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por Um Jun Tae el Mar 28 Ago 2018, 11:53

29 de Agosto, miércoles.
Callejones de Seúl, a las 22pm.


Era tarde, muy tarde, y él quería terminar con todo aquello cuanto antes. Su padre le había pedido encarecidamente que vigilase a los novatos mientras hacían un simple trabajo: traer a una drogadicta que les debía casi setencientos mil wons en drogas; no era una suma muy grande, pero preferían que no siguiese sumando hasta que fuese imposible que la chica saldase su deuda. — ¿Dónde narices se han metido estos críos? — se preguntó a si mismo. El garaje donde se encontraban estaba completamente vacío de personas, solo él, sentado en uno de los sofás y mirando su reloj así como el móvil por si recibía alguna llamada de los novatos. Pero no tuvo que esperar mucho, la puerta resonó varias veces, abriéndose y dejando paso a los chicos, llevando el cuerpo de una muchacha con una manta negra alrededor de la cabeza.

Suspirando, se levantó, se estiró el traje y se acercó a la chica, la cuál colocaron en una silla, atándola. Dudaba que fuese a salir corriendo, pero preferían hacerlo de esa manera. Con poca gentileza, le quitó la capucha a la muchacha, quedándose blanco por momentos. Miró a los novatos, los cuáles sonreían socorronamente, algo que le molestó aún más. ¡Se habían equivocado de chica! Movió su cuello, incómodo, desatándose un poco la corbata. Y sin más, golpeó en el rostro a uno de los chicos, el que más cerca tenía, dejando su puño contra su nariz, llegando a escucharse el crack obvio de que se la había roto. — ¡SOIS UNOS INÚTILES! — gritó. Pocas veces perdía la compostura, por eso se obligó a calmarse, moviendo de nuevo su cuello. — ¿¡Veis que esta chica tenga pinta de ser drogadicta!? — masculló entre dientes. Todos los chicos se habían echado hacia atrás, acobardados, y eso solo le enfurecía más. Respiró profundo, le iban a dejar calvo antes de tiempo.

Se aclaró la garganta, queriendo golpear a alguno más, pero recordó a la chica, la cuál le había visto directamente la cara. Tomó aire y sacó la pistola de detrás de su pantalón, ya que llevaba un cinturón especial para llevarla cómodamente. — Seguro que al Señor Um le hará gracia saber que habéis traído a una inocente... — cargó con tranquilidad la pistola. — Y ahora, tendré que matarla. — el rostro de los novatos se desintegró, quedando completamente blancos y comenzaron a balbucear. — ¿Perdón? ¿Qué no la mate? — preguntó, uno de ellos asintió. Fue en ese momento cuando le apuntó a él. — Entonces, ¿te mato a ti por inutil? — preguntó alzando las cejas, mostrando una sonrisa socarrona. El muchacho negó rápidamente y Juntae movió la pistola hacia la muchacha, quitando el seguro de la misma.

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por Kousaka Hitoka el Miér 29 Ago 2018, 05:42


Cuando se desperpertó aquella mañana diciendo que quería morir, no se refería exactamente a ser secuestrada mientras caminaba de vuelta a casa de comprar comida de gato. No había sido su intención que las fuerzas sobrenaturales superiores tomaran su depresión tan en serio y le cumplieran deseos que en realidad no quería que se volvieran realidad.

Se había dado cuenta tarde que no tenía comida para el gato, su madre salió a cenar con su padrastro y ¿qué malo podía pasar? Así que salió de la mansión, y caminó con ropas cómodas y un moño en el centro de la cabeza a comprar comida de gato, cuando al regresar, un montón de muchachos la asaltaron pasando por un callejón. Hitoka no los había visto venir. La manta negra alrededor de su cabeza le tapó la vista en dos segundos y aunque la muchacha luchó, solamente bastó un golpe en el estómago y que alguien la cargara como un saco de patatas para que un secuestro saliera bien. Hitoka era increíblemente débil físicamente después de todo, le pagaban por ser delgaducha, no musculosa.

No se movió del miedo durante todo el camino, e intentó no llorar demasiado fuerte por temor de que la golpearan. Si la golpeaban, dejarían marcas y entonces haría enojar a la empresa. Se dejó llevar, porque no tenía sentido gastar energía en intentar resistirse cuando aquellos hombres la llevaban levitando prácticamente. Sintió que la sentaron en una silla, y la amarraron. Era exactamente igual como en las películas, y cohíbida y temblando como gelatina, esperó a que le quitaran la manta. El rostro del muchacho joven estaba un poco nublado por la repentina claridad, y las lágrimas acumuladas.

Pegó un salto, haciendo que casi se cayera de la silla cuando el chico golpeó a otro en la cara y comenzó a gritar, que se habían equivocado de rehén. Hitoka lo sabía, porque era inocente. Comenzó a sentirse mal, ahí donde le habían golpeado en el estómago y al ver la pistola cargándose en la mano del otro —Matas a alguien y vomitaré—no era una amenaza, porque si vomitaba no se iba a cer el mundo, pero tenía el estómago revuelto y la sola idea de ver sesos volando le daban ganas de vomitar. Claro que su coreano estaba roto, hablaba con acento y estaba enferma.

Prometo no decir nada—añadió, mirando al muchacho, al chico que había negado que la mataran y luego la pistola que la apuntaba, poniéndose más pálida de lo que estaba y cerrando con fuerza los ojos, esperando la bala.
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por Um Jun Tae el Lun 24 Sep 2018, 20:59

Juntae no dudaba a la hora de hacer bien su trabajo, no quería errores, y los errores se pagaban caros, de una manera u otra. Sabía que ninguno tomaría las represalias, cosa que evitaría que matase a nadie aquella noche, pero había algo que le molestaba más que un fallo de ese estilo. Sonrió cuando la chica habló, por instinto, pero sin suplicar por su vida.

Solo hay una cosa que me enfade más que un error que nos puede llevar a la cárcel… — dijo bajando su pistola, y pidiendo a uno de sus más antiguos chicos que desatase a la chica con la mano (a la cuál el chico pasó a agarrar de los brazos para que no se escapase pero estuviese de pie), girándose para mirar a los novatos, dando un paso hacia ellos, solo uno. — Y es el no admitir tus errores, dejando que inocentes paguen por ellos. — quitó el seguro y, sin dudarlo ni un segundo, apretó el gatillo, haciendo que la bala saliese disparada del cañón y golpease en la cabeza de uno de los novatos, justamente en el centro de su frente. Dos segundos después, el cuerpo cayó hacia delante.

Tampoco el disculparse, el aceptar que uno se ha equivocado… Era un trabajo simple… Raptar a una chica drogadicta… ¡Muy simple! — gritó. Rara vez perdía los papeles. Esperaba que aquella bala hubiese sido suficiente para hacer que el otro se disculpase, pero nada, y eso, le molestó muchísimo más. — Una lástima… Tú parecías tener madera para esto. — dijo apuntándole y apretando de nuevo el gatillo, y otra bala fue a parar a otra cabeza.

Dos cuerpos inertes en el suelo, y Juntae no se había manchado ni un poco. Durante muchos años había aprendido a qué distancia debía de estar para no manchar su ropa. Se giró hacia los demás, que estaban completamente callados y mostró una gran sonrisa, una que daba miedo. — No mato por errores, mato por malas acciones. — repitió. Ese era su lema: podía aceptar los errores, perdonarlos incluso, pero no aceptaría que un inocente muriese por los errores de otros.

Dio unos pasos hacia la muchacha, mirándola bien al rostro y quedándose a una distancia bastante limitada. — Has visto demasiado, pero voy a ser bueno por la metedura de pata de esos inútiles y el mal rato que has pasado… — el chico que la sostenía la soltó, él guardó su arma. — Puedes irte, pero es obvio que como cuentes algo a la policía de lo aquí visto… O a alguien, bueno, — le tomó de la barbilla para que mirase a los dos chicos muertos en el suelo. — les harás compañía. — sonrió soltándole y alejándose.

Limpiad todo esto, y a esos dos… No sé, haced lo que queráis con ellos. — se encogió de hombros y salió de lugar. — ¡Buscad a la chica! — gritó a los que estaban fuera, antes de salir de allí del todo. A veces era bueno enseñar las cosas a los demás, así tuvieses que perder a dos idiotas.

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por Kousaka Hitoka el Lun 01 Oct 2018, 00:07


Abrió un ojo, esperando haber pasado a mejor vida sin ni siquiera darse cuenta, pero cuando logró focalizar su alrededor, aún seguía estando en el mismo lugar, con las mismas personas y aún amenazada de muerta. Maldijo internamente, por seguir ahí en vez de haber terminado todo. Sus ojos seguían pegados de la pistola, y su cuerpillo temblando sobre la silla, y tampoco pudo poner demasiada resistencia cuando la desataron pero de igual manera la agarraron como un trapo sucio para que no saliera corriendo. Aunque pudiera y quisiera, sus piernas no respondían y probablemente solo consiguiera una bala en la cabeza. Era depresiva, pero aún no rozaba lo suicida.

Soltó un gritito y saltó contra el chico que la tenía sujetada cuando ocurrió el primer disparo. Cerró los ojos violentamente y se negó a mirar más, porque sentía el estómago revuelto. Toda su pequeña cena iba a ir a parar en la ropa del chico, así que automáticamente jaló un brazo para llevarse la mano a la boca. Volvió a saltar, cuando ocurrió el segundo disparo, pero se negó a observar.

A pesar de todo, se sintió obligada a abrirlos cuando el muchacho se acercó y le miró claro pánico y los ojos vidriosos de las lágrimas derramadas. No le dijo nada, aún intentando no vomitar. Se desparramó en el suelo cuando la soltaron. Negó con la cabeza, como si intentara reafirmar que no tenía pensado decir nada. Dejó que se fuera, sin poder moverse de su lugar en el piso. Temblando y llorando sin hacer ruido, vomitó en el suelo, pero nadie le dijo nada tampoco. Se limitaron a apartar los cuerpos, a limpiar como si no estuviera ahí y tampoco le dijeron absolutamente nada. Se quedó en blanco, hasta que todos se fueron y dejaron tan limpio que nadie pensaría que acababan de matar a dos personas.

Después de al menos dos horas, se compuso, y tuvo que usar su móvil (que le habían dejado tirado antes de irse), usar google maps y buscar la estación de taxi más cercana.
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