléfono móvil, buscando entre sus contactos. ¿A cuál de todas sus conocidas podría llamar para que le dieran una mano con esa porquería que había hecho? ¿Myeon? ¿Hyorin? ¿Jina? Se quedó pensativo por un momento y decidió ir primero con Hyorin, parecía la más plástica de todas. Sino contestaba, iría con Myeon—. Voy a llamar a una amiga —informó, marcando el número de la muchacha y esperando que le contestara.

Esperó varios tonos—. ¿Hyorin? —le sonó la voz un poco atiborrada, no habiendo esperado que le contestara—. Necesito tu ayuda con algo... complicado —miró de soslayo a Dae, prácticamente preguntándose como es que había aceptado meterse en este lío—, debo cubrir unos hematomas pero están demasiado oscuros, ¿podrías ayudarme? —casi que estuvo a punto de rogarle, pero se contuvo antes de hacerlo, además de que evitaba mirar a su amigo y que comenzara a hacerle preguntas a la que no tenía respuestas.

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por Min Dae Jeong el Lun 11 Jun 2018, 01:10


¿Mujer? —Espero que no lo seas, vamos, habría vivido engañado todo este tiempo. —Le contestó, bastante alarmado ante la idea. Por supuesto, sabía que no era así. Demasiadas horas juntos de acá para allá como para no tenerlo más que claro a esas alturas. —Es solo, nos maquillan como mil veces al año, ¿estabas dormido todas las veces? —Dae confesaba haber estado pendiente al menos un par de ocasiones. Odiaba el maquillaje, era molesto, pegajoso, pero también hacía verdaderas maravillas... como esconder ojeras, brotes de alergia o moretones. Sobretodo estos últimos. —No puede ser tan difícil... —contestó, viendo al contrario acercarse para mirarle el cuello. Ante eso lo ladeó y acto seguido se encogió de hombros—It was fun though.

Tomó asiento en una silla de la sala, dejando a Guk volver con la bolsa de cremas de la chica y decidió fiarse de su mejor amigo —terrible decisión— imaginando que aquello no podía ser ningún misterio. —Juraría que primero ponen una especie de pasta transparente... para hidratar o no se qué. —Vio al chico empezar por algo verde, y pese a que le saltaron todas las alarmas, decidió dejar que trabajara, bastante sorprendido de que la chica llevase todo eso en la cara la noche anterior, que todas llevasen tanta cosa. —Tampoco es raro eso de las cirugías... tu eres el coreano —contestó, sabiendo su propia opinión acerca de todo ese tema. A sus ojos estaban obsesionados. Fue de las cosas que más le chocaron al llegar al país desde Tailandia. Anuncios. Publicidad, por todas partes. ¡Cambia tu cara! ¡Cámbiala toda por el módico precio de tu casa entera, un riñón y tus hijos! —no tanto pero se entendía el punto—. ¿Tu te harías algo de eso? Yo ni loco. Además, no nos hace falta. —Egocéntrico, sí, pero estaban solos, sin contar la muerta de la cama, y ni a él ni a Guk les iba mal.

Dejó que el chico terminase de trabajar, echando en falta todos los paracetamoles del mundo. Cuando saliera de allí sería lo primero que haría. Un café y una pastilla para matar el dolor de cabeza.

Vio a Yongguk apartarse, y habría dicho de salir por la puerta de no ser por la expresión de su rostro que gritaba: PELIGRO ABORT MISSION. Se temió lo peor, incorporándose y cruzando la habitación en varias zancadas, en busca de un espejo, para solo empalidecer cuando se vio finalmente. —Jo-der. Yongguk, el plan era salir de aquí no liarla más. —maldijo, escuchándole, y negando repetidas veces, pues no había manera humana de que accediera a despertar a la chica esa. No necesitaban que dedujera quienes eran, mucho menos despertarse con no uno, sino dos chicos en su habitación. La escena empeoraba por momentos. Vio al pelinegro buscar el móvil, entre la agenda de contactos, y quiso negar, quitarle el teléfono, porque cuantos más fueran, más difícil sería salir de allí sin Paparazzis persiguiéndoles. —¿Quien es? ¿Es fiable? —preguntó, aunque tampoco tenían más opciones.

Voy a intentar... quitarme esta cosa —dijo, de camino al cuarto de baño, y una vez allí abrió el grifo, mojando una de las toallas del hotel y comenzando a frotar.




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por Kang Hyo Rin el Mar 19 Jun 2018, 18:36

Las gotas de agua resbalaban por las hebras, dejaban a su paso un camino desde el baño hasta el dormitorio, atendiendo a la llamada impertinente que había irrumpido su ducha —aquella que necesitaba para terminar de despertar. En la pantalla, un nombre con regusto a hierro y por ende, respondió; demandando:— Qué. —como si nunca hubiera tenido permiso para llamarla al antojo, pero en la boca le murieron todas las inercias dañinas, acalambrada a la escucha de hematomas. El cuerpo desnudo cayó sentado sobre el colchón, este balanceándose bajo ella, el picor de la urgencia en las manos —deseo de hacer algo— y aceptó, ubicación por mensajería mientras se colaba las bragas, luego un atuendo —de los tantos preparados en el inmenso armario— y al salir, el cabello aún yacía húmedo y su rostro desmaquillado.

En la parte trasera del taxi, presionó la borla sobre la piel  marchita, cubriéndola de sedosa textura y color, boca nerviosa pedía deprisa y el pulso desbocado —y los giros bruscos del volante— le impedía vestirse de carmín los labios, así que ocultó sus carencias bajo una capa densa de gloss y, cerrando la cremallera del bolso, los ojos le vagaron cristales hacia afuera sin contención: puertas abiertas invitaban, huésped un delirio filoso —promesa, miedo, también cansancio. Menos de un minuto, trayecto de ascensor, y el número de tres dígitos la miró con fijeza cuando presionó con índice —uña esmaltada— el timbre de la habitación. Abrió Yongguk y las manos fueron por delante de las pupilas, sosteniendo el cuello con la dura exigencia de la madre al niño, ladeando el rostro en busca de moretones y culpables a los que abrir en canal con sus delicadas uñas acrílicas: pero allá no halló nada, soltándolo con desdén, corazón rugiendo al sentirse estafada. Elevó la prenda de vestir, en busca de marcas por el torso en un rápido vistazo y lejos del pudor —aquél lo había besado infinidad de veces—, suspirando con exasperación (quizás alivio).

— ¿Es que eres ciego? ¿o sencillamente estúpido? —ladró, aún nerviosa, cruzando aquellos brazos traicioneros sobre el pecho, una jaula a. — ¿Me has hecho venir para nada? —la voz comedida, de pronto, y al oído le venía el rumor del constante agua y algo más: una respiración pausada. Alejándose, se adentró en el amplio habitáculo sin despojarse de abrigo ni bolso, aún posibilidad de marcharse; tacones avanzaron y celos sentenciaron desde su postura a la fémina, que dormitaba en el colchón vacío y persiguió, con más enojo que curiosidad, el sonido proveniente del baño, hallando tras la puerta abierta a otro varón —también idol— a quién reconoció de inmediato. El ceño se le había fruncido y, al percatarse de lo obscuro en el cuello ajeno, las cejas se crisparon incrédulas. Su hermano decía de ella irresponsable, aunque este no conocía a aquél dúo; lucían como la clase de niños que anhelan madurez y no la alcanzan. Miró a Yongguk en silencio. — No quiero saber nada. —apuntó, la voz en dirección a ambos cuando intercalaba al tailandés. La barbilla le señalaba dónde sentarse, brazo a torcer.
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por Jun Yong Guk el Miér 20 Jun 2018, 15:48




Es... bueno, parece una bruja malvada pero no es... tan mala —atinó a decir, la boca curva en una sonrisa divertida al imaginarse a la susodicha con verruga y piel enmarañada de verde, una visión común en las películas para niños de «brujas malvadas»—. Lo importante es que ayude y ya, deja de ser tan quisquilloso que, te recuerdo, todo esto es tu culpa por pensar siempre con la cabeza de abajo y no la de arriba —hipócrita recriminación, cuando él había sido protagonista de otros tantos episodios similares. Aún así, estaba divertido por el acontecimiento, la burla tiñéndole los ojos al mirar de la Bella Durmiente a su amigo e imaginarse los posibles enredos que podrían ocurrir: a quien engañaba, le gustaba ver el mundo arder.

Una carcajada salió de sus labios ante la reacción del otro muchacho a su desastre, los dedos manchados de tintura fueron a parar a la tela de su pantalón, limpiándose concienzudamente mientras oía el ruido del agua y aguardaba a la bruja de brillante armadura que los salvaría. Dejó caer el cuerpo en el borde de la cama, ojos dirigiéndose inmediatamente a la fémina que suspiraba, giraba suavemente la cabeza pero no se dignaba a despertarse y Yongguk tuvo la certeza de que podría estar el mundo acabándose y aquella mujer seguiría durmiendo. Suspirando, sacó el teléfono para distraerse un rato y no se percató cuánto tiempo había pasado hasta que sonó el timbre.

¿Has terminado con tu ducha rejuvenecedora? Creo que ya llegó —le dijo a su amigo, dirigiéndose hacia la puerta. Había esperado encontrarse un nubarrón teñido de maquillaje, la boca curvada en alguna mueca de desagrado y el desdén iluminándole las pupilas al instante en que su rostro se revelara, pero más allá de ello, lo único que no esperó fue aquella minúscula y suave expresión —de preocupación, creyó ver, pero se sentía extraño el siquiera pensarlo—. Gracias por venir tan... —la voz se extinguió a la sensación de sus falanges contra su piel, de la dedicación con la cual lo examinaba y frunció las cejas, el rostro hecho un interrogante mientras las yemas seguían explorándolo en búsqueda de algo que él no entendía.

Cuando levantó su suéter y su boca entonó un regaño, Yongguk la miró confundido, su visión desviándose hacia los pasos de la mujer—. ¿Pero qué he hecho ahora? —cerró la puerta, los ojos aún fijos en la suave curva de la cadera femenina y la cabeza dándole vueltas a las palabras. No comprendía lo que había sucedido —pecaba de tonto, el pobre—, y buscó con la mirada a Daejeong en un intento de conseguir una explicación coherente, pero sabía que su amigo tampoco tendría respuesta a ello.

Fue el rápido examen de Hyorin y sus palabras, lo que le dieron un pequeño indicio de lo que estaba sucediendo. Miró al otro muchacho, alzándole las cejas cuando ella le hizo señas y, de espaldas a la mujer, le emitió un mudo—: Al matadero —inclinación de cabeza señalando a la bruja. La sonrisa en su boca era antelación de burla al ver a su amigo tratando con la muchacha.

Técnicamente, no tengo nada que ver aquí. Él me llamó solicitando ayuda, vine, lo arruiné y te he llamado —explicó de manera rápida, dirigiéndose cerca de ambos. La espalda dio contra el borde de un mueble, en medio de la asiento de su amigo y la bruja, se los quedó mirando a ambos—. Debes tener cuidado con él, casi mató a Bella Durmiente, o la drogó, lo cual es despreciable, ni siquiera sabe tratar o satisfacer a una dama... —negó con la cabeza, divertido, dedicándole una mirada a su amigo antes de volver su visión a la figura femenina. Inconscientemente, extendió las manos, los dedos acomodando con suavidad el borde de la prenda superior que sobresalía demás, acariciando los pliegues de la cadera al terminar.


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por Min Dae Jeong el Lun 25 Jun 2018, 16:14

Embarcado aún en su misión por hacer desaparecer el destrozo ocasionado por Yongguk, no fue consciente del extraño intercambio que se dio lugar en el salón. Su amigo no le había hablado aún de la rubia, y fue por ello que, verla aparecer en la suite del hotel le dejó un poco descolocado. Kang Hyo Rin. ¿Qué hacía ella allí? Y más importante aún: ¿de qué la conocía Guk y porqué se hablaban de manera tan... informal? Era su sunbaenim, técnicamente. No tuvo ni oportunidad de dirigir una mirada interrogante al contrario, impresionado por la sequedad de la chica que con un gesto le ordenaba: ves ahí. A eso obedeció, sentándose en uno de los sillones de la salita, la mancha de maquillaje previo —obra maestra y cortesía de Yongguk— desaparecida de su cuello.

Tienes todo que ver aquí. —se quejó, mirando al chico con fingida incredulidad, pues si bien le había salvado de situaciones idénticas, le acababa de parecer oír como SU amigo trataba de dejarlo en la estacada por hacerse el inocente frente a la otra chica. Valiente capullo. —Se supone que íbamos a irnos enseguida pero tuviste que sacar tu terrible vena artística. —Y acto seguido desvió la vista a Hyorin, casi como hablándole en confidencia, quitándole leña al asunto. —De idol es fantástico, de pintor es un desastre... de maquillador tal vez sobreviva si lo contratan exclusivamente en The Walking Dead.

Acabó desabrochándose los primeros botones de la camisa, poco dispuesto a terminar manchándola y dejó a la chica actuar, más tranquilo ahora que contaban con ayuda experta, o casi. Por su parte, no le era difícil ver que Guk se estaba divirtiendo mucho con toda la situación, y pese a que su impulso era querer echárselo en cara, no podía negar que él mismo estaba reprimiéndose de no reír. Mezcla de preocupación y lo absurdo de todo. Eran cuatro en la sala de hotel. Salir de allí indemnes iba a ser un milagro, y Dae estaba dispuesto a hacerse creyente solo una hora si gracias a eso, sucedía.—Con amigos como tú, ¿quien quiere enemigos? —murmuró, rodando los ojos por el comentario, y desviando la vista a la chica dormida. Técnicamente no era tan tarde, conocía personas que dormían hasta la hora de comer, y por una parte era un alivio. No habría sabido ni como explicarle la presencia del otro chico de DJV y la exidol en la habitación. No, no había habido una orgía la noche anterior.Por enésima vez, no está muerta. Creo. —reprimió una sonrisa, sintiendo que como la dejara ir, los ojos como cuchillas de la rubia cometerían homicidio. —Le dije que no se fuera de las manos con el minibar, no me hizo caso. El cómo de borracha acabó no es cosa mía. Ya íbamos mal del local... —tuvo que cortarse, girando la cabeza a Guk, estuviese o no trabajando Rin con los pinceles—No quieres que hable de ti, tengo muchas cosas que contar... y claro que no la drogué. —Pero no pensaba en lo que estaba diciendo, los ojos directos a los brazos de su amigo, llenos de incógnitas, cuestionando las manos que inconscientemente fueron a recolocar la ropa de la otra.
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por Kang Hyo Rin el Dom 29 Jul 2018, 18:35

Dobló el abrigo a los pies de la cama y sacó del bolso un neceser de charol; sus manos largas —uñas postizas, color brillante— sacaban con diligencia brochas y borlas, pequeña paleta de correctores en crema y otros tantos envases y los dejó sobre la colcha arrugada de la cama. Tras las infinitas pestañas, sus ojos se dirigieron con frialdad hasta la Bella Durmiente, explicaciones insuficientes para marchitarle aquellos celos y, sin mediar palabra, procuró resguardar de ambos aquél bullicio que llevaba en las entrañas. Pues la precipitación con la que se había presentado allá parecía una clara y única declaración de —no, claro que no. Contrariada, ningún pétalo y todo espinas; falsa serenidad en el pulso cuando llevaba las yemas al cuello del varón. Sostuvo la cabellera, desprovista de tirabuzones, y la echó a un costado antes de inclinarse.

La piel bronceada se tensaba, dirigiendo informal palabrería hacia a ella —como si pudiera tomarse aquella licencia—, fémina que fijó en él mirada de sentencia, hundiéndole uña en lo que parecía un sin querer cuando giraba en diagonal su mentón, exigencia muda para que se quedara quieto. Fantástico es un adjetivo demasiado grande para un idol rookie. —el tono, en contención, suscitaba un desagrado general hacia la situación, conversación y propios interlocutores; cuando la realidad era que se hallaba en plenas facultades, sin excusa del hecho, y allá —el corazón aún irregular por la carrera impetuosa, la nube de incógnitas que la habían asfixiado hasta llegar a la puerta del hotel (preocupada. Ella).

Cubría las marcas con experiencia; ella nunca pudo llamar socorro a nadie, todos sus moratones debió cubrirlos por su cuenta, a veces, incapaz de verlos tras las gruesas lágrimas. Se aseguró de aplicar una ligera y difuminada capa de corrector verde, pues no llevaba un fondo de maquillaje pesado y así aseguraba que no quedara una sutil mancha verdosa, intercalando dedos y borlas —los ojos que, de vez en cuando, miraban por el rabillo a la otra mujer. Pudo responder que, teniendo en cuenta las marcas en el cuello de Daejeong —memoria como agenda de contactos—, la señorita no debía haber pasado mala noche, pero sus labios englossados permanecieron en línea recta; la mano demandándole nuevamente, con brusquedad, reprimió una exhalación de impaciencia, pero la punta del tacón repiqueteó con impertinencia en las baldosas claras de la habitación.

La figura no se apartó o tensó al contacto tibio de las palmas de Yongguk. Por unos efímeros segundos, no fue consciente de las mismas, y sólo cuando el rostro del más mayor se inclinó ligeramente hacia a ellos —brillando perspicacia y curiosidad—, Hyorin sacudió las caderas, escapando del contacto de forma grácil. Tu piel es más oscura. —irrumpió la conversación de ambos amigos, más consciente que nunca de la edad de Yongguk (y el corazón del mismo). Su base quedaba irremediablemente más clara en aquella zona y, por más que buscaba entre los envases de colorete, no hallaba ninguno de polvos bronceadores, sino tonalidades en rosas y melocotón. Se dirigió al otro sin torcer a mirarlo:— Tráeme algo de su bolso. —vago gesto hacia la criatura dormida y ajena. La envidió. Quiso acabar y salir de allí cuánto antes.
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por Jun Yong Guk el Jue 30 Ago 2018, 22:11


Alzó las manos en señal de rendición ante las acusaciones de su amigo. No podía  negar la verdad y es que, aunque Daejeong era el que había causado esa situación de porquería al quedarse dormido con una desconocida, él terminó arruinándolo al querer ser un poco más de lo que no era —es decir, maquillador— y ahora estaban atrapados tres en una habitación, sin contar a la Bella Durmiente. De por sí, todo parecía sacado de un drama de dudosa procedencia—. Gracias, cielo —la réplica murmurada en tono de broma hacia la desidia ajena, las pupilas anclándose en el movimiento de la fémina, encerrando mil y un preguntas que no podía formular debido a la presencia del otro chico. Intuía mal humor por parte de la muchacha, molestia hacia la situación en general y por un instante, se arrepintió por completo de haberla llamado.

Tal vez, había cometido un error creyéndola salvavidas. Pero era suyo, claro está, ¿quién dejaría cosas importantes en manos de una bruja?

Cierra el pico —el tono, hecho una humareda brusca que se antojaba impertinente por traslucir una molestia que no debería, fue hacia el otro, guardándose las manos para sí mientras atendía el pedido de la ex-idol. En su cabeza, no calzaban los engranajes, los tornillos y las tuercas parecían ser de otro género, porque él no podía comprender cuál era el problema de Hyorin y era eso lo que provocaba, también, su reacción—. ¿Esto? —levantó el objeto, sin saber a qué se refería con "algo" y simplemente agarró la pulsera, lanzándosela a Daejeong desde la cama. Escogió una salida más pertinente, dejándose caer nuevamente sobre el lecho, la mujer dormida removiéndose una vez más, sin despegar parpado alguno. La miró, francamente sorprendido porque siguiera en estado de inconsciencia pese a que ellos hablaban—. ¿Falta mucho para que termines? —sus ojos seguían adheridos al rostro de la fémina que dormía, pero las palabras iban hacia la otra—. Debo admitir que es guapa, ¿era la que estaba con otras tres chicas más anoche? Una de ellas se me acercó y me regaló su número —distraídamente, sacó el teléfono móvil de su bolsillo, la idea de llamar a la susodicha bailándole en la mente, todo con la finalidad de que recogiera a su amiga.

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por Min Dae Jeong el Sáb 22 Sep 2018, 00:55


Sentía que había algo que se estaba perdiendo, al menos, por la manera en la que Yongguk y aquella mujer —su mirada dead inside ciertamente la hacía parecer más mayor de lo que era realmente— hablaban entre si. Juraría que el otro chico no le había mencionado en ningún momento el haber estado viéndose con Hyorin, a decir verdad, Daejeong ni siquiera había tenido noticia, hasta entonces, de que ambos se conociesen. Sus ojos volaban de uno al otro, estudiándolos, como quien veía un partido de tenis, y trató de percatarse de cualquier mínimo detalle que pudiese ayudarle a comprender mejor que estaba sucediendo. Aquel "cielo", casi hizo que se quedase mirando al contrario con incredulidad, mas se contuvo.

No había manera de que Yongguk tuviese algo con ella. O eso se decía. Es decir, era Yongguk, no ningún sucedáneo de príncipe encantador que hiciese llorar de entusiasmo a todo padre por verlo con su hija. Su amigo, su compañero de escapadas nocturnas, el mismo que había visto ir de una chica a otra sin preocupación alguna... era de aquellos que gustaba de dejar las cosas claras. Dae no tenía ninguna duda de que cualquier vestigio que pudiese sugerir una mayor implicación entre ambos, Hyorin y él, era pura coincidencia. A lo sumo, podía creerse que se hubiesen visto en alguna que otra ocasión, sin compromisos... y extrañamente Dae se sentía traicionado ante esa revelación. ¿Desde cuando no le hablaba de sus chicas? Porque ciertamente el tailandés sí que le contaba todo a él. Era su mejor amigo al fin y al cabo.

I feel so betrayed. —murmuró, sin dar explicación alguna y haciendo caso omiso del "cierra el pico" que se le antojó hasta cómico. Tomó la pulsera en la mano cuando le fue lanzada, colocándosela por puro teatro, y tras eso se la devolvió.— ¿Qué tal si no despertamos a Aurora, huh? —comentó, en petición silenciosa para que Yongguk alias traidor se apartase de la cama. Tal cual iban las cosas, comenzaba a temer que lograsen salir de allí alguna vez. Se miró en el espejo, sin ver mejoría en el corrector verde que había aplicado ella y ante eso dudó, esperando que no fuese a repetirse la catástrofe de antes. —Ya voy yo. —Se alzó, tomando la bolsa de la chica, y se la tendió a Hyorin, volviendo a sentarse.— Sí, estaba con las otras tres. —Lo miró, al otro lado de la habitación, dedicándole una sonrisa, cargada de ironía. —Oh vaya ¿de verdad? Ya me contarás todo después como siempre haces. Es halagador ver lo que confías en mí.
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por Kang Hyo Rin el Sáb 13 Oct 2018, 05:46
Pereza, eso era lo que sentía por toda la situación. — Para qué me molesto. —masculló, para sí misma, contemplando como Yongguk tomaba el algo equivocado y profiriendo un suspiro viendo que, al final, era el otro quién tenía que ponerse en pie y tomar el bolso de la fémina. Hyorin lo abrió en silencio y con las mismas pocas ganas, registrando sin titubeos entre las pertenencias ajenas —sobre el colchón, fue dejando aquello que le estorbaba: pañuelo sin marca, cartera, llaves, una compresa, un cargador de iPhone, una pequeña bolsa transparente (esta, Rin la inspeccionó un segundo más) que contenía media pastilla—, hasta dar con un pequeño neceser de maquillaje.

Se preguntaba si el absurdo reclamo del más mayor tendría que ver con ella, aunque la idea de que hablaran de lo suyo con Yongguk una vez hubiera marchado de allí no le importaba en lo absoluto, acostumbrada a rumores y cuchicheos a sus espaldas. Aún así, se le antojó lo suficientemente cómico como para hacerla esbozar una sonrisa amarga, llevando ocasionalmente los ojos a la muchacha dormida y al otro —el suyo—, que tan cerca la respiraba. Con la brocha, cubrió la palidez de la base de maquillaje con el bronceador, unificando ambos tonos y echando el cuerpo hacia atrás, buscó otra perspectiva —cuello torcido— desde donde mirarlo, comprobando que su trabajo allí hubiera terminado con resultado.

Cerró el producto, pero no se esforzó en guardarlo de vuelta en su lugar, tomando del colchón su abrigo y pasándolo sobre sus hombros, aferrando el bolso con la misma prisa —sin perder aquella dignidad orgullosa que le tiraba desde los talones. — Me marcho. —anunció, sin fijar la vista en ninguno de los dos. Pero marchar de aquél modo, con la tormenta en su barriga, no se le antojaba correcto, así que retrocedió furia los pocos pasos que había tomado hacia la puerta y señaló con las pestañas al culpable (de su enojo, de su preocupación). — Eres mayorcito para ocuparte de tus líos de faldas, —no había un ápice maternal en su voz helada, sino el ácido de algo muy similar al rencor— no vuelvas a llamarme. —debió añadir: para esto, pero los labios se le habían cerrado ya y Hyorin jamás se había retractado dos veces seguidas, temerosa de que se entreviera su desesperación. Dio la vuelta y se marchó.
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