Ballet Time | Chanmi.
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Ballet Time | Chanmi.

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por Kouyou Akira el Jue 13 Sep 2018, 05:38


Septiembre 10 del 2018 a las 9:00pm

”Salimos en diez, todos a sus posiciones”, se estremeció por culpa del  alboroto que en ese momento los chicos de producción y bailarines tenían. No era la primera vez que su orquesta era solicitada para tocar en vivo, al lado de aquellos increíbles bailarines clásicos, Akira disfrutaba mucho de ese tipo de colaboraciones y a su vez, se sentía agradecía por no ser parte de ese estrés colectivo; veía mientras calentaba sus dedos, como los del staff corrían de un lado a otro, cargando objetos delicados y cajas pesadas; había uno en especial que gritaba como loco, su ronca voz retumbaba por todo el lugar, inmediatamente supuso que se trataba del director a quien le regaló una sonrisa cuando éste fijo su mirada en ella— tenemos que ir a nuestros lugares —sintió una delgada y cálida mano sobre su hombro desnudo, al alzar la mirada se encontró con los orbes azules de su compañera; era una mujer hermosa pese a no entrar en los estándares de belleza de la mentalidad asiática, Akira la admiraba por su determinación y talento; había sido declarada como una de las mejores violinistas del mundo y aquel titulo le gana a cualquier absurdo estereotipo— vamos —respondió la sonrisa gentil y tras levantarse fue a su posición junto a los demás integrantes de la orquesta.

Tocaron con limpieza; sin cometer un solo error, y tras finalizar la función fueron aplaudidos cuando el director agradeció su participación.  Una noche más había terminado y suspiró agradecida por ello.

—¿Nos acompañaras? —uno de los violinistas se había acercado a la japonesa para convencerla de ir a beber con ellos, pero la mencionada negó con gesto cortes— lo siento, pero debo llegar a casa —mostró una sutil sonrisa, era increíble que a sus veintisiete años siguiera deseando correr a su hogar para pasar la noche en compañía de su madre en vez de salir y vivir la vida, como su progenitora decía— la próxima vez, lo prometo —volvió a sonreír.
Sin necesidad de rogar su compañero se retiró para empezar a guardar los instrumentos, ella hizo lo mismo con el propio, pero mientras todos se encontraban concentrados en sus pensamientos la voz del director los interrumpió— ¡chicos! —aquella animaba voz comenzaba a irritarla— los quieren saludad —detrás de él un pequeño grupo de personas caminaba animadamente, era común ese tipo de encuentros por lo cual Akira dejó sus cosas sobre una silla y sonrió a los presentes, aunque…, su mirada se posó en la joven de cabello rubio.
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por Byun Chan Mi el Lun 17 Sep 2018, 22:40
No era de extrañar que a Chan Mi (quien prácticamente se había criado con grandes artistas de música clásica sonando como banda sonora original de su vida) le acabase agradando este estilo de música. Muchos eran los sorprendidos cuando venían los gráciles movimientos de la pequeña hija de Satanás, como algunos ajussi la habían llegado a llamar, al compás de Tchakovski y su cascanueces. Eran como dos personas completamente opuestas, Odile en su día a día y Odette cuando subía a los escenarios. Siempre se había imaginado en su lugar –aquella chica a la que no conocía de nada y que bailaba apoyando demasiado el peso en el costado del pie izquierdo. Sus ojos analizaban duramente a todos los bailarines, especialmente a los protagonistas –no por envidia, se repetía, solo porque había pasado demasiado tiempo entrenando como para no notar los fallos.

Le gustaba imaginar que no tenía una espinita clavada, que ya estaba todo superado y no sentía ningún tipo de rencor hacía aquella odiosa mujer que había destrozado su sueño (aunque eso solo hubiese significado más esfuerzo para debutar). Pero, aunque sabía que aquel día llegaría más tarde que temprano, todavía le quedaba cierto camino por recorrer. Así que ahí estaba ella, sentada en una de las butacas de uno de los muchos teatros del centro, rodeada de personas mayores que poco le importaban los idols, dejando fluir la música dentro de ella, premeditando los movimientos de la prima ballerina en su mente.

Aplaudió con fervor al finalizar la obra, casi dos horas y media después. Recordaba lo cansado que era y lo mucho que los aplausos del público (en aquel entonces su familia y amigos) le inflaban el pecho de alegría. La orquestra había sido maravillosa y aprovechando que un grupo había solicitado hablar con el director, se unió como una más. Junto a ella, una mujer que no bajaba de los cuarenta, la miró con desagrado –¿qué había de malo en que una joven disfrutara de aquel artístico espectáculo?

¡Han estado geniales! —Espetó sin esperar a que alguien hiciera las introducciones. Los hermanos Byun no eran precisamente famosos por sus grandes modales, algo que le seguía pasando factura a día de hoy—. La de hoy era una pieza bastante complicada, todos lo hicieron extraordinario. En especial la unnie del violonchelo. No sé tanto de música como de ballet, pero tienen mucha suerte de tenerla con ustedes; es increíble. —Para cuando la joven ya había terminado su pequeña y pasional explicación, muchos de los miembros del grupo de visita ya se habían marchado (o bien estaban dando sus felicitaciones a otros músicos).

No era la primera vez que incomodaba a la gente con su pasión, de hecho, ya lo había tomado como la norma general—. Soy Chan Mi, un placer. —Hizo una reverencia bastante más exagerada de lo que debería, emoción recorriendo todo su cuerpo como hacía meses que no sentía. Sin duda, aquel era el sitio al que su corazón quería pertenecer.
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por Kouyou Akira el Sáb 22 Sep 2018, 04:05
Su mirada había quedado atrapada en la pequeña silueta femenina a quien siguió por el lugar sin atreverse a pronunciar palabra, se preguntó en un instante, qué hacía una chica tan joven en un lugar como ese, era poco común ver a los adolescentes disfrutar ese tipo de obras o música; no se sentía una mujer demasiado “grande”, recién había cumplido los veintisiete y eso la convertía en uno de los miembros más jóvenes de la orquesta sin embargo, su publico seguía siendo el mismo de siempre; hombre y mujeres en edad adulta, personas mayores que recordaban con nostalgia su época de juventud mismo que se preguntaban el por qué los niños de ahora no apreciaban el arte, sí, los artistas clásicos tenían una fuerte competencia contra la nueva música. A Akira no le disgustaba, encontraba agradable algunas canciones o grupos, aunque siempre terminaba por olvidar el nombre, no era su culpa, en su cabeza había demasiadas cosas a las cuales prestarles atención que el simple nombre de una canción que escuchó por mera casualidad.

Por obvias razones prefería mantener aquel oscuro gusto en secreto de sus amigos o conocidos.

Sonrió al escuchar a la joven hablar con tanta naturalidad y confianza, su sonrisa se alargó al notar la mirada de desagrado que una mujer mayor lanzó a la pequeña era obvio que desaprobaba su intromisión o simplemente estaba molesta por el hecho de encontrar a alguien joven en ese lugar ¿estaba mal? La japonesa creía que no, al contrario, el saber que aún existían jóvenes que disfrutaban con ese tipo de obras le enorgullecía “el mundo no está tan perdido como creí”.

Terminó de arreglar sus cosas y caminó con decisión hasta Chan Mi a quien saludó con una reverencia una vez tuvo enfrente— Soy Kouyou Akira, la unnie del violonchelo —ofreció su mano para formalizar su presentación— debo confesar que estoy sorprendida, eres la primera joven que se acerca a felicitarnos, aunque, al parecer no a todos les gustó tu presentación pero bueno, qué se puede esperar, la mayoría de nuestros espectadores son hombre y mujeres recatadas que se sienten dueños de la mitad del mundo —susurró para que solo ellas dos pudieran escuchar esa confesión. Retrocedió algunos centímetros para darle un poco de espacio y aprovechando esa acción observó la habitación la cual había quedado prácticamente vacía, a excepción de algunos miembros del staff y de ellas dos— Chan Mi ¿verdad? —soltó para llamar la atención de la mencionada— ¿te gustaría acompañarme a la salida? Será mejor huir juntas de aquí, los rumores afirman que después de las nueve se aparece una mujer vestida de rojo —tomó el estuche donde guardaba su instrumento musical y se lo colgó sobre el hombro— vamos —agregó con voz suave y dulce.
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por Byun Chan Mi el Miér 26 Sep 2018, 11:59
No le solía dar mucha importancia a las opiniones de los demás; no cuando eran personas mayores que creían estar a otro nivel (mirándola por encima del hombro por el simple hecho de ser una cría, o una chica de pueblo, o cualquier otra razón que se inventaran para complacer sus frágiles egos). Por eso poco le importó las miradas que los señores pudiesen mandarle o que “estuviese haciendo demasiado ruido” para un lugar de dicha categoría. A veces se preguntaba si todos terminaban así, pretendiendo que ‘juventud’ no era más que otra palabra en el diccionario carente de significado práctico.

Respondió con especial ilusión al saludo de la mayor: — Supongo que ser diferente a la media siempre ha sido mi mayor encanto, —aunque si alguien si alguien se tomara la molestia de conocer a su familia al completo, no podría estar segura si en verdad la podrían considerar ‘diferente’—, siempre se andan quejando de la ‘juventud de hoy en día’ pero cuando ven que alguno de ellos empieza a interesarse en lo mismo que ellos, simplemente lo miran como si fuera un extraño… —agregó de mala gana, mirando a aquellos pocos a su alrededor. Aquellas miradas de superioridad le resultaban demasiado familiares, y no podía esperar a estar en la cima de la cadena trófica para demostrarles que aquella silver-spoon donde se habían criado no era nada más que una construcción social. Que no podían pararla.

Estaba lista para marcharse de allí, poco más quedaba por hacer ahora que la mayoría del staff y visitantes se habían marchado del lugar. Aunque decidió seguir a la mayor, con pasos más lentos de lo usual, no pudo frenar sus instintos de mirar hacia el auditorio (esperando, quizá, encontrar alguna mujer de rojo con ojos llenos de furia) —. No sabía que había rumores de espíritus aquí… Creo que sería bastante cool encontrarnos con alguno. —No había hecho jamás exploración urbana (pero sí había visto algún que otro video ligeramente perturbador sobre el tema) y tener la oportunidad de hacerlo en aquel momento no le dejaba si no, una sensación de hormigueo en el estómago—. Dicen que los espíritus que se quedan en este mundo es por que mueren de manera traumática, ¿crees que sería un asesinato por celos?

Había escuchado mil leyendas urbanas sobre mujeres que, tras engañar a sus maridos, habían sido asesinadas y ahora vagaban por las calles en busca de venganza. La más famosa, quizá, era la japonesa Kuchisake-Onna—. ¿Alguna vez ha visto un espíritu, unnie? —Preguntó con genuina curiosidad. Solo se las escuchaba a ellas y sus pasos. Los vacíos pasillos mal iluminados de aquel viejo auditorio no hacían otra cosa que hacer más pesado el ambiente –estaba segura que, de haber sido más aprensiva, en esos momentos ya tendría el vello de punta.
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por Kouyou Akira el Miér 03 Oct 2018, 03:59
Soltó una risa fuerte tras escuchar el acertado comentario de la joven, sumamente encantadora— debes de comprenderlos, es la edad —soltó por lo bajo y con un gesto de complicidad— creen que los jóvenes se están apoderando del mundo, han revolucionado todo con sus nuevos inventos y gustos, han roto tradiciones que ellos creían eternas, supongo que es normal que se sientan recelosos al ver que un joven se interesa por la música clásica, creo…, que es lo único que les queda —no se sentía una persona mayor, de hecho su edad no alcazaba los treinta pero le había tocado experimentar esa transición donde los juegos de calle eran remplazados por una pantalla, donde los casete eran olvidados para ser sustituidos por las plataformas online, o sí, la vida ahora se podía solucionar con un simple click.

— ¿Te parece cool? —la observó con asombro antes de negar con la cabeza— puede ser, aunque en Japón tenemos la creencia de que sí una persona muere de manera trágica se crea una especie de maldición en el lugar, el espíritu está condenado a vivir la misma escena una y otra vez y no sé, no creo que tú o yo, deseemos toparnos con un fantasma enojado —dijo recordando las historias de terror que su abuela le contaba con el fin de asustarla, aunque, en Akira aquellos relatos tenían un efecto contrario pues la japonesa se obsesionó con ellas, sí, de niña fue una amante de lo paranormal pero con el tiempo aprendió a temer a cosas más reales— no sé tú, pero los fantasmas en vez de darme miedo me producen tristeza, no poder encontrar la paz incluso después de morir, debe ser demasiado triste ¿no crees?

Pensó un poco las palabras de la menor e intentó recodar algún suceso que pudiera etiquetar como paranormal pero lo cierto era, que hasta la fecha Akira jamás se había topado con algo similar, a veces llegaba a creer que las historias de fantasmas eran simples leyendas usadas para mejorar al atractivo de un lugar— no, la verdad es que no —desvió la mirada para posarla sobre la menor— conforme creces aprender a temerle a otras cosas, como el recibo de la luz y más en invierno —bromeó para suavizar un poco el ambiente el cual curiosamente se había tornado tenso y frío— ¿quieres tentar a la suerte? —preguntó con deje de complicidad a la femenina— si mal no recuerdo, los relatos dicen que la mujer aparece después de las diez, si tenemos suerte podríamos encontrarnos con ella…
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por Byun Chan Mi el Dom 07 Oct 2018, 14:19
Las maduras palabras de Akira (en contraste con los pensamientos jóvenes y explosivos de Chan Mi) le hicieron comprender un segundo punto de vista que, hasta el momento, había sido obviado. Quizá la mayor tuviese más razón de la que pensaba, siendo el recelo de los ancianos no más que una proyección del miedo a perder los últimos resquicios de una juventud ya muy lejana. Prefirió quedarse con ese último pensamiento y abandonar el tema por lo que quedaba de día –quizá se volvería a quejar por ese trato, más tarde, a alguna de sus compañeras de grupo.

Sí, ¨creo que es bastante… curioso. —Aunque la palabra que realmente buscaba era ‘morboso’. Esa curiosidad por lo bizarro, que echaba a temblar a algunos de sus compañeras—. Es bastante interesante, y sería toda una experiencia encontrarme con alguno. —La idea de repetir en bucle la propia muerte no se sentía demasiado agradable, quizá siendo por eso mismo que los espíritus tenían la fama de ser tan desagradables cuando se encontraban con personas vivas. Pero Chan Mi ni siquiera sabía si estos realmente existían. Para ella, se trataban más bien de un juego con el que entretenerse—. Puedo empezar a entender por qué parecen tener tan mal humor. Repetir tu muerte una y otra vez no suena precisamente como unas vacaciones en un resort cinco estrellas.

Las palabras de la mayor le recordaron brevemente a su madre –quien siempre se quejaba de que no dejaran las luces de la casa encendidas o que no tardaran tanto tiempo en el baño. Aunque Chan Mi siempre tardaba de más bajo la excusa de estar haciendo una sesión intensiva de cuidados faciales y corporales. Pese a tener ya la mayoría de edad, ser adulto le parecía demasiado estresante—. Sí, recuerdo mi madre llevándose las manos a la cabeza cada vez que llegaba fin de mes. —En una casa con siete hijos, era muy difícil no acabar derrotada ante la imposibilidad de llegar sin preocupaciones a final de mes.

¡Claro! Solo déjame, —abrió la aplicación de KakaoTalk para avisar a su mánager que saldría algo más tarde y que, si podía, la pasase a recoger sobre las diez y media—, avisar para que me vengan a recoger más tarde. —Su mánager se había transformado en una especie de ‘madre gallina’ con el paso del tiempo. Quería saber dónde se encontraban sus pequeñas y, una vez se ponía el Sol, siempre se ofrecía a irlas a buscar para que no tuviesen que regresar solas a casa—. ¿Sabes si podemos pasar a los vestidores y la zona trasera del teatro? Si ‘El fantasma de la Ópera’ me ha enseñado algo, es que siempre se aparecen en el backstage. —No podía evitar sentir como que estaba haciendo una travesura. Caminando y arrastrando a la mayor de la mano hacia los telones de donde, momentos antes, había estado toda la orquestra sinfónica tocando alegremente melodías para los miembros del ballet.
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por Kouyou Akira el Dom 14 Oct 2018, 02:49
Pese a la seriedad del asunto fue imposible para Akira contenerse quien libremente soltó una carcajada ocasionada por la comparación tan acertada que la menor acababa de hacer sobre el trágico destino de los espíritus que quedaban atados al mundo de los humanos— Aunque, si lo reflexionamos, no es justo; morir de manera trágica o a edad temprana y tener que repetir esa muerte día tras día, no sé tú que opines, pero a mí no me parece de lo más justo. Se supone que después de la muerte uno encuentra consuelo, por eso los fantasmas no me gustan mucho que digamos, nos recuerdan que el “descansar en paz”, es sólo un mito —se atrevió a encomillar con sus dedos las palaras dichas y acto seguido se encogió de hombros para restar importancia a ese tema. Por su lado, prefería los pensamientos más simples, prácticos, morías y con ese evento tu esencia se esfumaba para siempre, te convertías en el recuerdo de quien en vida llegó a apreciarte— en Japón hay tantas historias sobre fantasmas, todas relacionadas a la esencia femenina ¿no te parece curioso? Será acaso un mensaje subliminal sobre nuestro mal humor —comenzó a dialogar sin razón, cuando una idea se incrustaba en su cabeza lo mejor era dejarla salir.

— Oh, créeme, es de las cosas más terroríficas que puedes experimentar cuando te sumerges en el mundo de los adultos—bromeó en conjunto con ella— la segunda vez en mi vida que más terror sentí fue cuando me llegó la factura del veterinario —lo recordaba a la perfección, su gatita quien había vivido con ella por más de cinco años cayó gravemente enferma, como amante de los mininos hizo todo lo posible por salvarla, al final los tratamientos sólo lograron alargar su vida un año más; ella se fue, dejando una considerable deuda a su dueña la cual en esa época con mucho esfuerzo logró pagar.

Esperó tranquilamente a que la joven mandara su mensaje y sin evitarlo se sobresaltó al sentir la cálida mano femenina tomar la suya, el contacto le tomó desprevenida y no pudo hacer nada más que sonreír con pizca de timidez, se había sumergido en sus pensamientos que por un segundo olvidó el motivo por el cual se quedaba “¿no estás muy grande para esas cosas?” alegó su parte racionable, la ignoró y comenzó a caminar aferrada a la mano de la joven de cabello rubio— bueno, tengo entendido que el cuerpo de la joven fue encontrado en el backstage, es un buen lugar para iniciar —tomó su móvil y encendió la lámpara de éste mismo, el caminar sumergidas en la oscuridad les serviría para intensificar esa experiencia paranormal— ¿cuál era su nombre? Son.., Min…, Ah Son, sí, se llamaba Ah Son —y a consecuencia de las casualidad, justo cuando ese nombre brotó de sus labios el sonido de una silla azotar el suelo hizo eco por todo el lugar.
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por Byun Chan Mi el Miér 17 Oct 2018, 15:18
Eso es cierto… a veces uno simplemente desea morir y tiene que aguantar las estupideces que la… ley karmática o lo que sea, decida… simplemente que no. Que te toca vivir un bucle de tu muerte… —No solía tomarse demasiado en serio el tema de los espíritus; quizá porque su padre siempre le había dicho que le temiera más a los vivos que a los muertos o por su propia naturaleza, llena de humor negro que podría llegar a perturbar a los más sensibles. Y sabía que si, por alguna razón, aquellas criaturas existían acabarían por tomar venganza de las muchas veces que se había reído o había jugado con lo que no se debía jugar.

Quería hablar y decir que aquello no era más que estigmatización de la mujer, proseguir con el tópico de que eran malhumoradas y mandonas. Pero ella misma había sido una pequeña tirana en su casa durante años, lista para montar un cirio a la primera de cambio si las cosas no salían como ella esperase (e incluso ahora, pecaba de esto mismo). Era toda una niña consentida, quizá no en regalos múltiples, pero en casa hacía lo que le placía sin que nadie tuviese el corazón de decirle que no. Los mayores consintiéndola y los menores temiéndola—. Quizá sí que haya mujeres con mal genio. —Ella misma siendo un ejemplo de esto.

Fingió un tembleque ante la mención de la factura—. Suena terrorífico… me alegra saber que aún me quedan unos cuantos años antes de tener que ‘adultar —no sabía siquiera si aquella palabra existía, pero era lo más cercano a lo que estaba sintiendo en aquel momento—, no sé cómo mis hermanos decidieron lanzarse a ese mundo… con lo bien que se está en casa. —Dejó salir un pequeño suspiro de sus labios. Echaba de menos la comida casera de su madre, los castillos de almohadas con sus hermanos y, sobre todo, el ambiente que se creaba al vivir tantos en una casa demasiado pequeña.

Se sobresaltó con el ruido hueco de la silla. El silencio roto únicamente por esta y el nombre de la chica; debería ser una coincidencia, pero ese simple hecho ya había logrado que se le erizara todo el bello de los brazos y la nuca—. Charlie Charlie, ¿eres tú? —Había conocido el reto hacía unos años, cuando se volvió viral y parecía que los únicos videos en todo YouTube iban sobre la Ouija improvisada que representaba el juego. Porque para ella, era eso: un juego. No creía en fantasmas más allá de su madre cuando se despertaba a las cuatro de la mañana y la encontraba a ella y a su hermano despierto. Después de haber visto su cara enfurecida, poco más podía causarle más terror—. Es como si al hablar de estos temas el ambiente se distorsionara… ¿no te parece? Se vuelve todo irreal, como su hubiésemos traspasado una barrera que no deberíamos pasar sin darnos cuenta… —Se encaminó hacia la silla, colocándola nuevamente en su sitio. Si alguien se daba cuenta de que habían entrado allí sin permiso o sin miembros del staff acompañándolas, estarían en problemas –y eso es lo último que deseaba en aquel momento.

Ah Son-ssi, será… —Miró a su alrededor. Todo parecía estar en orden—. El cliché de tirar objetos en momentos clave está muy visto. Es como el de entrar a la casa abandonada, separar el grupo para que el asesino los pueda matar mejor o preguntar ‘mike… ¿eres tú?’ —imitó la voz de aquellas chicas, normalmente rubias, de las películas slasher americanas— bajando unas escaleras al sótano, cuando es obvio que no es él. —Quizá sí que se había pasado demasiadas horas con sus hermanos viendo aquel tipo de películas, pero que podía decir, ver la cara de terror de sus hermanos pequeños cuando la música subía de golpe y el fantasma de turno aparecía era demasiado gracioso.
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por Kouyou Akira el Lun 22 Oct 2018, 02:34

— He conocido a muchas mujeres con mal genio —durante su carrera la japonesa había ampliado de manera absurda su círculo social, llevándola a conocer diferentes tipos de personalidades con las cuales aprendió a lidiar; estaban aquellas personas dóciles e introvertidas a quienes debías sacarle las palabras a base de mucho esfuerzo, los intelectuales y egocéntricos, mismos que creían tener la razón de todo, a los cuales no le gustaban perder con ellos era mejor ceder la victoria para evitar conflictos futuros y estaban las personas histéricas o mal humoradas, la mayoría mujeres caprichosas acostumbradas a que el mundo gire alrededor de ellas, la mejor manera de lidiar con ellas era dándole la razón, actuar como una del montón y evitar destacar tus cualidades frente a ese grupo de personas, o sí, Akira era una experta cuando se trataba de convivir con la clase alta aunque, ella prefería perder las horas platicando con gente común y corriente, lastima que, su nueva vida no se lo permitía— incluso yo tengo momentos done me gana el mal humor, ahora entiendo porque la mayoría de los fantasmas son representados como mujeres.

El comentario ajeno alejó la seriedad del asunto y sin evitarlo comenzó a reír con asombrosa naturalidad— en algún momento debemos hacerlo, no se trata de si queremos o no, es una obligación que nos impone la sociedad. Yo me independice demasiado joven, cuando cumplí los dieciocho mi madre me dejó vivir por mi propia cuenta, aunque… no hay mucha diferencia, mi madre no fue del estilo hogareño —jamás lo fue, quizá por esa razón pasaba más tiempo en casa de la familia Kun, un ambiente cálido, cargado de amor o al menos así lo percibió, estaba segura que, si preguntaba al hijo de los Kun, éste argumentaría lo contrario “nunca estamos conforme con lo que tenemos”.

Asintió con un movimiento de su cabeza al estar de acuerdo con la menor, debía de admitirlo, le encantaba su manera de pensar; sencillamente fascinante— se le llama sugestión —complementó la observación femenina— creas o no en estas cosas es sencillo engañar a la mente, es lógico, estamos solas en un lugar a oscuras donde se supone se aparece una mujer, creo que en este momento nuestros cerebros están preparando un cóctel de emociones y alucinaciones que pondrán en alerta nuestros sentidos —la siguió sin distanciarse demasiado de ella, y mientras la escuchó hablar le fue imposible sonreír a causa e su relato, la joven a su lado tenía una imaginación demasiado despierta, bastaba con escucharla para afirmarlo— creo que ves demasiadas películas de terror, aunque, si debo elegir entre un fantasma y un asesino, me quedo con el espíritu enojado —bromeó antes de que un segundo ruido estremeciera el lugar, la silla que acababan de colocar había vuelvo a caer, esta vez con mayor fuera.
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por Byun Chan Mi el Vie 26 Oct 2018, 13:24
Yo lo pasé algo mal cuando me fui de casa… Mis padres siempre han sido muy familiares, además, tengo seis hermanos más; mi hermana mayor debe ser de tu edad. —Año arriba, año abajo. Su hermana también se había independizado bastante joven (lo que había hecho que ella y Chan Mi hubiesen compartido más bien pocos momentos en la misma casa; aunque se seguían queriendo con locura)—. Fue algo extraño pasar la mayor parte del tiempo sola, —al principio le costó bastante, pero Chan Mi siempre se había caracterizado por hacer amigos con bastante facilidad por lo que, en varios meses ya se había adaptado. Ahora, viviendo con las chicas de TNT era como estar de nuevo en casa: siempre había alguien gritando y despertándolas a todas antes de lo debido—, aunque ahora comparto piso con unas chicas así que es todo mucho más animado. Las casas con muchas personas, o muy animadas, siempre me parecen más alegres… —Ella no se imaginaba jamás viviendo sola, al menos no a una edad tan joven donde todavía visitaba la casa de sus padres cada vez que su ajustado horario se lo permitía.

Las películas de terror tenían una ambientación bastante diferente a la vida real; muchas de las acciones de los protagonistas eran ilógicas y la banda sonora, creada para añadir tensión, solo la quitaba. La verdadera tensión eran ellas dos solas, siendo sus voces y comentarios lo único que rompían el silencio sepulcral que se había creado en el auditorio; como su compañera había referenciado ‘un cóctel de emociones’ que seguramente le estaban dando vida a una mujer que, de primeras, seguramente no había existido. ¿Quién sabía cuáles de aquellas historias eran ciertas y cuáles se habían creado para guiar a las personas hacia determinadas acciones? Cuentos con moraleja, como la caperucita y el lobo explicando a los niños que no se debe confiar en extraños –aunque estos, siendo mucho más maduros que el cuento infantil.

Mi madre siempre me advirtió de temerle más a los vivos que a los muertos. —Añadió, aunque quizá la sugestión empezaba a tener mella en su pequeña mente (y el hecho de ser alguien con una muy viva imaginación no ayudaba en aquel momento). La silla volvió a caer y esta vez, Chan Mi pegó un brinco; girándose de inmediato para ver qué había pasado. Esperaba ver alguna persona por allí, pero en su defecto solo se encontró con el mismo lugar vació a excepción de ellas dos—. ¿Estará coja, o algo parecido? —La recogió del suelo y la colocó de nuevo comprobando que, en efecto andaba algo coja—. La sugestión puede dar bastante miedo… —era más bien una reflexión personal, y por su cabeza se le pasó que si la empresa quería seguir con el concepto del grupo, siempre podían acudir al auditorio a grabar de noche. Se ahorrarían los efectos especiales.

Como escéptica… —miró a su alrededor. Realmente no había nada especialmente fuera de lugar; es sitio no estaba abandonado y más allá de la madera vieja y algunos carteles antiguos, todo parecía apuntar a que solo se trataba de un backstage muy mal conservado de un viejo auditorio— me cuesta creer que haya un fantasma que nos está tratando de ahuyentar. Es más como si un montón de coincidencias se hubiesen juntado… —Caminó hasta uno de los muebles de la sala y ojeó los diferentes panfletos que allí se exponían. Muchos eran de obras que planeaban llevarse a cabo y alguno de los que ya habían pasado. Una pequeña risa se escapó al ver uno de las futuras obras—. ¡Fíjate! —Le mostró con rapidez el panfleto— El fantasma de la Ópera. ¿Quizá sea este nuestro fantasma? —Dejó, nuevamente, los demás panfletos sobre la estantería; quedándose únicamente con el que le interesaba—. Me siento como en uno de esos programas de la televisión…
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por Kouyou Akira el Lun 12 Nov 2018, 02:13

Dejó que la sorpresa asomará por sus ojos y lentamente aquella expresión se fue pintando en cada línea de su rostro. Akira no podía concebir la idea de una familia tan grande, y era de esperarse, la japonesa creció siendo hija única; su madre, una mujer que amaba por sobre todas las cosas la libertad del ser la inclinó a volverse independiente a una edad demasiado temprana (recordaba sin exagerar que a sus cinco años ya preparaba su propio desayuno). La mayoría de las veces agradecía a su progenitora por convertirla en una persona solitaria, en alguien que no necesitaba de los demás para sobrevivir sin embargo, esas mismas enseñanzas eran ahora (en su vida adulta), su mayor problema— vaya, tienes una familia bastante grande —soltó tan pronto la impresión se esfumó— no me imagino el caos que puede ser vivir en una casa con tantas personas, a diferencia de ti fui educada como hija única, sólo somos mi madre y yo —en continuación soltó una risa suave que lejos estaba de ofender a su compañera, entendía que la perspectivas eran diferentes; para lo que ella era una casa alegre para Akira podía significar un dolor de cabeza, se acostumbró al silencio y la paz que esconde— difiero un poco, los lugares demasiado concurridos son un dolor para mí, pero claro, se debe a que crecí en un hogar tranquilo.

Al final regaló una sonrisa de complicidad a la menor para agregar un chasquido a ese comentario tan acertado y razonable— y están en lo cierto, si bien vengo de un país que toma muy en serio los relatos de fantasmas y espíritus vengativos no creo que exista algo malo en ellos. Lo único peligro que hay en éste instante somos tú y yo —no lo decía por creer que en algún momento una de las dos perdería la razón y se lanzaría como bestia sobre el cuerpo de la otra, dudaba mucho que la joven a su lado tuviera una pizca de maldad, bastaba con ver su rostro para darse cuenta que en aquel ser lo único peligroso que vivía era la curiosidad de la juventud.., en ella; la envidia por presenciar algo que nunca más iba a recuperar.

— Deberíamos dejar una nota, si alguien se sienta en esa silla podría sufrir un accidente —como artista sabía que una simple lesión de cadera podría dejarte fuera por meses enteros— éste teatro es casi mi hogar, suelo hacer muchas presentaciones y te seré sincera, jamás he visto o escuchado algo fuera de lo normal —caminó hasta la silla rota y tras una reflexión rápida decidió dejarla recostada sobre el piso de madera, la preocupación de que aquel artefacto ahora inservible pudiera causar un accidente no la dejó tranquila—  ¿presentarán el fantasma de la ópera? —se acercó a la joven y con verdadera curiosidad observó el panfleto— ¿te gustaría venir a verla? Puedo conseguir a un excelente precio lugares de primera fila —porque aquella era una de sus obras favoritas, fue la primera obra donde participó cuando vivía en nueva york, lo que la convertía en una parte importante y especial.
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por Byun Chan Mi el Jue 15 Nov 2018, 15:33

La idea de vivir en una casa tan pequeña (al menos a nivel familiar) se le hacía demasiado ajena –y pensó si aquello había marcado el carácter más tranquilo de Akira. O si simplemente aquello venía en el pack de hacerse mayor. Decidió no preguntar. Manteniendo las sabias palabras que su madre siempre decía cada vez que algún muchacho le preguntaba la edad: “a una dama no se le preguntan esas cosas”. Que al final del día no era más que una excusa para no decir que tenía ya cincuenta y tantos. No se imaginaba pasando largos momentos sola, ¿con qué iba a pasar el rato? Se aburriría demasiado—. Supongo que con el tiempo una acaba creando su propio orden dentro del caos. —Con el tiempo había aprendido a distinguir quien llegaba a casa por el ruido de las llaves al entrar y, siendo ella alguien con bastante carácter, había logrado imponer una serie de reglas para que sus hermanos (en especial los menores) respetaran su privacidad.

La mayor tenía razón. Los fantasmas habían sido creados como cuentos para asustar a la gente, y guiarla hacia ciertos comportamientos –no engañes a tu marido o te aparecerá este fantasma; cuando seas joven, vuelve pronto a casa para no encontrarte con este otro fantasma. Si había alguien o algo peligroso en aquella habitación eran solo ellas dos –y quizá el mal estado de la infraestructura—. Será lo mejor… —una vez el objeto estaba fuera de combate, retornó toda su atención al pequeño cartel. Las presentaciones iban a durar un mes y medio, un tiempo bastante largo pero, teniendo en cuenta la fama de la obra (que estaría muy solicitada) seguramente el teatro pensó que los boletos se venderían con gran facilidad. Incluso la propia Chan Mi estaba pensando ya quien podría ser su acompañante para ver aquel musical.

¿De verdad podría hacer eso? —Sus ojos se agrandaron, una gran sonrisa de conejo formándose a gran velocidad por su cara. Eran muy pocas, por decir nulas, las personas con las que compartía su afición por la música clásica y el teatro musical; conocer a alguien que, no solo le interesaba lo mismo que a ella, si no que estaba dispuesta a pasar el rato con ella era un acontecimiento que festejar—. Eso sería increíble, nunca la he visto en teatro —la había visto en una de las cintas de su padre; de aquellas que se tenían que rebobinar si querías volverlas a ver. Una vez, tratando de re-ver una de aquellas películas antiguas, acabó por romper la cinta (que salió por todos lados del reproductor de vídeo)—, aunque espero que no sea ninguna molestia para ti. —Cayó en cuenta de que quizá todo su entusiasmo estuviese presionando a la mayor—. Si tienes alguien con quien asistir no debes tomarlo como una obligación el conseguirme boletos.

Off: Si quieres, puedes hacer un último post y ya lo mandamos a cerrar. <3
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por Kouyou Akira el Dom 25 Nov 2018, 04:25


— Ese es un pensamiento demasiado extraño —confesó con una sonrisa impregnada en su rostro— el caos es caos —recitó con la mirada perdida en un punto muerto de ese silencioso lugar. No era la primera vez que escuchaba una referencia similar, incluso llegó a conocer personas que encontraban la paz dentro de un mundo ruidoso, otras tantas (las que más le asombraban), eran capaces de conciliar el sueño sin importar estas rodeadas de estruendosos ruidos, los artistas con los cuales colaboraban era un ejemplo de ese extraño fenómeno. Ella sería incapaz de una osadía como esa, demasiado recelosa con su espacio personal y horas de sueños, Akira pertenecía a ese porcentaje que para dormir y descansar adecuadamente necesitaba de oscuridad y silencio absoluto, incluso el zumbido de una mosca podía despertarla. Era algo absurdo, sí, pero así había sido acostumbrada y ahora, a sus veintisiete años era demasiado difícil acoplarse a otro estilo de vida— pero creo que entiendo tu referencia —se animó a confesar tras posar sus ojos sobre la delgada silueta— tenía un compañero que era capaz de dormir como oso aunque su alrededor estuviera derrumbándose, siempre lo envidie por esa habilidad —tener el sueño pesado, así solían llamarle.

Sonrió a causa de la reacción femenina, había encontrado encantadora ese rostro iluminado por la emoción— claro que puedo hacerlo —soltó con aire de grandeza aunque fuera una simple actuación— no es molestia, eso te lo puedo asegurar. Además, no soy la persona más sociable del planeta por lo tanto, mi lista de conocidos se reduce enormemente —aceptó con algo de pesar, después de siete años en esa industria le incomodaba un poco saber que eran contadas las personas en las cuales podía confiar de manera ciega, aunque para alejar ese sentimiento se repetía las palabras de su madre “cantidad no es igual a calidad”, una frase terriblemente cierta— no tengo nadie más con quien ir, además, me agradas y quiero invitarte. En estos días es difícil encontrar gente joven que aun disfruta de los clásicos —no mentía— conseguiré esos pases y serán en primera fila, confía en mi. Ahora, creo que es hora de marcharnos, si mal no recuerdo, alguien pasaría a recogerte, no está bien hacer esperar a los demás —ofreció su mano de manera amistosa y con cuidado salieron del edificio, no, no había sido capaces de encontrarse con esa alma en pena, aunque, desde un inicio Akira intuyo que era una falsedad, un simple intento de propaganda.

Finalizado.
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