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por Park Do Yeon el Sáb 20 Oct 2018, 04:10


F L A S H B A C K
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2 de junio, 2017


Dando por finalizado su trabajo, presionó con aire casi triunfal la tecla Enter y un pesado suspiro -producto del cansancio acumulado- escapó de sus labios. Encerrada en su oficina, Doyeon había estado las últimas horas actualizando el sistema con los datos de idols y trainees que habían realizado el chequeo médico aquella semana. Era un trabajo que llevaba su tiempo, considerando que debía presentar un informe por persona para un seguimiento más completo.

Ni siquiera sus anteojos la salvaron del escozor en sus ojos a causa de estar frente a la pantalla tantas horas. Aún así, su vista se desvió hacia otra pantalla, una más pequeña. Tomó su celular, y lo desbloqueó con la esperanza de tener alguna señal de él, pero la única notificación que tenía era una tentadora promoción de delivery de comida thai (y esa otra que le recordaba beber agua cada hora y siempre ignoraba). Abrió la app de Kakao, dispuesta a escribirle sólo para saber cómo estaba, pero se contuvo ante el pensamiento de que quizá estaba ocupado. En cambio, decidió escribirle a su hermano, pese a haberlo hecho un par de horas atrás.

Recién entonces advirtió la hora. 20:14h. De inmediato, dispuesta a marcharse, comenzó a acomodar los papeles sobre su escritorio para darse cuenta que había olvidado subir uno de los informes. Ese viernes no era su día. Volvió a suspirar y se dejó caer en el asiento nuevamente. No se podía marchar sin dejar todo cerrado. Fue en ese preciso momento que el llamado en su puerta la obligó a alzar la vista del ordenador. Su expresión desconcertada no tardó en mutar a una encandilada al reconocer al varón. Por acto reflejo se incorporó del asiento y lo saludó con una leve reverencia. —  Shin Young TaekEstaba pensando en ti, omitió decir. Se preguntó si acaso lo había invocado con el pensamiento. — Dime que tienes otra excusa que venir a controlar tu peso por tercera vez en menos de una semana —bromeó y las comisuras de sus labios se alzaron enseñando dientes perlados. Con un ademán de su mano lo invitó a ingresar. Y pese a no darle voz a sus pensamientos, la sonrisa la delataba; no podía  -ni quería- disimular lo feliz que la hacía tenerlo allí.
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por Shin Young Taek el Dom 21 Oct 2018, 03:35


«Vamos gran tonto, hemos finalizado por hoy, solo debes decirme eso para hacerme el hombre más feliz del mundo» Miró el reloj en su muñeca y sacudió con fuerza su mano, con la esperanza de que eso adelantara las manecillas que parecían caminar con paso lento y descuidado «¡carajo que no saben que muero de sueño!» respiró contra el vidrio, enseguida su aliento cálido empañó el cristal reflejante, dejando ver sus grandes ojeras debajo de sus ojos. El destino de Dejavú era tambaleante, tenía una pelea legal con su padre y creía haber visto a una fan salir veloz de la residencia compartida con los chicos cuando llegaron de madrugada hace unos días.  Todo en la misma semana ─Ace, parece que de vas a desmayar─ bien, sus niveles de energía estaban realmente bajos ¿Qué podría decir? ─Estoy bien, necesito dormir y 10 litros de café o chocolate en polvo con proteínas─ lo que fuera primero era bienvenido.

No tardó en avanzar por el pasillo, directo a la cocina, porque su líder se había marchado pero él debía permanecer un poco más, hasta terminar de diseñar el baile de la segunda parte de la canción que presentarían en su fase final como grupo. Se había decidido que sería en una de las galas de beneficencia, pero por supuesto que nadie debía saberlo, era como un secretó del grupo. Dejavú se acabaría en el primer trimestre del año entrante ¿Qué sería de todos? Notó, casi sin querer hacerlo, como la luz de la sala de enfermería se filtraba por la pared traslucida y falsa. Suficiente para ver siluetas, una silueta. Por inercia miró el reloj ─¿Qué ha pasado?─ No podía evitar sentirse preocupado por Do Yeon. Avanzó con paso más lento e inseguro, terminó comprando dos cafés, conocía perfectamente el gusto de la doctora. Tocó con dificultad con el pie, esperando que no pareciera que estaba aporreando la puerta.

Sonrió inmediatamente, de esa forma que hacía que sus ojos desaparecieran ─Estoy preocupado de ponerme gordo con todo lo que me haces comer ¿puedes culparme? Vi la luz encendida y pensé que necesitabas esto─ le tendió por equivocación su propio café, sin leche, sin azúcar y extra amargo ─¿Tienes mucho trabajo?─ puso el vaso restante en la repisa y cerró la puerta tras él. Mientras esperaba que ella bebiera o se despejara de sus quehaceres, metía las narices en las carpetas. Quizá buscando la suerte de ver la de su amigo o la de su hermano entre las primeras.
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por Park Do Yeon el Mar 23 Oct 2018, 05:05

Por un momento olvidó que llevaba sus lentes puestos, esos que detestaba que los demás la viesen usando (culpa de su hermano por molestarla llamándola cuatro ojos). Se los quitó y presionó suavemente su tabique, allí donde siempre le quedaban las marcas de las plaquetas, en un intento de borrarlas. Rodeó su escritorio, y al dar un par de pasos hacia el idol, la vista bajó hacia el pequeño vaso de café que le extendía. Se sonrió, hallando adorable aquél simple pero atento gesto. — Lo necesitaba. Gracias. —Cogió el vaso con ambas manos y no tardó en llevárselo a sus labios, dándole un largo sorbo. El rostro se le arrugó en una graciosa mueca de disgusto ante el amargo y ácido sabor del café. — Me has dado el tuyo —reconoció al instante, arrugando la nariz, y le extendió el vaso de regreso. Youngtaek tenía un gusto bastante particular en cuanto al café, muy diferente al de Doyeon, quien prefería sabores suaves y dulces. Ladeó el rostro y entornó la mirada; la sonrisa se alzaba ladina, con sorna. — Lo haces a propósito, ¿verdad? —No era la primera vez que -por error- sucedía aquello (y su reacción era siempre la misma).

En realidad ya estaba yéndome pero… —Alzó ese informe que había impedido su salida. Lo miró por arriba, buscando el nombre. — Kim Soo Ah —leyó. — estaba escondida entre mis papeles. Así que debo terminar con ella antes de marcharme —comentó. Posó su mirada allí donde los ojos ajenos miraban curiosos. Sin siquiera preguntarlo, Doyeon imaginaba qué es lo que Youngtaek buscaba ver entre el papeleo de su escritorio. — Tu hermano ha tenido su revisión hace unos días —avisó, pues no encontraría nada de él allí. Esos informes eran de los pacientes que habían asistido ese mismo día. — Está todo en orden. Solo asegúrate que esté respetando su dieta, ¿vale? Debe ganar masa muscular —dijo al tiempo que volvía a dejar el papel que sostenía sobre el escritorio, apartándolo de los demás para que no perderlo de vista.

Regresó la vista hacia el rostro ajeno, deteniéndose en las ojeras que se extendían debajo de sus ojos. Frunció un poco el ceño, preocupada. — Aparentemente no soy la única con demasiado trabajo —murmuró, pensando en voz alta. Aunque con todo lo que se les exigía a los idols, hacían que su trabajo pareciera sencillo. Pensó en Dowoon, esperando que su falta de mensajes se debiese a que estaba durmiendo y no a que aún seguía encerrado en una sala de prácticas. — Youngtaek, te ves terrible… Necesitas descansar —dijo, y aunque se lo decía más como amiga que doctora, había sonado como una madre. No quería mirarle con pena, pero no podía evitarlo; no le gustaba verlo en ese estado sobreexigido. Alzó su dedo índice cuando se le prendió la lamparita. — ¿Tienes cinco minutos? Tengo algo que quizá te ayude un poco
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por Shin Young Taek el Vie 02 Nov 2018, 16:44

Soltó una risita, seguramente le hizo parecer culpable cuando no lo era ─Juro que esta vez no fue intencional, solo te he alargado la mano equivocada─ tomó de regreso el café y entregó el que tenía en la mesa ─Lo siento, por un momento pensé que escupirías en mi cara─ tomo finalmente lugar a su lado, en una silla extra que no dudo en hacer girar por inercia. Sosteniendo aún el vaso que por poco derrapa sobre su camisa blanca, por eso se obligó a parar. Además era demasiado tarde para tener tanta energía, su sistema se lo gritaba pero su cerebro no parecería querer obedecer. ─Debes odiar cuando pasa eso, a mí no me gusta que tengo un horario establecido y a última hora salga otra cosa que hacer, supongo que es lo mismo.

Estiró su mano hasta que tocó el hombro delgado de la chica, le dio un apretón ligero. En este, trataba desesperadamente de compartir sus energías, le sorprendía convertirse en alguien tan positivo ante ella. Él quien usualmente vivía su día a día a velocidad doble, quien no se detenía a pensar en quien atropellaba en su carrera inexistente contra el tiempo; pero al estar junto a Do Yeon tenía calma, podía suspirar profundamente y ver a los demás con incredulidad. Le necesitaba, porque nadie más le hacía experimentar ese sentimiento. Casi ignorando el comentario sobre la revisión de Jaden, le dedicó una sonrisa ─Se lo haré saber─ fue lo único que dijo al respecto.

Podría perderse por horas y horas en esas orbes oscuras y redondas, no se lo había hecho saber aún de manera directa, pero tampoco era que ella fuera tonta o que él no fuera obvio. Sabía que ella sabía lo mucho que le gustaba, que lo podía moldear a gusto; y que lo único que lo detenía era esa pequeña clausula en su contrato que le prohibía una relación, y eso podía fácilmente pasarlo por alto, pero significaría dejar de verla. ─Sé que necesito descansar─ suspiró de nuevo, esta vez sintió que todos los ánimos le abandonaban ─Pero… siento… que si paro ahora algo terrible me pasará─ nunca se consideró alguien con problemas mentales, y era preocupante ver como se desconocía más a sí mismo. Sin querer había llevado sus manos al pecho, demostrando de esa forma que su preocupación era genuina.

─Sabes que para ti siempre tengo tiempo, ─ dio un pequeño sorbo a su café, disfrutando del líquido caliente. Se detuvo un poco en el brillo en los ojos de su compañera y las palabras se atoraron en su garganta. No era un chico romántico, así que le causaba desconcierto sentir la necesidad de decirle cosas vergonzosas ─Esperaré lo que sea necesario, pero termina primero tu trabajo, si te robaré un poco de tiempo que sea seguro que no lo dejarás a medio hacer, solo me sentaré por aquí a observar, podría hacerlo todo el día.
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por Park Do Yeon el Jue 08 Nov 2018, 04:08

Un tenue tinte carmín invadió sus mejillas al recibir aquél tacto en su hombro. Ahí, donde se instalaba el cosquilleo que la obligó a romper contacto visual y simplemente sonreírse. A fin de cuentas, eso era lo único que podía hacer. Doyeon a veces pensaba que Youngtaek era demasiado injusto con ella, pues eran todos esos gestos los que la hacían caer una y otra vez por él. Él, quien por más que también demostrara tener el mismo interés en ella, nunca podría ofrecerle más que esa suerte de amistad con flirteos de por medio. Al menos no mientras tuviese que responder a las reglas impuestas por la empresa. Aún así, tal vez por masoquismo, Doyeon disfrutaba de su compañía. Saber de él. Tenerle cerca. Incluso cuando eso significaba tener que reprimir sus ganas de estrecharlo entre sus brazos. Tal como lo hacía en ese instante.

¿Algo… terrible? ¿A qué te refieres? —inquirió, con notable inquietud ante el cambio de actitud del otro. Era probablemente la primera vez que le escuchaba decir algo así, por lo que verlo en ese estado era no sólo inusual sino que preocupante. — ¿Sientes algún tipo de molestia en el pecho? —preguntó, alarmada de que esa fuera la razón por la que posaba sus manos allí.

Con un corto paso recortó la distancia entre ambos y llevó el dorso de su mano hacia la frente del varón. La piel ajena era cálida a diferencia de sus fríos dedos. Aunque el propósito era obvio, ante la nueva cercanía Doyeon comenzaba a desvariar, por lo que tardó unos breves segundos -que le parecieron eternos- en regresar a Tierra y recordar lo que estaba haciendo. Pestañeó un par de veces y retiró la mano. — No tienes fiebre — confirmó, la voz delatándola y sonándole extraña de los nervios. Regresó hacia atrás, tomando prudente distancia (por el bien de su sistema cardíaco); y como quien no quiere la cosa, cogió su café y le dio un corto sorbo, mirando hacia cualquier otro punto excepto los ojos que la observaban.  

Al escucharlo torció el rostro, algo enternecida por sus palabras, y meneó la cabeza en negativa. —  Lo mío puede esperar. Primero necesito asegurarme que te encuentras bien —No era algo que hacía particularmente por Youngtaek, Doyeon siempre anteponía al resto antes que a sí misma. Alguna que otra vez ese tipo de decisión le había traído problemas, pero de todas maneras era un hábito que no se quitaría. Se hizo a un lado y luego de un breve toque en el codo ajeno, le señaló la camilla para que tomara asiento mientras intentaba recordar dónde había dejado el tensiómetro.
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por Shin Young Taek el Sáb 17 Nov 2018, 06:40

─No lo sé─ se sintió como una basura por hacerla preocupar cuando ni siquiera podía explicar correctamente su propio sentir. No podía contarle todo lo que estaba pasando con Dejavu, la preocupación que le traía la idea de dejar su carrera como artista y su futuro incierto. Esa era la base de su malestar emocional, pero debía atribuirlo falsamente a aspectos que desconocía, para mantener el secretismo de la empresa ─No es físico─ susurró como respuesta a la segunda pregunta ¿Ella creería en las corazonadas?

No se esperaba sentir sus manos frías sobre su piel caliente por el esfuerzo de bailar durante tantas horas sin descanso. Pero fue como una ráfaga de viento fresco que alivio sus males, cerró sus temblorosos ojos, aun cuando eso significara que se perdería de una vista espectacular del rostro de Do Yeon tan cercano. Fue tan efímero que se quedó como un hombre sediento de ese elixir, en su mente planeaba responder con un “te lo dije” pero en cambio retuvo su mano sin plan de usar demasiada fuerza, la soltó enseguida, no sabía porque lo había hecho pero se disculpó con un gesto de cabeza ─¿Estás segura? Quizá sea mejor asegurarnos─ bromeó, tratando de alejar ese sentimiento de incomodidad que de pronto se había apoderado de su rostro.

─Estoy bien, un poco loco, tal vez─ volvió a decir con seguridad, pero aun así obedeció tomando asiento en la camilla, era muy alta así que podía mover los pies y disfrazar su nerviosismo ─Esto es increíble, vengo a ofrecerte un café y salgo con revisión médica ¿es que no podemos tener una reunión en la que no salga con una bolsa de medicamentos?─ hizo broma escondiendo sus manos debajo de sus muslos. Le miraba atentamente mientras ella se distraía buscando algo de su desconocimiento. No le costó nada estirarse hasta alcanzar su mano una vez más en la noche, esperó unos segundos y por fin reaccionó, esta vez no la soltaría ─Porque no te sientas conmigo, me pondré mejor─ tenía que decirlo, un día más y sentiría que perdía una gran oportunidad. Aprovecho que aun su mano sostenía la ajena para tirar de ella con suavidad, obligándola a dar pasos hacia él, acercándolos peligrosamente.
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por Park Do Yeon el Miér 21 Nov 2018, 04:05

Aprovechando que no estaba siendo observada, la mirada de Doyeon se paseó curiosa por las filosas facciones del varón, descubriendo un diminuto lunar al costado de su mejilla, y deteniéndose en sus labios. Una vocecita malvada le insistía que extinguiera la distancia y, por un fugaz instante, Doyeon fue capaz de sopesar aquella idea. Se sintió terrible cuando la mano ajena sostuvo por un momento la suya; regresándole la cordura y quitándole todas esas oscuras ideas. ¿En qué estabas pensando? Desvió la vista con rapidez, sabiéndose descubierta, y se sonrió asintiendo repetidas veces con la cabeza para reafirmar su diagnóstico.

Desde su escritorio, le miró intentando descifrar su expresión. Si bien sentía la necesidad de saber qué pasaba por su mente, si Youngtaek no deseaba compartirle sus demonios, ella no haría preguntas al respecto. A Doyeon no le gustaba meterse donde no la llamaban (excepto, claro, en lo que a su hermano refería). Recordó entonces qué era lo que se suponía que iba a hacer y retomó la búsqueda. Rió por lo bajo ante su comentario. — ¿Lo siento? —se disculpó, sin saber realmente qué decir porque aunque Youngtaek exageraba, era cierto que cada vez que se veían terminaba por recetarle algún medicamento o recomendarle algún especialista.

Caminaba hacia uno de los muebles cuando el otro la detuvo, haciendo que su vista bajara allí donde sus manos ahora se unían. Ante el suave tirón dio un par de pasos hacia él, con cautela por la cercanía; el corazón latiéndole con fuerza. Juntó coraje y alzó la vista, encontrándose nuevamente con el rostro de Yountaek, aunque a diferencia de antes, esta vez le devolvía la mirada, provocando el leve temblequeo de la mano femenina. — Vale —accedió y se sentó a su lado, sin soltarle. Pese a las violentas correntadas eléctricas que nacían en su mano y se extendían a lo largo de su brazo, afianzó el agarre con cuidado, enredando sus dedos con los de él. Encajaban tan bien que se sintió como si acabase de descubrir el sitio donde pertenecía. — …¿Mejor? —preguntó luego de unos instantes, y le acarició con su pulgar. — Demonios, si hubiera sabido que tenía poderes curativos ni me hubiera molestado en estudiar tantos años —bromeó en un intento de romper ese ligero manto de tensión. Giró el rostro para observarlo e instantáneamente se sonrió con naturalidad, incluso cuando por dentro era un manojo de nervios.
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por Shin Young Taek el Sáb 24 Nov 2018, 23:23

─No importa, me gusta─ Porque por todo el tiempo que tenían de conocerse era la única excusa con la que podía legar a su oficina y pasar tiempo juntos ─Me siento muy sano gracias a esa adicción a las medicinas de mi médico personal─ Apretó su mano sobre la de Do Yeon, preguntándose como había sobrevivido 29 años sin haber sentido esa calidez envolverlo. Uno a uno, todas las piezas faltantes de su rompecabezas empezaban a encajar, descubriendo los paisajes perdidos, provocándole dolores propios de un anciano, su estómago estaba revuelto, sus dedos temblorosos, pero su determinación crecía a cada segundo que el reloj marcaba «Estás perdiendo tiempo Young Taek» lo sabía «tiempo muy valioso» estaba de acuerdo. Se sentía extraño, algo tan pequeño como un enlace de dedos le aterraba, era imposible mal interpretar ese gesto, pero ¿Qué podría ofrecerle él?

─Mucho mejor─ respondió cuando terminó afirmando sus dedos también, en una unión que necesitaba desesperadamente. No mentía, toda esa ansiedad que experimentó días atrás desapareció, se relajó y empezó a respirar pausada y lentamente ─No, no─ se apresuró a despegar su espalda de la pared y mirarle con acusación infantil ─Solo debes tener esos poderes curativos conmigo. El resto de los mortales de esta compañía deberán emplear tus años de estudio. Además estoy seguro que no funcionan con todos, lo siento─ se acomodó nuevamente, mirando sus manos unidas, y recorrió la extensión de su brazo hasta que sus miradas se encontraron, sonrió para ella.

«Dilo, dilo»

¿Por qué era tan difícil? Necesitaba recordar cómo elaborar palabras. Tras un breves suspiro acomodó su cabeza en el hombro de la doctora y empezó a acariciar el dorso de su mano con su dedo pulgar, como ella lo había hecho antes ─Do Yeon, lo siento tanto─ aquel era el inicio de una desorganizada confesión mal planeada, más bien espontanea ─He de confesarte que desde que te vi por primera vez en aquel concierto esperaba que este momento llegara, porque, si me has aprendido a conocer aunque sea un poco, sabrás que soy muy cabezota y nunca dejo una idea de lado─ aprovechó ese momento para erguirse y buscar su otra mano, ahora tenía ambas en su poder , huir no podría ─Me gustas tanto, tu personalidad, tu madurez, la forma en la que tu presencia me trae tanta paz. No puedo explicarlo con palabras, simplemente siento que no debo rendirme contigo.
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por Park Do Yeon el Jue 06 Dic 2018, 06:09

Vaya. Siempre pensé que eras una persona generosa, pero aparentemente estaba equivocada. Eres un egoísta —La falsa acusación se contradecía con la sonrisa y la mirada cómplice. Aunque sólo estuviesen bromeando, Doyeon no podía negar que esa especie de pedido de exclusividad la halagaba de cierta forma. — De todas maneras…, no planeaba hacerlo con nadie más —admitió, alzando levemente el agarre de manos, indicándole a qué se refería. Un gesto tan simple que implícitamente decía mucho más de lo que quizá podía poner en palabras; podía traducirse como un estoy aquí, no estás solo, o como un te quiero y ambas serían igual de ciertas.

Sus hombros se tensaron de puros nervios cuando el contrario recostó allí su cabeza. Volteó un poco el rostro para observarle, pero al verle tan cerca, regresó la vista al frente de inmediato. Confundida, quiso preguntar por qué se disculpaba, pero no necesitó hacerlo pues Youngtaek no tardó en encargarse de resolver sus dudas. La espontaneidad del varón nunca dejaría de agarrarla con la guardia baja. Y aunque en sueños había imaginado muchas veces ese momento, Doyeon prefería que así se mantuviera: en sueños, pues en la realidad las cosas no eran tan simples.

Entreabrió los labios, sin saber realmente qué decir. Sus palabras eran dulces y ablandaban ese lado sensato de Doyeon que la alertaba y le recordaba una y otra vez que sólo podían ser amigos o estarían en problemas. Sin embargo, sus miradas chocaron y no tuvo otra salida. — A mí también me gustas —confesó aunque aquello no era ninguna noticia nueva. Era sólo verbalizar lo que demostraba en distintos gestos y acciones. Finalmente se sonrió, y bajó la vista. — Me gusta todo de ti. Excepto tus preferencias en cuanto al café  —Lo miró divertida y la sonrisa se le torció en sorna. — No es normal beberlo así —exageró entre suaves risas.

Casi pidiendo permiso con la mirada, comenzó a inclinarse lentamente hacia él, dispuesta a ponerle fin de una vez a la distancia entre sus bocas. No obstante, fue el sonido de su celular el que irrumpió en todo el mood de la escena. Stop, baby don’t stop, susurraba uno de los vocalistas de Olympians y a los pocos segundos el sonido se detuvo. Doyeon se enderezó en su sitio, exhalando el aire que parecía haber contenido todo ese tiempo y se sonrió como si allí no hubiera pasado nada, incluso cuando su (casi) primer beso con Youngtaek estaba totalmente arruinado. — Dowoon —murmuró entre dientes, mirando con recelo el móvil que reposaba en su escritorio. Sabía que se trataba de él por aquél ringtone. Qué oportuno. — Seguro acaba de despertar —pensó en voz alta. No había notado que aún sostenía las manos ajenas, pues lo único que pensaba en esos momentos era en las distintas maneras en las que podía matar a su hermano.
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por Shin Young Taek el Miér 12 Dic 2018, 04:15

Él lo entendió, porque a veces sentía que no se necesitaban palabras entre ellos, un simple gesto por parte de la doctora era suficiente para declamar un poema de felicidad o tragedia, dos parpadeos significaba a veces que el sueño la estaba consumiendo pero luchaba por verse atractiva y poderosa. Sin saber, o si quiera sospechar, que para Young Taek esa fragilidad era causante de noches de desvelo e historias fantásticas. Simplemente la poca presencia de Do Yeon en si vida le quitaba el sueño. Era precisamente eso, tener la seguridad de que nada se acabaría al cruzar la puerta del consultorio, tener la posibilidad de llamar un domingo sin entrenamientos solo para preguntar si ya había visto como la nube con forma de huevo kínder sobre la empresa empezaba a ponerse roja por el atardecer, o desearle buenas noches; la que lo obligó a dejar salir sus sentimientos sin cernir desesperación o poca prudencia.

Su confesión no le sorprendió, pero decir «Lo sabía» sería muy hostil de su parte, era simplemente esa clase de cosas que se sienten en el pecho. Eso no quitaba lo tenso de sus hombros, cuanto desearía poder abrazarla y robarle un primer beso, eran adultos por amor a dios, casi 30 años; pero sentía que estaba siendo demasiado “occidental” en ese momento. No necesitaba ser un genio para saber la clase de educación que tenía la mujer, sus modales eran exquisitos, él era un perro callejero. Como si viviera en la película “Lady and the Tramp”. ─Es para no tener problemas de diabetes en el futuro─ soltó con su característico humor sarcástico y negro ─Tú me mandaste con ese nutriólogo, no me culpes ahora─ era mentira, pero estaba demasiado feliz en ese momento.

Sus ojos eran brillantes, le invitaban a nunca despegar su mirada y descubrir que cada línea en ese  par de iris, eran especiales y únicas. Sus labios estaban a punto de rozar con lo de Do Yeon, cuando la estridente canción le sacudió, casi salta de la camilla como si hubiera sido captado en un momento prohibido. El corazón le bombeaba con fuerza, pero solo apretó con más fuerza (sin intención de lastimar) la mano de la doctora, en busca de su anestesia natural ─Hermanos menores, siempre quieren toda la atención─ elevó  la unión sus manos y sintiéndose afortunado de poder sostenerla besó la de Do Yeon. Era como un sueño ─Debes responder, puede ser importante.

Y sin querer realmente le soltó.
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